EL VOYEUR
Asisto con lógica curiosidad a la puesta de largo de La Sexta con sus tres embajadoras de lujo: Mamen Mendizábal, Cristina Villanueva y Helena Resano. Es difícil que naufrague la feminista apuesta, ese diseño tan pensado e impecable. Son jóvenes, atractivas, listas, comunicativas, fotogénicas, cultivadas, progresistas, delgadas, molonas, modernas, comprometidas etcétera. Consecuentemente, los cerebros de la cadena deducen que juntar esas personalidades tan floridas para que sin ánimo competitivo presenten el programa estrella es inmejorable para afianzar las señas de identidad de la casa para el así somos si así os parece.
Pues muy bien. Empezaba a preocuparme que gente tan ilustrada sólo confiara en el supremo poder adictivo del fútbol y del baloncesto (el poderío del segundo es efímero, sospecho que en exclusiva y patriótica función de que la selección española continúe restituyendo el decaído orgullo colectivo con la certidumbre de que somos los mejores del mundo en algo), en la volcánica química que se ha creado entre la deslumbrante dialéctica de Julio Salinas y la gracia entre surrealista y castiza del irresistible Andrés Montes (que gracioso lo de «fútbol con fatatas»), en la impagable amenidad y el poder hipnótico que atesoran Urdaci y Terelu. A pesar de la abusiva insistencia de su eslogan promocional, yo no acababa de convencerme de que la vida podía ser maravillosa gracias a La Sexta.
Pero aguanto sin señales de desmayo y bastante entretenido la larga duración de Sexto sentido, la lograda combinación de reportajes, entrevistas, debates y opiniones. Lo último supone una arriesgada novedad, ya que las conductoras del espectáculo prescinden de la antigua condición de bustos parlantes, de marionetas escuchadoras, para opinar de las personas y las cosas, para que desdeñando la careta de la objetividad nos ofrezcan su propia visión del mundo. Que interese o no es otra historia, pero la fórmula es audaz.
Y no me conmueve excesivamente la entrevista a esa señora que parece tan sensata y tan decente llamada María Teresa Fernández de la Vega. Escucho de su boca como 20 veces la palabra «ciudadanos» y eso me mosquea. Ya sé que lo único que le interesa a los políticos es el bienestar de los abstractos «ciudadanos», pero no deberían de recordárnoslo continuamente. Me quedo pensando en dos frases suyas: «Lo masculino es un valor predominante y lo femenino un valor subordinado» y «el desprecio y el insulto en el espacio público envilecen» No lo tengo claro. Pero sí apagar la tele cuando aparece Pío Moa a contar sus verdades. No me daba morbo cuando era boss del Grapo. Tampoco como converso.
© Mundinteractivos, S.A.

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