El libro autobiográfico de Esperanza Aguirre, titulado La presidenta, está a punto de abrir una nueva crisis en el seno del Partido Popular por cuanto se trata de un libelo contra su compañero de partido, Alberto Ruiz-Gallardón, y contra el propio Mariano Rajoy, porque el objetivo de semejante hagiografía no es otro que presentarla a ella como la alternativa de Rajoy en el PP, intentando de paso destruir la imagen centrista del alcalde Gallardón. Con el agravante de que semejantes invectivas se lanzan desde la presidencia del PP en Madrid, lo que aumenta su gravedad, que está siendo aprovechada por la oposición socialista y provocando un soterrado enfrentamiento en el seno del PP.

Para colmo de su desfachatez, Aguirre pretende que sea Rajoy quien le presente este libro para que avale los ataques a Gallardón, al tiempo que la reconozca a ella como “la presidenta” en ciernes del PP. Una presentación a la que en un principio había dado su acuerdo Rajoy, queriendo quitar importancia a la infamia contra su propio partido, con la misma frivolidad con la que el líder del PP le ha querido quitar importancia al vídeo que sobre la Seguridad Ciudadana ha presentado el PP con imágenes de su tiempo como ministro de Interior de Aznar y de los narcos de Colombia para imputárselas a Zapatero, lo que le ha salido muy caro. Aunque veremos qué hace Rajoy ahora que conoce la justificada indignación de Gallardón y de otros dirigentes del PP —como Arenas, Piqué Camps y otros muy próximos al líder— que están hartos de los disparates de Aguirre y de su clan político y mediático (Acebes, Zaplana, El Mundo, la COPE y Telemadrid), los que dan a Rajoy por derrotado ante Zapatero y han convencido a Aguirre de que ella será “la presidenta” próxima del PP.

Estaba Rajoy razonablemente satisfecho con la última encuesta del CIS, que le anuncia una mejora de sus expectativas electorales en detrimento del PSOE, cuando he aquí que, una vez más, por no decir la enésima, sus compañeros del PP, los dirigentes de la bronca y la conspiración del 11M que les impiden alcanzar el centro, vuelven a estropearle la fiesta. Porque estos intrigantes, los Acebes, Zaplana y Aguirre, siguen conjurados para deshacer en la oscuridad de la noche el telar del centro político que Rajoy y su equipo tejen durante el día, como si asistiéramos a una maquivélica interpretación de la leyenda de Penélope.

Semejante agresión de Aguirre a Rajoy y a Gallardón es fruto de su deslealtad al PP, de su obsesivo odio al alcalde, y también de su idiotez, porque la presidenta de Madrid ha sido incapaz de calcular las consecuencias políticas del libro —pretendía incluso que el alcalde presidiera la presentación y ya tiene la negativa por respuesta— y ha creado un nuevo conflicto público a su partido. Un lío similar al que protagonizó en fecha reciente Zaplana con el artículo publicado en el diario El Mundo contra la política autonómica de Rajoy, Arenas y Piqué. Y todo ello en el delicado momento de vísperas electorales de la próxima primavera y cuando el PSOE y Zapatero viven tiempos de descrédito por causa del bloqueo de la negociación con ETA, entre otros muchos errores políticos.

Aguirre, con este nuevo espectáculo cainita, le está dando alas a Rafael Simancas y a Miguel Sebastián (los candidatos del PSOE en Madrid), a la vez que resta credibilidad a la acción opositora del PP en estrecha colaboración con sus intrigantes aliados Acebes y Zaplana, con los que además comparte la estrategia de la conspiración del 11M. Se vio ayer durante la interpelación del líder de la oposición al presidente Zapatero en relación con sus presiones a los jueces para no interferir la negociación con ETA. Porque el jefe del Gobierno aprovechó la ocasión para devolverle el golpe a Rajoy y al PP acusándole de interferir la instrucción del sumario y juicio del 11M con las teorías conspirativas de los tres citados dirigentes del PP.

Aunque el mayor regalo que le acaban de hacer los populares a Zapatero ha sido el libro de Esperanza Aguirre, en el que la presidenta lanza un ataque furibundo contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, lleno de infamias y toda clase de descalificaciones personales y políticas (“se cree que es Dios; va de progre”, dice), acusándole además de haber conocido con antelación el golpe de mano de Tamayo y Sáez contra Simancas en la Asamblea de Madrid y de no haberle informado a ella. Una afirmación malévola y llena de falsedades porque en la víspera del llamado “tamayazo” estaba advertido medio Madrid. Y aquí incluido el PSOE y los primeros habitantes del palacio de la Moncloa, entonces ocupado por Aznar y Rajoy, de lo que tengo constancia personal. Y si lo sabía tanta gente seguramente también lo sabía Aguirre, por más que ahora disimule.

Tiempo habrá de comentar algunos capítulos de semejante libro que la propia Aguirre ha comenzado a rectificar negando su sorprendente afirmación de que no llega a final de mes con el sueldo de la presidenta de la Comunidad de Madrid, lo que constituye un insulto para millones de madrileños. Una rectificación que ha rechazado la escritora de la biografía autorizada, Verónica Drake, que deja por mentirosa a la presidenta en su intento de negar sus propias y desafortunadas palabras. Aunque ya puesta a rectificar, lo que debería hacer Aguirre es retirar el libro, corregirlo y dejarlo para mejor ocasión.

Aunque, de momento, ha conseguido más notoriedad aunque sea en detrimento de su partido, donde ha vuelto a abrir una crisis con su ataque a Gallardón y en consecuencia a Rajoy, en línea con el que lanzó el pasado mes de septiembre cuando en declaraciones al diario La Razón acusó al alcalde de practicar un centrismo obsceno y un progresismo oportunista. Como lo reitera en el libelo mientras ella se presenta como liberal, cuando en realidad el centrista y liberal es Gallardón y ella está en el bando ultraconservador del PP. Buena prueba de su liberalismo y de la pasión que Aguirre tiene por la libertad la vimos en la liquidación del Diario de la Noche de Telemadrid, mientras financia a la COPE o El Mundo, que son los medios que la llevan en volandas a su guerra abierta contra Rajoy y Gallardón.