Lao Tse es un filósofo y escritor chino del siglo VII antes de Cristo, fundador de la corriente del taoísmo, y es uno de los adalides del sosiego para enfrentar las dificultades. De hecho, la leyenda sugiere que se mantuvo ochenta y un años en el útero materno antes de nacer, lo que demuestra que se tomaba las cosas con calma. Su gran frase es "todo pasa; sólo la serenidad permanece". El taoísmo parece haber calado en el Gobierno, porque todo el mundo predica la paz mental, empezando por su presidente, que en Barcelona pidió a su colega José Montilla que abra una etapa de sosiego.
Es evidente que Zapatero no se refería a la actitud personal del próximo presidente de la Generalitat, porque dudo que Montilla se haya tomado un Valium en su vida. El de Iznájar tiene mirada de lama tibetano, sonrisa de estatua renacentista y habla poco como los pitonisos del oráculo. Es de suponer que el presidente del Gobierno se refería a algunas personalidades que le acompañarán en el episodio segundo del tripartito, a quien un conseller calificó en su día de Dragon Khan, no se sabe muy bien si por las piruetas que daba o por el vértigo que causaba en la ciudadanía. Zapatero ha pedido calma con la encuesta del CIS en la mano.
Otro gobernante que ha pedido sosiego en Catalunya es el vicepresidente Pedro Solbes, quien ha solicitado a Ricardo Fornesa, presidente de La Caixa, la máxima cautela de la institución financiera que representa para evitar que su holding provoque recelos en Europa. Tampoco se tiene la sensación en esta orilla del Mediterráneo de que alguien tan cabal como don Ricardo necesite del consejo prudente de todo un vicepresidente económico. Solbes teme que la UE pueda interferir este proceso a instancias de la banca europea. Calma y cautela, ha instado, cuando la institución catalana considera que estos temores no están justificados porque ni puede ser considerada una entidad pública ni es posible dudar de su solvencia.
Creo que el Gobierno debería aplicarse más sosiego a sí mismo antes de pedir a los catalanes que nos vacunemos contra los excesos. En este país los excesos han tenido nombres y apellidos, así que vale más que se señale a los imprudentes antes que tratarnos a todos como insensatos. Por cierto, sosiego también se genera consensuando el proceso de paz, no paseando a Obiang por los palacios, o disponiendo de una ministra de Fomento que consiga que cercanías funcione. Lao Tse se reencarnó varias veces, sus apóstoles no siempre sobreviven a las urnas.

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