LOS DÍAS VENCIDOS

¡Ojo con los elogios!

Una madre tiene tres hijos. ¿A cuál de ellos quiere más? Se trata de una de esas preguntas retóricas que solo sirven para desconcertar al preguntado. Pero la respuesta clásica es así de simple: de los tres hijos, mamá siempre querrá al que está enfermo, al que está lejos o al que está en la cárcel. En otras palabras, que el amor crece cuando el sujeto del amor se encuentra en dificultades. Afortunadamente para nosotros, los ciudadanos no somos madres de los políticos ni de los deportistas ni de los escritores. Pero nos ocurre algo parecido. A los jugadores que ya no juegan les mitificamos. A los escritores que ya no están les consideramos maestros. Y a los políticos que se quedan sin cargo les elevamos a los altares civiles. Se trata de un curioso fenómeno expiatorio de tantas críticas e insultos que se vertieron cuando ejercían el cargo. Jordi Pujol está a punto de alcanzar la santidad, Pasqual Maragall lleva unos meses convertido en el hombre de moda y el gran supermercado de los elogios continúa abierto para poder colgar loas y ditirambos de aquellos que se van. Es una manera de castigar a los sustitutos y de estigmatizar a aquellos que han propiciado la caída de los nuevos ídolos. El poder real desgasta. El poder perdido a veces reconstruye. A menudo se nos exige que entendamos los criterios de la razón política, pero cada vez más los ciudadanos se dejan llevar por los aventurados criterios de la fascinación política. Un buen gestor no siempre gestiona a gusto de todos.
Por el contrario, un político sin poder se nos parece. Sus errores son los nuestros y su pena es sencillamente humana. En el desempeño de los cargos no se reciben propinas ni lisonjas por adelantado. Los elogios se regalan después. Pero en más de una ocasión ese súbito amor hacia el caído es una manera de curarnos en salud. Un truco mental de tono conservador que, popularmente, se traduce en el sangriento refrán del "más vale loco conocido que cuerdo por conocer". Así nos comportamos ante los relevos incomprensibles. Solo la muerte del gobernante nos permitirá ser, por fin, sinceros.

Fuera del agua

El nadador Ian Thorpe, poseedor de nueve medallas olímpicas, ha decidido que se retira. Thorpe tiene 24 años y desde los 14 se encuentra en el remojo de una piscina. "La natación ha dejado de tener para mí la importancia de antes", ha dicho el campeón. Solo tiene 24 años y ha decidido cambiar el medio acuático por los pies en el suelo. Eso es también el primer mundo: la posibilidad de vivir muchas vidas consecutivas en una vida. El nadador de 24 años se jubila. Le queda mucho tiempo por delante para buscar la motivación que la piscina ya no le proporciona. Podríamos calificar a Thorpe de culo de mal asiento, de frívolo que no sabe lo que quiere. Pero sería una injusticia. Porque Thorpe sabía lo que quería y ya lo obtuvo. No es el premio, a lo que aspira. Tampoco pretende un nuevo éxito. Lo que Thorpe nos quiere decir es que lo importante no está en la meta sino en el camino.

Cartografía

Encuentro casual con una compañera de escuela. Se ha casado con el tiempo, y no le va mal. Mientras la miro, me veo. Y no encuentro ni sus trenzas ni mi guitarra eléctrica. El mapa de la vida es una piel de mujer que ya no recuerda la casilla de salida.