Estamos convencidos de que muy pocos asturianos se van a ver beneficiados por la transformación económica de nuestra comunidad autónoma en un campo de producción energética, gracias a la apuesta antisocial y antiecológica -y desde nuestro punto de vista antieconómica- del gobierno PSOE-IU de Asturias, que de manera oscurantista, con desprecio de la democracia, sin el menor debate público, con una reprobable falta de información a la ciudadanía más allá de la más burda propaganda, y sin pasar por supuesto por la supuesta sede de la soberanía popular que es la Junta General del Principado, ha conseguido que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tomase la decisión de convertirnos en un monocultivo energético, compuesto de sistemas automatizados, que va a producir un enorme impacto en nuestro paisaje, con un deterioro singular de las posibilidades terciarias de nuestro tejido económico, tan dañado ya por la reconversión industrial. Y luego, el jefe de nuestro ejecutivo se va al Ritz a presumir de economía moderna. ¡Modernísima!
La decisión de adjudicar la regasificadora de El Musel a la sociedad Enagas, conocida como "operador del sistema", supone la culminación de un proceso que delimita y condiciona profundamente el papel de nuestra comunidad autónoma, como una gran planta de producción energética, en la que va a hacer falta mucha agua, que tendrá que ser acumulada en nuevos embalses como el de Caleao, para atender la demanda de la red de ciclos combinados que se harán cargo, de manera paulatina, de esa producción.
Se trata de un gran conglomerado que tendrá la regasificadora de Gijón como elemento esencial de aprovisionamiento, lo que no excluye la ejecución de gasoductos que conecten nuestras infraestructuras con otras plantas como la de Bilbao, en una malla tubular que se completará con un gran tejido de canutos, canuntazos y canutillos, que en unos casos se enterrarán, y en otros irán descubiertos, dada la compleja orografía asturiana, que conectarán las plantas de producción con las de aprovisionamiento, así como con las grandes infraestructuras globales del sistema gasista español. La ejecución de un desmesurado proyecto de parques eólicos en el occidente de Asturias, combinado con la gran malla de instalaciones del Plan del Gas (ese plan no escrito ni debatido; decidido en las covachuelas del poder), tendrá que completarse ya, de manera prácticamente inevitable, con la instalación de los grandes tendidos que evacuarán e interconectarán las fuentes de producción y los destinos de consumo eléctrico, a través de las redes de alta tensión de Red Eléctrica Española, que cubrirán el Principado de Asturias de este a oeste y de norte a sur.
Es el Paraiso Natural en el que Vicente Álvarez Areces es Yogui y todos los demás somos Boo Boo.
Puede decirse que la regasificadora de El Musel es, por el evidente crecimiento de la producción que condiciona, la piedra angular sobre la que reposa la arquitectura de este proyecto que lejos de ser producto de una interpretación racional del crecimiento de la demanda, es el resultado de unas decisiones políticas adoptadas de una manera totalmente personalista por el gobierno asturiano, que ha conseguido, como él mismo se encarga de recordar continuamente, del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, la adopción de las decisiones necesarias para hacer realidad esta auténtica desmesura, que en ningún caso responde, ni a la lógica del mercado, ni a la racionalidad económica, ni a las demandas internas de consumo energético, sino a los intereses de los interesados en las rentas de todo tipo que produce un negocio que el presidente evalúa, unas veces en dos mil, y otras en más de tres mil euros de inversión pública, destinada a un lleva y trae, que poco o nada aporta realmente al interés general, pero que sin duda contribuirá de manera decisiva a la consolidación de fortunas ya existentes, sin que se pueda descartar su papel en el nacimiento de otros nuevos capitales que se estén acumulando en los ocultos depósitos destinados al efecto, lejos de las miradas indiscretas del pueblo soberano que se afana a diario en la pura y dura supervivencia.
El pasado 15 de noviembre nos enterábamos por la prensa, y especialmente gracias al diario El Comercio, de que el Gobierno Zapatero había adjudicado la gestión de la regasificadora de El Musel a la operadora Enagás, que ya cuenta con la vía legal para su futura fusión con Red Eléctrica Española: El Gobierno ha acelerado los trámites para adjudicar de forma directa a Enagás las obras de construcción de la regasificadora de El Musel. A través de una resolución de la Dirección General de Política Energética y Minas del Ministerio de Industria, el operador gasista ya tiene luz verde -a falta de solicitar la autorización administrativa- para iniciar el proyecto 'estrella' del Ejecutivo de Areces.
