VICIOS DE LA CORTE
España está tendida al sol, como una voluptuosa escultura de Botero, enseñando las nalgas a los cayucos y a los piratas que divagan guiados por delfines en hilera. Somos los nuevos Estados Unidos, necesitamos tres millones de bolivianos, senegales y rumanos para hacer túneles y rascacielos. Crecemos más del doble que Europa, hemos sujetado la cincha de la inflación al desbocado del crecimiento. Pero a los magos zoroástricos no les gusta cómo huele la orina, no del país enfermo, sino del país robusto.
Los magos primero hacen el diagnóstico, después el veredicto y, por fin, prescriben remedios. Enumeran los síntomas: la abstención puede ser pavorosa; el PP mejora pero no pone; el PSOE no sale del laberinto y retrocede en Cataluña; al doncel le han pinchado el globo de la España plural; se ha agotado la legislatura, el proceso de paz se atasca, la corrupción se acrecienta y el país no sabe quién es. César Alonso de los Ríos, en un libro fantástico y no fantasioso (Yo digo España) contesta: «Ya no cabe hablar de unidad nacional, sino de la Trans-España, en pleno proceso de desnacionalización». A esa pájara, a esa modorra, al descenso de la confianza, a esa apatía y depresión, se le aplican dos clases de remedios: derecha e izquierda.
Votan una ciudadanía consciente y un batallón de papagayos a los que sacan los domingos para hacer bulto en los mítines. Luego están los periodistas y los jueces, que han de llevar una de las dos casullas. La derecha insiste en que el zapaterismo es el hazmerreír de Europa. La izquierda reconoce que su partido y su Gobierno atraviesan «una irresistible volatilidad» (Soledad Gallego-Díaz). Esta izquierda de maletín y peluco de oro ve la política como un parqué y la sede como un portal financiero.
El hazmerreír o la volatilidad. ¿Cómo es posible que el debate se reduzca a tal hemiplejia, a tal paralización de los hemisferios cerebrales, a tal afasia y reducción mental? Uso hemiplejia porque es el vocablo que utilizó Ortega al enunciar el diagnóstico de aquella España que en nada se parece a ésta, excepto en la resurrección del turnismo. Ortega dijo: «Ser de izquierdas, como ser de derechas, es una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser imbécil: ambas son dos formas de hemiplejia moral». ¿El debate nacional se reduce a Blanco-Acebes? ¿Nunca llegó a España la téchne politiké o arte de gobernar que, desde Platón a Maquiavelo, significa la capacidad de gobernar la polis con inteligencia, creatividad, astucia y originalidad?
A escala europea, el debate no es tan sacristanero, tan de hinchada. La izquierda -como reconoce Maximo D Alema- ha sabido darse una segunda vida, después del fracaso; la derecha está en la vanguardia del Estado-Bienestar. En cuanto al himno, la Constitución, la política exterior, el terrorismo, las naciones europeas utilizan el acuerdo nacional, como aquí se hacía desde los Pactos de la Moncloa.
Ese consenso se ha roto por oportunismo.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario