La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

25 Noviembre 2006

La fe del patriarca, de Xavier Batalla en La Vanguardia

LA NUEVA AGENDA

Turquía va de cabeza por Europa. La elite turca sigue tirando del carro hacia la Unión Europea, pero la puerta, que se le debe antojar bastante sublime, no se abre. Los turcos consideran que los comunitarios, taimados, esperan que a Turquía se le vaya la mano con los kurdos, que quieren la independencia; que se impaciente en Chipre, cuyo tercio septentrional ocupa desde 1974, o que no se atenga a razones sobre el genocidio armenio, en el que Francia insiste, para tener la excusa que les impida abrir la puerta.

La Unión Europea ve las cosas de otra manera. Para los comunitarios, Turquía no empuja suficientemente el carro de la reforma, por lo que no cumple los criterios para ingresar. Y esto es cierto, aunque la cuestión es si son sólo los criterios los que decidirán. El pasado octubre, la Asamblea Nacional Francesa aprobó una ley que castiga con la cárcel el negar el genocidio armenio a manos de los turcos en 1915. La controvertida ley, promovida por el Partido Socialista y votada por un Parlamento semivacío, prosperó pese a la desaprobación del presidente Jacques Chirac. La ley no será efectiva hasta que reciba el visto bueno del Senado, pero Turquía, socio de Francia en la OTAN, ya ha congelado las relaciones militares entre los dos países. ¿Es la tragedia armenia una preocupación genuina o una excusa para cerrar las puertas?

A los turcos sólo les falta topar con la Iglesia católica. La lección magistral impartida por Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona el pasado septiembre subrayó la racionalidad del cristianismo, religión surgida de la convergencia de la fe bíblica y la filosofía griega. "Este acercamiento recíproco interior, que se ha dado entre la fe bíblica y el interrogarse a nivel filosófico del pensamiento griego, es un dato de importancia decisiva no sólo desde el punto de vista de la historia de las religiones, sino también de la historia universal", dijo el Papa apuntando a Europa. La lección, aunque cargada de razones, no ha tenido consecuencias magistrales.

En Helsinki se construyó en el siglo XIX la catedral ortodoxa más grande de Europa occidental. Completada en 1868, la catedral Uspenski es un edificio bizantino-eslavo cubierto con un domo en forma de cebolla. Está dedicada a la virgen María y es un monumento a la influencia rusa. Una nota sobre un mostrador afirma que, en lo fundamental, lo que separa a la iglesia católica de la ortodoxa es que la primera se relaciona con la teología a través de la razón, y la segunda, del misticismo. En Ratisbona, el Papa afirmó que para "la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendental. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a la de la racionalidad".

Hace poco más de un año, el historiador alemán Rudolf von Thadeen explicó en el diario Le Monde quién, en su opinión, es el Papa que procede del país de Lutero y de la Kulturkampf,el combate anticatólico de Bismarck por la modernización. "No es un ecumenista de corazón, sino de la razón, presionado por la expansión del islam y de las religiones no cristianas", declaró Von Thadeen.

El ecumenismo es más político de lo que se cree. Así lo considera, al menos, Tariq Ramadan, que respondió a Benedicto XVI geopolíticamente. En Ratisbona, Benedicto XVI dijo que "Dios no goza con la sangre" y citó a Manuel II Paleólogo, quien sólo encontró en Mahoma cosas malvadas e inhumanas. Ramadan interpretó estas palabras como un mensaje contra el ingreso de Turquía. "Hace unos años, cuando era el cardenal Ratzinger, argumentó su oposición al ingreso de Turquía sobre bases similares: la Turquía musulmana nunca fue y nunca podrá proclamar que es parte de la cultura europea", escribió Ramadan en el Herald Tribune (A struggle over Europe´s identity,21/ IX/ 2006).

El Papa, después de una intensa campaña diplomática, visitará la semana próxima Turquía, donde se entrevistará con el patriarca Bartolomé, líder de los cristianos ortodoxos. Turquía es un país mayoritariamente musulmán y una república laica, pero el pasado también pesa. Uno de los vestigios de los tiempos bizantinos es la potestad del gobierno de nombrar al patriarca, como en su día hicieron los emperadores. Y el actual patriarca está en apuros, ya que ha presionado sin éxito para que Ankara reabra un seminario que fue cerrado en 1971. El propósito del patriarca es preparar candidatos, que deben ser ciudadanos turcos, para sucederle.

Un diplomático español me comentó esta semana en Madrid que el Papa no se opone al ingreso de Turquía si cumple los criterios comunitarios y respeta la libertad religiosa. Si fuera así, y si la visita del Papa a Turquía proporciona una mayor libertad de movimientos para la fe del patriarca, esto significaría una buena noticia para todos. El problema, sin embargo, seguirá. Europa pide a Turquía que se defina, y es lógico que así sea. Pero Europa también tiene que definirse, como demuestra su crisis. Y la necesidad europea de saber qué es y hasta dónde puede llegar parece estar desplazándose de Turquía a Rusia, lo que resulta más ortodoxo.

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