A DIESTRA Y SINIESTRA

Hay cosas que nunca cambian. Por ejemplo, el Cola-Cao o la política exterior española. Hace muchos años, en plena dictadura, Manuel Fraga se vistió de marinerito para hacerse una foto con Macías Nguema, un verdadero pacifista, un esperpento sanguinario que se denominaba a sí mismo «único milagro de Guinea Ecuatorial». Esta semana Zapatero repitió la foto sin traje de marinerito, pero cambiando la rancia estampa militar por un cordial apretón de manos y una de sus sonrisas de plexiglás. A su lado no estaba Macías, sino su sobrino, el hombre que lo derrocó, una nueva edición, corregida y aumentada, de esa serie de tiranos homicidas, bárbaros y grotescos que, desde Idi Amin hasta Mobutu, y desde Haile Selassie hasta Bokassa, han ido ensangrentando minuciosamente el mapa de Africa.

La visita de este homínido multimillonario (si Felipe González lo llamó «mi hermano», por algo será) ha creado una enorme expectación. Desde los tiempos de Copito de nieve no aterrizaba en España un embajador tan ilustre de la civilización guineana, con la salvedad de que Copito de nieve era un gorila indefenso y herbívoro, y Teodoro Obiang es más bien una plaga con forma humana, una catástrofe natural. Pero Copito era blanco y ahora tocaba hacerse la foto en negativo, siguiendo los principios de esa Alianza de Civilizaciones que parece sacada de un tebeo de Tintín. Hasta el Rey ha acudido a presentar sus respetos al dictador para que no nos olvidemos de rellenar esa quimérica línea de puntos que unen un euro y una peseta, un oso bolinga y un jabalí atado de una pata, un yate y otro yate.

Y es que entre la foto de Fraga y la de Zapatero han pasado muchas cosas, pero queda el Cola-Cao. Siempre nos quedará el Cola-Cao, es decir, la chapuza indecente de nuestra descolonización, los pisoteados flecos del Polisario -huérfano a derechas e izquierdas-, esa enorme desgracia llamada Guinea Ecuatorial. Puede que a Zapatero le hubiera recetado el Cola-Cao de Obiang el mismo médico que le recomienda la gimnasia lumbar frente a la bandera americana (ahora me siento, ahora me levanto): lo que no se entiende muy bien es cómo Rajoy ha querido cantar también la canción del Cola-Cao.

Porque cuando Rajoy mete la pata, la mete a fondo: dice que fue a saludar a Obiang porque se lo pidió el Gobierno. Menos mal que no le pidieron que se tirase luego por un barranco. Ni asomado a un balcón de Génova con el culo al aire, habría podido hacer más el ridículo.

La pregunta ya estaba escrita en una canción: mama, qué será lo que tiene el negro. La respuesta no está en el vudú ni en la magia negra, sino en ese cheque de 50.000 euros que Obiang arrojó a los presentes en la embajada como si fuese la calderilla del taxi. Ante tal alarde de generosidad bananera, se entiende que los hombres blancos se agolpen cual monos por un plátano, ya sean peperos, psocialistas, monarcas o plebeyos. Qué rico el Cola-Cao.

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