LA GRADA DE LOS LEONES
Después de un mes volvió la sesión de control de los miércoles. Durante estas semanas de silencio parlamentario, el Gobierno ha perdido votos en las elecciones catalanas y apoyos en las encuestas. Zapatero nota en el cogote el resuello de Rajoy. Eso de verse a 1,4 puntos del PSOE ha crecido al PP, que ha sacado las botas centristas de no pisar hormigas, pensando que hay que jugar el partido. Los fontaneros de Moncloa dicen: «Se han envalentonado, creen que van a ganar con un Mariano Rajoy que está peor visto que Llamazares. Es el líder peor valorado de la historia del PP».
Los leones estaban tristes y grises y no recordaban en nada a las estatuas doradas del Capitolio. Según Moncloa, ETA oscurece el discurso general y en los estornudos del presidente la oposición escucha mensajes en euskara. El Gobierno no quiere hablar de las negociaciones porque son imprescindibles la cautela y la discreción. «El proceso de paz no es para retransmitirlo como un partido de fútbol», me comenta un portavoz gubernamental.
No han cambiado los dioses, pero sí el discurso. Ahora recuperarán los argumentos de Aznar para convencernos de que vivimos el mejor momento económico de la Historia y dirán, como decían los gobiernos anteriores, que la culpa estaba en la comunicación. No me extrañaría que Moraleda volviera al tractor.
En la sesión de ayer, los grupos parlamentarios apoyaron entre ovaciones, con razón o sin ella, a sus líderes, que llegaron al Hemiciclo vestidos de azul eléctrico. Se llevan tan mal que no se llaman como hacen las marquesas para preguntarse qué se van a poner. En la sesión de control, como en los programas de televisión, hay público aplaudidor, lo que en el teatro se llama claque. Al no haber espectadores contratados, como suele haberlos en los programas de televisión, los señores diputados tienen que hacer de claque al estilo de los procuradores. Tal vez el que no aplauda no saldrá en las listas. Rajoy acusó ayer a Cándido Conde-Pumpido de interpretar la ley según sopla el viento. Según José Luis Rodríguez Zapatero, la interpretación de la ley por parte del fiscal general del Estado es su cometido y forma parte del Estado de Derecho. La discrepancia de Rajoy con la política antiterrorista del Gobierno fue acogida con grandes aplausos de su Grupo y con saludos desde el tercio cuando dijo: «Realizan actos de presión contra la independencia del Poder Judicial».
Los líderes de la democracia española hablaban de la separación de poderes en tercios de quites. También a Zapatero le ovacionaron los suyos cuando simplemente dijo que los jueces cumplen su tarea con el respeto y el respaldo del Gobierno.
Ya les conté que los senadores romanos se sentaban en bancos de piedra y, para demostrar su oposición al orador, hacían sonar sus anillos de metal en el mármol. No pido que azoten los escaños con sus anillos de boda, ni tampoco que los oradores se agarren los huevos como hacían los romanos para demostrar que decían la verdad en el Senado o para atestiguar (testículos, testigos).
Sólo pido que aplaudan por una intervención brillante. Por ejemplo: si en vez de decir Rajoy que el fiscal interpreta la ley según sopla el viento, hubiera dicho, como Cicerón en las Catilinarias, «que las armas cedan a la toga»; o Zapatero, en vez de decir que el fiscal forma parte del Estado de Derecho, hubiera comentado que «hay que escoger el menor de los males», hubiera entendido los aplausos de sus señorías.
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