El 'proceso' se parece cada vez más al de Kafka que al de Zapatero, de Antonio Casado en El Confidencial
Nuevo chaparrón de declaraciones sobre el proceso, cada vez más cerca del imaginado por Kafka y más lejos del que diseñó Zapatero para pasar a la historia como el pacificador de Euskadi. Y en plena tormenta verbal sobre galgos o podencos, ya no interesa saber cómo va el proceso sino descifrar discursos.
El de Zapatero cuando habla de "coraje, precaución y un irrenunciable compromiso democrático". El de Rubalcaba, cuando aplaude los "contactos" entre partidos, incluido Batasuna, ilegal, mientras reconoce que "ETA se mueve" ¿Qué quiere decir Zapatero al hablar de "consecuencias" por el robo de las pistolas? ¿Se ajusta más a la realidad Otegui al dar por "bloqueado" el proceso o Rubalcaba cuando dice que "le está costando arrancar"? ¿De qué proceso hablamos? ¿De "paz" (Zapatero)? ¿De "solución del conflicto" (Otegui)? ¿De "rearme de ETA" (Acebes)? ¿De rendición" (Alcaraz)?
O adoptamos un lenguaje común o el nacionalismo vasco, una vez más, acabará imponiendo el suyo y volverá a ganar en río revuelto. Conviene recordarlo a la vista del notable aumento de la confusión que envuelve en una nube tóxica de palabras la no menos incierta operación montada por Zapatero para echar a ETA de nuestras vidas.
El propio Zapatero resultó intoxicado hace unos días con su famoso titular en Le Figaro: "Hemos cumplido nuestra parte del contrato" -con ETA, claro-, dijo y desdijo a toda prisa, tras una sonada movida interna en Moncloa, hasta que se suprimió la palabra y el concepto "contrato". ¿Cómo se debería nombrar a lo que se pretende en una sentada de dos o más interlocutores? Partes contratantes llamaría Groucho Marx a quienes se sientan para acordar. O para intentar acordar, pues si no ¿para qué se sientan? Otra cosa es que lo retransmitan.
Ibarretxe, un nacionalista de cuerpo entero, hablaba este fin de semana de reuniones de partidos que "están trabajando por detrás" y haciendo "mucha cocina" con "iniciativas que algún día saldrán a la luz". Lo cual introduce todavía más confusión, pues sugiere que, al menos de momento, no es bueno contarle estas cosas a la opinión pública. Y algo peor. También le traiciona el lenguaje cuando, tras afear la conducta de Batasuna por sacar a la calle a sus falanges juveniles, afirma que "la kale borroka es la última solución, el último de los instrumentos a utilizar".
No dice el lehendakari que el terrorismo callejero practicado por los cachorros de ETA sea intolerable, inadmisible o condenable en cualquier caso. Ni hablar. O sea que, como significado dirigente del PNV, se distingue de Batasuna no en que uno use la violencia y el otro no, sino en el lugar donde la colocan como instrumento para lograr alcanzar su gran meta política, la independencia del País Vasco, sueño común del nacionalismo, el que gobierna y el que acojona.
