DEBATE: Ciudad global, ciudadanía local
Sobre la edificación existe una actitud ambivalente y, en apariencia, contradictoria. Por un lado vemos con recelo el proceso inmobiliario al pivotar éste sobre la especulación del suelo y, por otro, confiamos en la arquitectura como estandarte de los procesos de transformación socioeconómico de los núcleos urbanos (el efecto Guggenheim de Bilbao sería un ejemplo).
Este sentimiento de amor-odio hacia la construcción debería hacernos reflexionar a los diferentes agentes del sector porque no lo estamos haciendo bien. La sensibilidad de la sociedad se identifica cada vez más con el respeto por el medio ambiente y la arquitectura debería ser la expresión de esta aspiración contemporánea.
Esta nueva conciencia ha llevado al conjunto de los países a firmar el protocolo de Kioto, que limita sustancialmente el consumo de combustibles fósiles y que prevé para el 2010 reducir el 12% de la energía primaria y que el 22% de la electricidad tenga un origen renovable. Hoy sabemos que el 75% del incremento de concentraciones de CO en la atmósfera de 2 los últimos 20 años se puede imputar directamente a los combustibles fósiles.
Éste es, a nuestro entender, el detonante y el punto de no retorno de un proceso de cambio en el modelo económico y cultural cuyos efectos estamos empezando a vislumbrar. Estamos ante un cambio de modelo energético. Un cambio que, por haber sido tantas veces aplazado - no olvidemos que la crisis de los setenta se cerró en falso-, nos llega ahora un poco atropelladamente.
La construcción tiene un papel determinante dentro de estos procesos ya que es un sector consumidor de mucha energía (cerca del 40% del consumo en la UE está vinculado a la edificación), capaz, a su vez, de inducir hábitos de comportamiento colectivos más acordes y sensibles con los nuevos compromisos ambientales. Como consecuencia de todos estos procesos, los distintos niveles de la Administración han puesto en marcha medidas concretas que forman parte de un ambicioso programa normativo, concretado en España en el nuevo Código Técnico, completado en Catalunya con el decreto de Ecoeficiencia de los Edificios. Estas nuevas normas, junto con otras que irán apareciendo, estimularán el desarrollo conceptual y tecnológico de nuevas maneras de construir que supondrán un menor consumo de energía y de recursos.
Todo ello ha de llevarnos a una reflexión profunda sobre los diferentes aspectos del hecho constructivo e inmobiliario en el sentido más amplio, sin obviar temas tan cruciales como la caducidad de la construcción y su reciclaje, la industrialización de los sistemas, los procesos de restitución del territorio, etcétera. A través de esta reflexión colectiva veremos surgir, con el tiempo, edificios diferentes y enteramente nuevos que serán, de hecho, la expresión de esa transformación ideológica y tecnológica en la que estamos inmersos. Este proceso es azaroso y su dirección incierta, produciéndose inevitablemente fricciones y desarreglos a lo largo de su transcurso.
Así, llegará el día en que los edificios incorporarán en su concepción, y sin tener que hacer bandera de ello, su propia reflexión medioambiental. Entonces podremos hablar nuevamente de arquitectura a secas.
FELIPE PICH-AGUILERA Y TERESA BATLLE, arquitectos. Premio Medi Ambient 2006 de la Generalitat por su trayectoria en edificación sostenible

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