Emilio Ybarra, José María Concejo, Juan Urrutia, Luis Bastida y Rodolfo Molinuevo, antiguos altos cargos del BBV, se llevaron el pasado martes día 14 la alegría de su vida, algo así como un especialísimo regalo de Navidad anticipado. Ese día, el Supremo decidió admitir el recurso presentado por el ex copresidente del BBVA, el citado Ybarra, contra la sentencia de la Audiencia Nacional que le había condenado a seis meses de cárcel por apropiación indebida en el caso de los fondos de pensiones de Alico, optando por absolver definitivamente a todos ellos.
El antecedente inmediato de esta sentencia hay que buscarlo en otra de la Audiencia Nacional de 25 de noviembre de 2005, hace casi justo un año, que rebajó los dos años de prisión y 72.000 euros de multa pedidos por el fiscal anticorrupción para Ybarra a seis meses y 27.000 euros de multa por un delito de apropiación indebida, al admitir el tribunal los atenuantes de “confesión” y “reparación del daño causado”.
La Audiencia, que optó por exculpar a los otros cuatro ex ejecutivos citados, consideró en noviembre del 2005 probado que Ybarra, “al margen de cualquier acuerdo societario”, utilizó 19,2 millones de dólares del BBV “no incluidos en los registros contables oficiales y cuya existencia era conocida sólo por algunas personas pertenecientes al BBV y absolutamente desconocida” por Francisco González y sus hombres, para compensar la pérdida retributiva que sufrieron los consejeros procedentes del BBV tras la fusión con Argentaria, mediante la constitución a su favor y de otros 21 consejeros del BBV de fondos de pensiones por la cifra citada en la norteamericana Alico.
El fiscal recurrió la sentencia en el caso de José María Concejo, algo que verdaderamente no se entiende en un hombre cabal que ya se había jubilado cuando se contrataron los seguros de marras, y que sencillamente pasaba por allí. Ybarra estuvo entonces a punto de cometer el error de su vida, puesto que se planteó seriamente no recurrir la condenas de 6 meses, algo que al final hizo.
Ahora, el Tribunal Supremo le ha liberado de esa pesadilla de por vida, al considerar que su conducta no puede incardinarse en ningún tipo de delito societario, ya que está acreditado que el ex copresidente del BBVA tenía concedidos, antes y después de la fusión, unos poderes amplísimos –tales como “concertar, constituir, modificar y cancelar planes y fondos de pensiones”- que abarcaban de forma expresa toda la actuación que desarrolló con la contratación de los fondos de Alico.
Lo que el tribunal no ha dicho es que este fue uno de los episodios menos conocidos -y tal vez más inquietantes, aún por esclarecer- de la segunda legislatura Aznar. El presidente, de la mano de Mayor Oreja, pensó que ese dinero en el exterior formaba parte de un fondo de reptiles destinado a financiar a ETA. El incidente se convirtió en la piedra del arco que sirvió al Gobierno del PP para españolizar el BBV a través de la fusión con Argentaria, acabando con la presencia de la vieja aristocracia de Neguri y sus herederos en el nuevo BBVA, todos ellos rojos peligrosos y nacionalistas rabiosos, como todo el mundo sabe. Uno de los más notables dislates de nuestro peculiar Franquito.
En cuanto a la sentencia del Supremo ahora comentada, conviene señalar que el precedente sentado el pasado mes de julio, con la sentencia que absolvió al presidente del SCH, Emilio Botín, en el caso de las millonarias indemnizaciones pagadas a José María Amusátegui, copresidente, y Ángel Corcóstegui, consejero delegado, prácticamente obligaba a absolver a Ybarra. Un perfecto ejemplo del grado de putrefacción al que la utilización política de los jueces ha llevado a la Justicia española. La jurisprudencia sentada con la sentencia de Argentia Trust que llevó a la cárcel a Mario Conde, casi obligaba a condenar a Botín por el caso de esas indemnizaciones. Pues no, señor. Al revés te lo digo para que me entiendas. Cuestión de padrinos.
El precedente sentado con Botín sí ha servido, en cambio, para absolver a Ybarra. Nos alegramos por él. Es una gran noticia para el buen nombre de una familia que lleva desde 1815 en el mundo de la empresa sin pisar la cárcel, lo cual tiene su mérito, aunque no conviene olvidar que don Emilio sigue teniendo abiertas otras causas, la más peligrosa de las cuales es la de las cuentas de Privanza en USA y paraísos fiscales.
Y mientras el Supremo absuelve a Ybarra, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional se dispone a celebrar a partir de mañana las preliminares de la vista oral por el juicio de las cesiones de crédito, donde el muy honorable Botín está metido en el barro hasta las cachas. Pues bien, el tam-tam que llega tanto de la propia Audiencia como del Santander parece indicar que el cántabro saldrá del envite sin mácula de chapapote, vamos, que el tribunal, cuya presidencia iba a ocupar el defenestrado Gómez Bermúdez, aunque no debiera tras el varapalo de la Sala de lo Contencioso del Supremo, se dispone a dar cerrojazo al asunto. Y aquí paz y después gloria. Gloria para don Emilio Botín-Sanz de Sautuola y García de los Ríos, banquero del Sistema y primera fortuna española. Amén.

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