EL RUNRÚN
Una muchacha francesa de 18 años y de familia musulmana ha sido rapada y golpeada por sus parientes, cerca de Lyon. ¿El motivo? Salir con un chico no musulmán. Los detalles los explicaba ayer la prensa: "Mientras su padre la sujetaba contra el suelo su hermano le rapó la parte derecha de la cabeza. Después le propinaron patadas y golpes mientras la insultaban y amenazaban de muerte, todo ello en presencia de la madre".
Hace casi cuatro décadas se estrenó en los cines Adivina quién viene esta noche,con Sidney Poitier, Spencer Tracy, Katharine Hepburn... La película fue un éxito, porque supo plasmar las contradicciones de mucha gente en una época de grandes cambios en las barreras entre razas. En medio mundo, jóvenes blancos y negros empezaban a establecer relaciones de todo tipo con una normalidad inhabitual hasta entonces. La pregunta "¿Qué haría usted si su hijo o su hija le dijese que piensa casarse con una persona negra?" se convirtió en común en conversaciones de sobremesa. El referente de Adivina... dura hasta hoy, pues ninguna otra historia ha sabido concentrar en una trama simple y matizada el terremoto que supuso la mayoría de edad de una generación sin tantos prejuicios. Para mucha gente blanca; pero también negra, porque recelos los hay en todas partes, no sólo en las tachadas habitualmente de recelosas. En esta época en la que aparentemente la mayoría mostramos ansias de conocer, aceptar y - llegado el caso- integrar costumbres culturales de aquellos con los que convivimos, a menudo salta la liebre donde menos se publicita. Hace catorce años estuve en una fiesta que se celebró en el teatro Apolo, como punto final de las jornadas de cultura gitana del Portal de Sant Antoni. Estaba ahí la flor y nata de los rumberos (Johnny Tarradellas, Petitet,Peret Reyes...), y la música fluía espontáneamente: una pieza se modificaba para dar paso a la siguiente, que sobre la marcha derivaba hasta diluirse en otra. Así, horas y horas. Fue una noche espléndida y emocionante. Pero de nuevo constaté que los gitanos tiraban los tejos a las payas sin ningún remilgo, pero ¡ay del payo que intentaba tirar alguno a una gitana! Aparecían inmediatamente dos parientes con cara de pocos amigos, a dejar las cosas claras. Una vez más, la apertura era unidireccional. A un payo que ve con malos ojos que su hermana ligue con un gitano se le considera racista, pero si es un gitano el que ve con malos ojos que su hermana ligue con un payo, entonces no lo es: entonces, lo que hay que hacer es entender su cultura.Ay, caray.Lo de la familia musulmana de Lyon va por ahí. La diferencia es que, de las advertencias gestuales, los lioneses del caso han pasado a la acción. Echo a faltar ya un Adivina... a la inversa. Ambientado en el Raval, que para eso está. El invitado a cenar (cuscús con kefta) podría ser un blanquito de Vila Olímpica. Lleva un iPod perpetuamente colgado de las orejas, y se deprime cuando ve que los padres de la chica que le mola le repudian por no ser musulmán. Desairado (¡él, que se manifestó por lo de Iraq!), da media vuelta y se larga, insensible a los gritos de la chica, a la que su padre y dieciséis hermanos lapidan tras la puerta. Alertada por los gritos, al poco llega la Guardia Urbana, que les advierte de que o bajan el nivel de decibelios o se verán obligados a ponerles una multa por contaminación acústica.

Escribe un comentario