EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Llegarán a tiempo los acuerdos impulsados por la ONU para que la comunidad internacional haga frente a las amenazas del cambio climático que anuncian los científicos, y que ya se empiezan a vislumbrar? La respuesta a esta pregunta gravitaba sobre el complejo entramado de negociaciones llevadas a cabo estas dos últimas semanas en la cumbre del clima de Nairobi. El ritmo de los acuerdos no va a la velocidad que los científicos y muchos ciudadanos y ecologistas demandan, sino que está condicionado por los fuertes y desiguales intereses entre naciones con economías en diferentes niveles de desarrollo. Pero en las condiciones actuales, sólo objetivos poco ambiciosos en las cumbres anuales de clima permiten que algún día se puedan celebrar grandes éxitos.

"Nosotros no vamos en vehículos 4x4 ni vamos de vacaciones de fin de semana en avión; sin embargo, sufrimos el cambio climático", declaraba esta semana el ministro de Medio Ambiente keniano Sharon Lloremetta. Recordaba así las causas del enorme incremento de las emisiones de gases invernadero en el mundo desarrollado vinculadas a la tragedia de los pueblos pastores nómadas del norte el país, que ven desaparecer su cultura por el calentamiento y la sequía.

La comunidad internacional ha acordado en Nairobi revisar y reforzar en el 2008 el protocolo de Kioto contra el cambio climático, lo que puede conducir a que en el 2009 haya un Kioto II. Ha sido un paso pragmático, pues abre una nueva posibilidad de utilizar más medios y alistar a más países que asuman compromisos cuantificados de reducción de gases de efecto invernadero a partir del 2012. Ahora, como se sabe, sólo 35 naciones desarrolladas se han comprometido a acortar esas emisiones en esa fecha (con relación a los datos de 1990). Pero ese listado es insuficiente. Por eso conviene subrayar que en Nairobi ha empezado a plantearse además que las reducciones mundiales de gases sean al menos un 50% inferiores con relación al 2000 para evitar que las temperatura suban más de dos grados en el 2050. Pero habrá que esperar al pacto Kioto II para saber mejor cómo será el nuevo reparto de responsabilidades. De hecho, los científicos reclaman recortes de estas emisiones de entre un 60% y un 80%.

En Nairobi se ha dado un paso lento, pero pragmático. Con él se dan garantías renovadas de que el combate contra el calentamiento va a continuar a partir del año 2012, fecha en la que expiraba el mandato vigente en el protocolo de Kioto.

Este asunto era clave, pues un mayor retraso hubiera restado credibilidad al mercado de derechos de emisión de CO que opera 2 desde el 2005 en la UE y que condiciona la acción de miles de industrias que deben tener un horizonte a largo plazo para programar sus planes de eficiencia energética. A través de este mercado de derechos de emisión, se fijan cuotas anuales máximas de CO a las industrias que consumen más energía 2 y se dispone de permisos de emisiones que pueden ser vendidos como créditos a las industrias que los necesiten.

La cumbre de Nairobi ha sido una conferencia de transición, por tres razones. En primer lugar, el calendario esbozado permite albergar la esperanza de que con una nueva Administración en Estados Unidos en el 2008 la gran potencia norteamericana se involucre en la lucha contra el calentamiento. La victoria de los demócratas en el Senado es un dato revelador y podría favorecer a la larga que Estados Unidos se implique en este proceso, lo cual es imprescindible para llegar a tiempo a mitigar el calentamiento, dado que esta nación genera el 25% de los gases de todo el mundo. El ex vicepresidente Al Gore, que fue impulsor del protocolo de Kioto (firmado en 1997), no pudo en su día, en cambio, ver ratificado este acuerdo, al no tener el apoyo suficiente en esa Cámara.

La situación en dos años podría ser diferente. Mientras tanto, el estado de California - gobernado por los republicanos- ha lanzado proyectos en favor del ahorro y la eficiencia energética que enlazan con las políticas europeas, y numerosas ciudades incluso han puesto el altavoz al deseo de los norteamericanos que quieren que su Administración regrese a la senda de Kioto que transita el resto de los países.

El calendario planteado permitirá mientras tanto esperar el resultado del cuarto informe sobre cambio climático, que está ultimando el grupo intergubernamental de científicos de la ONU, y cuyas conclusiones van a servir para presionar de nuevo a la Administración 2 de Estados Unidos y Australia, pues su coordinador, el climatólogo indio Michael Zammit Cutajar, ha adelantado que el documento, de casi 1.000 páginas, aportará el próximo mes de febrero nuevas evidencias que relacionan el incremento de las emisiones de CO y la elevación de temperatura 2 con un rosario de estragos originados por la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) en las térmicas, las industrias y los coches. Mientras tanto, se debe seguir dando tiempo para negociar cuál será la aportación de las grandes potencias emergentes (China, India, Brasil, Corea del Sur, Sudáfrica), que hasta ahora han evitado reducir sus gases para no hipotecar su desarrollo.

De hecho, estos pequeños pero continuados pasos (en Nairobi se ha celebrado la duodécima conferencia de cambio climático) son los que alimentan la esperanza de llegar a tiempo de evitar el desastre. Dado lo complejo que resulta poner de acuerdo a 180 países - pues el funcionamiento de la ONU requiere un exasperante y paquidérmico consenso-, la estrategia de plantearse objetivos modestos es, dadas las circuntancias, la vía más eficaz.

A principios del 2005, sesudos analistas europeos daban por muerto y enterrado el protocolo de Kioto, que pudo ser ratificado gracias al apoyo de Rusia. Hoy, este acuerdo es el pacto jurídico más importante para proteger el medio ambiente global. Yel éxito cosechado por el protocolo de Montreal - que fue sustituyendo poco a poco los CFC, que destruyen la capa de ozono- sirve como modelo de referencia para saber que es posible actuar, y que somos el problema y también parte de la solución. "No es un problema político. O no sólo eso. Es, sobre todo, un problema ético". Seguro que estas famosas palabras, de la película Una verdad incómoda,de Al Gore, debieron resonarles a los 5.000 delegados presentes en Nairobi.