En un año al frente del Gobierno, la popularidad de la primera canciller en la historia de Alemania ha caído. Merkel no ha respondido a las expectativas de los ciudadanos, pese a la buena marcha de la economía.
Cuando, hace un año, Angela Merkel fue elegida primera canciller en la historia de Alemania, dos de cada tres germanos confiaban en que la Gran Coalición, una alianza entre democristianos y socialdemócratas, era la receta más adecuada para el país.
La imagen de la primera mujer canciller había crecido como la espuma pocas semanas después, tras entrevistarse con grandes líderes mundiales. A ello contribuyó su primera cumbre europea y su mediación para lograr un acuerdo financiero de la Unión. Además, en Washington, logró restablecer la tradicional “amistad germano-americana”; en Moscú, se entrevistó con las organizaciones humanitarias, ante la indignación de Putin, y, en París, se dejó besar la mano por Chirac.
Doce meses después, el 56% de los alemanes se siente decepcionado con Mekel y su Gobierno. ¿Qué ha pasado? Hubo menos actuaciones de las esperadas en la política nacional y, sobre todo, con demasiadas fricciones entre los dos partidos de la coalición, CDU y SPD, pero también dentro de la propia formación democristiana. Los barones regionales siguen compitiendo con Merkel, y en los asuntos más conflictivos se presentan como la “oposición” en lugar de cerrar filas.
La canciller no había levantado demasiadas expectativas al llegar al poder: “Nuestro objetivo es dar muchos pequeños pasos, pero en la dirección correcta”. Bert Rürup, presidente del Consejo de Sabios considera que “las tres primeras medidas que aprobó la coalición fueron acertadas”: reformar ligeramente el sistema federal, desenmarañando las competencias entre los Länder y la federación para facilitar las decisiones de gobierno; introducir un “sueldo sustitutivo para los padres” con el fin de fomentar la natalidad, y ampliar la edad de jubilación de 65 a 67 años, una medida “incluso valiente, porque todos los partidos la habían rechazado durante la campaña electoral”.
“Lo peor es, sin duda, la financiación de la reforma sanitaria”, asegura Rürup. Sus compañeros del grupo de los sabios llegaron a calificarla de “engendro”, porque no abaratará los costes del trabajo, pero encarecerá los del enfermo.
La otra decisión polémica ya contestada por los empresarios fue la subida del IVA en tres puntos, hasta el 19%, que entrará en vigor el 1 de enero. Esto supone la mayor subida impositiva de la historia alemana, y se sumará además al llamado “impuesto para ricos”: un incremento del 3% en el IRPF para los contribuyentes con ingresos superiores a 120.000 euros. Éstos suponen el 0,6% del total, pero aportan al fisco el 20% del IRPF.
“Nunca ha habido un incremento tan enorme de un golpe por lo que es difícil calcular su impacto”, señala Rürup. Pese a ello, han estimado que el efecto IVA reducirá el PIB un 0,6% (hasta el 1,6%) en 2007, aunque seguramente se habrá compensado por el adelanto de las compras este ejercicio.
El Gobierno de Merkel ha realizado también un nuevo esfuerzo de consolidación, de tal manera que Alemania volverá a cumplir con Maastricht. Por primera vez en más de una década, durante la primera mitad del año las contribuciones al generoso sistema de la Seguridad Social alemán, tanto en pensiones como en sanidad, superaron a los subsidios, consiguiendo un superávit fiscal. Merkel está además recogiendo los frutos de las reformas de Gerhard Schröder; la economía crece –en 2006 se podría superar el 2,6%– el paro se ha reducido hasta el 9% y en este año se crearán más de medio millón de empleos.
Decepción en el mundo empresarial
Los empresarios alemanes se sienten decepcionados por el trabajo de la Gran Coalición y, más en concreto, por el de Angela Merkel. Aunque según los dos diarios económicos del país –Handelsblatt y FT Deutschland–, Merkel obtiene una puntuación de notable, por detrás de la del titular de Exteriores, el socialdemócrata Frank Walter Steinmeier, que lidera todas los sondeos. E, incluso, del ministro de Hacienda, también del SPD, Peer Steinbrück, que figura en algunas encuestas por delante de Merkel. La consolidación presupuestaria es el tema mejor valorado por los emprearios, seguido del fomento familiar y las pensiones.
La energía, el medio ambiente, el mercado laboral y la sanidad, por este orden, reciben las peores notas. Los empresarios creen, en todo caso, que el Gobierno debe acelerar las reformas, pero no cambiar de curso. La industria no considera que el Gobierno actual pueda apuntarse la mejora económica y en esto coinciden con los economistas: “la actual expansión tiene muchos padres, pero en realidad es huérfana”, dice el presidente de los sabios. La sorprendente aceleración de la economía hay que atribuirsela al dinamismo global, a que los altos precios del petróleo han tenido menos efecto del esperado, al fruto de las reformas estructurales del Gobierno roji- verde y “al efecto de confianza” que originó la llegada de la Gran Coalición, afirman los expertos.
La presidencia europea y el G-8, dos grandes retos para Berlín
La doble presidencia –europea y del G-8–, en el primer semestre de 2007, va a situar a Alemania en el centro de la atención internacional. Por protagonismo propio y por demérito de otros líderes, como Tony Blair, sumido en un descenso libre de popularidad, George W. Bush y su reciente varapalo electoral y la situación de interinidad de Jacques Chirac hasta los comicios franceses de abril.
En tales circunstancias, The Economist eleva a Merkel a la categoría de “estrella mundial” ante la falta de liderazgo global. La canciller, consciente de lo que se le viene encima, no quiere desaprovechar la ocasión. Por ejemplo, sobre la Constitución Europea, insiste en que nadie debe hacerse muchas ilusiones, pues no será fácil relanzar el proceso hasta que concluyan las presidenciales de Francia. La canciller hará coincidir el aniversario del Tratado de Roma con una “declaración de Berlín” en la que se definirán las metas políticas de la UE. Merkel ha situado en un primer lugar de sus objetivos la energía y, para ello, quiere ampliar los contenidos del Protocolo de Kioto.
“Política exterior y política energética tienen una relación mucho más estrecha que hace unos años” insiste el titular de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, que ya ha desbrozado una clara estrategia hacia Rusia, una nueva Ostpolitik o estrategia hacia el Este. A primera vista el programa para el G-8 de Merkel, parece haberlo realizado uno de los foros antiglobalización. Berlín ha incluido como apoyo al desarrollo en Africa, la protección del medio ambiente y una mayor transparencia a modo controles más eficientes –sobre los hedge funds, por ejemplo– en los mercados de capitales, para evitar los riesgos de crisis mundiales. El Gabinete de la canciller alemana desea “engancharse” a algunas inciativas abiertas , como la de doblar financiación al desarrollo a 50.000 millones de dólares anuales.
Se descarta que en la presidencia alemana del G-8 se vaya a ampliar el club de las siete economías más industrializadas más Rusia. Aunque Berlín invitará a la cita a grandes mercados emergentes –China, India, Brasil, Sudáfrica y Mexico–, y a “un grupo selecto de países africanos” para impulsar la democracia y el desarrollo en ese continente.

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