En abril de este mismo año, descubríamos que el 31 de marzo se había incorporado la construcción de esta planta a la planificación energética española, con serios reparos manifestados por la Comisión Nacional de la Energía, sobre su necesidad y su oportunidad, que dejaban en evidencia el carácter arbitrario de la decisión. Se hacía eco de esta información el diario La Nueva España: El gabinete que preside José Luis Rodríguez Zapatero aprobó el 31 de marzo la revisión de la planificación energética 2002-2011 a pesar de que la CNE advirtió de que el documento pergeñado por el Ministerio de Industria presentaba lagunas. El organismo que preside Maite Costa, que emitió el 2 de febrero un informe preceptivo, aunque no vinculante, para el Gobierno, reprendió al departamento de Montilla porque, entre otros, el proyecto de la regasificadora de Gijón no aparecía suficientemente justificado en el plan. La CNE lo expresó así: «Como comentario específico al incremento de la capacidad de entrada en base a plantas de regasificación, cabe hacer mención de la nueva planta de El Musel, situada en Asturias. Este proyecto no estaba considerado en la planificación de 2002 y aparece en esta revisión sin venir acompañado de ninguna argumentación que justifique los criterios seguidos (económicos, por seguridad, etcétera) para su inclusión en la planificación como alternativa al incremento de la capacidad de otras plantas ya existentes o incluidas en la planificación con anterioridad».
Ese mismo mes de abril, sin esperar a la adjudicación de la gestión, y con una prisa sorprendente, Enagás presentaba una memoria en el Ayuntamiento de Gijón, en la que se sientan las bases para dar curso a la tramitación de los aspectos administrativos más engorrosos, como los son especialmente todos los relacionados con las regulaciones legales de las cuestiones de impacto ambiental. La presentación de esta memoria en Gijón, se explica por la perfecta unanimidad política que preside todas las decisiones en ese concejo, en el que hay un impresionante concierto entre el PP y el gobierno PSOE-IU, para que todas las cuestiones que puedan resultar conflictivas para la sociedad, pasen desapercibidas para la población -la llamada "gente de la calle"- sin dar oportunidad a la protesta ni a la concienciación pública sobre lo que se viene encima a los ciudadanos del este de Carreño, ni por supuesto a los de El Muselín, Jove, el Natahoyo o la Calzada, barrios populosos que se van a ver agraciados con la vecindidad de esta instalación, calificada por los expertos, como de máxima peligrosidad. En la misma memoria, Enagás se refiere a este hecho con un notable cinismo, muy profesionalizado, pues se dice expresamente que se "guarda la distancia suficiente con las poblaciones", un aspecto éste de un tercermundismo singular, pues parece ser que este tipo de riesgos están pésimamente regulados en nuestra legislación.
Así pues, con la sociedad asturiana profundamente desmovilizada, y con la única resistencia del emergente movimiento asociativo reunido en la Agrupación de Colectivos Asturianos, que ha convocado para el próximo dos de diciembre una manifestación en Oviedo contra el desarrollo urbanístico desmadrado y estos planes eléctricos del Gobierno -sin el apoyo de ninguna fuerza política relevante-, llega el momento del baile de los negocios, al que asistimos en la prensa, con un total descarnamiento informativo. La visita de Antonio González-Adalid, presidente de Enagás, ha servido para escenificar las conversaciones que se vienen manteniendo desde hace tiempo por unos y otros para facilitar la adjudicación a Duro Felguera de la construcción de las instalaciones, una vez que ya se consiguió el inicio del Plan, de manera tan rápida, brillante y ausente de escollos absurdos como el que pudiera suponer el riesgo masivo para la salud de las personas y otras consideraciones de esa naturaleza que carecen totalmente de importancia para nuestros mandatarios, al lado de cuestión tan importante como es el reparto de la tarta de los 3.000 millones de euros que ahora salen al mercado de las contratas de obra.
Da la impresión de que en este baile se utiliza a HC Energía de comodín para escenificar el interés del gobierno asturiano por meter a Duro Felguera en el negocio, como el interés de meter varias empresas en él -dos son varias, una no-, pues metiendo a HC Energía en el baile, tenemos dos bailarines y así ya hay baila. Este interés de Areces por Duro Felguera tiene que ver, con absoluta seguridad, con las explicables y confesables razones que suelen alegarse públicamente en estos casos, y que a nosotros nos llenan de satisfacción y contento, pues una empresa que se supone que es muy asturiana, va a tener la oportunidad de engrosar enormemente su cuenta de resultados, y de seguir dando cuerpo al precio de sus acciones en bolsa, que no ha parado de crecer desde que el gobierno asturiano decició convertir Asturias en el basurero energético de España y Europa, en afortunada expresión de la diputada Alicia Castro, única y solitaria representación de la ciudadanía asturiana que tuvo a bien preguntar por los desconocidos beneficios que todo esto aporta a la sociedad -entidad de magnitud algo mayor a la Duro Felguera-, aparte de las infinitas falsedades que se están difundiendo sobre la creación de empleo que dicen que se va a producir.
Apunten los puestos de trabajo que dicen que se van a crear, porque cuando llegue la hora de la verdad, igual se nos olvidan, que es lo que suele ocurrir con estas engañifas a gran escala de las que hay demasiados precedentes.

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