La Coctelera

Caffè Reggio

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22 Noviembre 2006

Los peligros del talio, de José Luis de la Serna en El Mundo

Es uno de los metales más tóxicos que existen. Durante mucho tiempo fue componente habitual de los raticidas. Ahora está restringido en muchos países de Europa. Es incoloro, inodoro e insípido. Excelente pues para usarlo como veneno con fines criminales. Basta con ingerir un gramo para que sea mortal.

Se distribuye muy bien por todo el organismo. Entra en la célula con gran facilidad y allí produce alteraciones graves de su metabolismo. No tiene un antídoto claro. No hay diálisis u otro procedimiento médico que logre paliar sus consecuencias. Las células del sistema nervioso, que necesitan una energía elevada, son las más sensibles. De hecho, los síntomas más comunes de una intoxicación con talio están relacionados con el sistema nervioso periférico. Los pacientes se quejan de dolores abdominales difusos y de quemazón e hipersensibilidad en las piernas. Si la afección progresa, se alteran las funciones motoras, se produce parálisis, y se han descrito muchos casos de insuficiencia respiratoria por talio que ha necesitado ventilación mecánica prolongada.

Lo que caracteriza la ingesta de este metal -y además facilita su diagnóstico - es la capacidad del metal para alterar el pelo. Muchas intoxicaciones se han sospechado por la pérdida de pelo que sufren los pacientes. Si a Litvinenko le han envenenado con talio radiactivo, el ex espía ruso tiene un pronóstico todavía más pobre. El talio radiáctivo se usa para pruebas cardiológicas de medicina nuclear y es posible conseguirlo. Sin embargo, como dicen muchos especialistas: «transportar material radiáctivo es difícil, ya que siempre conlleva riesgos para los que lo hacen».

Si el intoxicado sobrevive, le quedan muchos meses de sufrir las secuelas del exceso de ese metal en su organismo. Los daños neurológicos que produce son siempre muy lentos de curar. Casi todos los casos descritos en la literatura médica tienen serios efectos secundarios en el sistema nervioso central y periférico muchos meses, años incluso.

José Luis de la Serna es el director del área de salud de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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