EL RUNRÚN
Llevo semanas leyendo historias alucinantes sobre el candidato mexicano López Obrador, ese farsante que perdió las últimas elecciones presidenciales por un margen escaso y que, desde entonces, va de mal en peor. México es un país fascinante, cuya cultura expresa una complejidad que desarma cualquier análisis a la europea. A pocos kilómetros, Al Gore perdió la presidencia de EE. UU. en el mítico recuento de Florida y se retiró a un segundo plano hasta abrazar la causa medioambiental. López Obrador, no. Como es sabido, anda por ahí diciendo que el verdadero presidente es él, ante el sonrojo de quienes le apoyaron como alternativa democrática. Cada semana que pasa se acerca más a lo grotesco. Y ya se sabe que los personajes grotescos son como los aludes: cuando empiezan a rodar arrastran en su avance un montón de materiales que harán más violento el impacto final. Por lo visto, Andrés Manuel López Obrador, conocido en América por sus iniciales AMLO, aún no ha tocado fondo. Su bajada al valle de los caídos (en el ridículo) es una fuente inagotable de historias. La última que he sabido me entusiasma. El abogado civilista Carlos Sodi explica que el verdadero nombre del cismático político no es Andrés Manuel, como proclaman todas sus biografías oficiales, sino Manuel Andrés. Sodi sostiene que en el registro no figura AM sino MA, pero que se lo cambió para que sus iniciales no fueran MALO, sino AMLO, como si el orden de los factores pudiera alterar el producto. Lástima que un hombre tan atento a los pequeños detalles no sepa ver que la democracia se basa en un pequeño detalle numérico.
En cambio, los dirigentes de Renfe demuestran cada día que no son sensibles a ningún tipo de detalle. La tarde del miércoles 15 de noviembre, en RAC 1, Toni Clapés y su equipo delVersióhicieron una parodia sensacional entrevistando a un supuesto portavoz de Renfe llamado Ernesto del Moral. Si pueden recuperarlo por internet, escúchenlo, porque no tiene desperdicio. A las preguntas de Clapés sobre las continuas incidencias en el servicio de cercanías el portavoz se desgañita en patéticos "¿Pero qué quieren, qué quieren?". "Pues que funcionen los trenes", le responden desde el estudio.
Pero el trasunto de portavoz prosigue, erre que erre, hasta remachar con un titular de alcance: "El problema es la gente, y en concreto ustedes los catalanes". Clapés se lo hace repetir y Del Moral (¿el mítico Deltell?) lo repite, se ceba en el ciudadano que fue por la vía a rescatar a su familia tras una hora de espera y luego, sin que nadie se lo pida, descarrila y saca sus fantasmas en una vomitada catártica. Que si la independencia, que si la Entenza (por Entesa), que si el dinero de los españoles, que si ustedes querrían quedarse con los ferrocarriles y no saben ni por dónde empezar, que si España somos todos, que qué quieren ustedes, qué quieren. Es el dolor de España que aquejaba a Blas de Otero, pero en prosa. La parodia de un plausible funcionario encebollado estuvo a la altura del histriónico Acebes que imita Bruno Oro en Polònia.
A todo esto, para que Frene la evidente crisis de servicio, la dirección real de Renfe destituye al mandado Manau y nombra a otro, que va y se apellida Remacha. Ya es AMLA suerte, también.

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