CONVULSIÓN EN ORIENTE MEDIO La inestabilidad libanesa

Desde hace días se esperaba en Beirut un atentado grave contra el Gobierno de Fuad Siniora. El jefe de las fuerzas libanesas, Sami Geagea, avisó de que era probable el asesinato de uno de sus ministros. La muerte del ministro de Industria, Pierre Gemayel, precipitará la crisis interior exacerbada en las últimas semanas con el enfrentamiento del Gobierno prooccidental de Siniora y la oposicion chií de Hizbulah y Amal, los grupos prosirios que tienen el apoyo táctica del grupo cristiano maronita de Aoun.

Una de las cosas más enervantes de Líbano es que se pueden prever con bastante seguridad sus catástrofe sin que nadie sea capaz de evitarlas. Desde que acabó la guerra entre Hizbulah e Israel, la lucha política interna ha cobrado proporciones alarmantes. Los campos entre comunidades confesionales, facciones guerrilleras o ex guerrilleras, se han delimitado. A un lado, los líderes prooccidentales y antisirios - suníes, drusos y cristianos maronitas, divididos entre Geagea y Aoun, igual que hace más de tres lustros- y del otro, los jefes de la comunidad chií con Hizbulah y Amal y sus aliados maronitas.

A los problemas anteriores a la malhadada guerra del verano se han añadido las exigencias de desarmar a Hizbulah, la crítica a su "guerra privada", que tantas calamidades ha acarreado a Líbano, el ajuste de cuentas aplazado o la formación de un tribunal internacional para ocuparse del atentado del ex primer ministro Hariri.

La decisión del Gobierno de Siniora de constituir este tribunal a pesar del rechazo del presidente Emil Lahud, que insiste que sólo el jefe del Estado tiene capacidad para firmar un acuerdo con la ONU, provocó la crisis gubernamental de la semana pasada y la dimisión de los ministros chiíes.

El forcejeo es dramático. Hizbulah está empeñado en formar un gobierno de unidad nacional y está dispuesto a organizar manifestaciones callejeras para conseguirlo. El enfrentamiento de las fuerzas radicales de un bando y otro es un hecho dramático. Días después de la manifestación convocada por el jeque Nasrala en los suburbios chiíes de Beirut, Geagea congregó a sus partidarios cristianos en el santuario de la Virgen de Harisa, sobre la bella bahía de Junie.

El asesinato de Pierre Gemayel evoca otros magnicidios cometidos en los años de guerra civil en su propia familia. Su tío Bashir, presidente electo, fue asesinado en otoño de 1982 y al día siguiente milicianos cristianos de las falanges y soldados israelíes cometieron la matanza de refugiados palestinos en los campos de Sabra y Chatila. Casi un cuarto de siglo después, todos los antiguos señores de la guerra,los Gemayel, Jumblat, Berri y Geagea, velan sus armas en Líbano.

El inmediato futuro de Libano es escalofriante si se tiene en cuenta que en los próximos meses hay que elegir nuevo presidente, aplicar la famosa resolución 1701 de la ONU (que establece el desarme de Hizbulah) y celebrar el juicio del tribunal internacional sobre el atentado de Hariri.

Escribió una vez el poeta palestino Mahmud Darwish: "Sólo con la guerra los combatientes comprendieron que Beirut no podía vivir en paz consigo misma. Es en el momento de las treguas que combatientes y observadores comprendieron que esta guerra no tendrá fin, y que la victoria, sin una derrota compartida, será siempre indecisa".