El mirador

Mientras escribo estas líneas (tirado en el suelo de un tren de Renfe que naturalmente ha salido con retraso), el Parlament de Catalunya ya se ha convertido en la cámara política más aburrida del mundo. El debate era un trámite necesario para designar a un presidente. Ahora que ya lo tenemos, cerremos la Cámara y no atormentemos más a los sufridos ciudadanos con este diálogo de besugos que no llega ni a los mínimos más elementales de competencia verbal.

En un Parlamento los diputados se reúnen no para que los medios de comunicación tengan algo con que rellenar la sección de política. Lo hacen porque tienen ideas y les apasiona exponerlas, someterlas a debate, criticarlas. Si la política, desde hoy, tiene que hacerse en los despachos porque nuestros políticos han dimitido del digno oficio de debatir públicamente, seamos consecuentes y cerremos el Parlament. Esto sería preferible sin duda a tenerlo enchufado en estado vegetativo.

La segunda parte de la sesión parlamentaria de investidura estuvo llena de anomalías sorprendentes. Artur Mas pronunció el discurso de investidura que Montilla no había sido capaz de pronunciar el día antes. Es decir, expuso lo que él considera las prioridades del país y, sin necesidad de hablar de audífonos ni gafas, quedó perfectamente claro qué Catalunya hubiera liderado si hubiera conseguido formar gobierno. Montilla hizo esfuerzos para replicarle, pero su único momento luminoso le llevó a afirmar que Mas había recortado el Estatut más que él.

Carod repitió casi palabra por palabra el discurso de Montilla del día antes (esta vez bien pronunciado y con frases de más de cinco palabras). Tercer discurso de investidura en 24 horas. Finalmente llega Piqué y por lo menos no hace ni de presidente que no ha podido serlo ni de vicepresidente que hará lo posible para hacer las veces de presidente. La dimisión de papeles y funciones en la tribuna de oradores parece contagiarse también al resto del hemiciclo. A partir de la una, los diputados alternan su presencia en el escaño con incursiones a la cafetería. Aprovechándose de la situación, Oriol Pujol okupa el escaño de Artur Mas; Nadal se transfuga con los independentistas y toma el asiento de Puigcercós; este último se reúne con Huguet y Vendrell usurpando el escaño de Maria Mercè Roca. El escaño de Carod, sin embargo, es el más deseado; se lo disputan Uriel Bertran y Xavier Vendrell. Ante tanto desorden, finalmente Benach (que por ahora ha conservado su imponente asiento presidencial) levanta la sesión. Y la sesión se levanta.