AZUL&ROSA: MI SEMANA

No hay plazos que no se cumplan

Se desconoce de cuántos meses puede estar Letizia. Tampoco se dijo de cuántos estaba el día que se anunció, el pasado 25 de septiembre, el nuevo embarazo. ¿Más de uno y menos de tres? Si a los tres meses ya es posible conocer el sexo del hijo que se espera, hay que mantener la palabra, hay que cumplir la promesa. Porque el Príncipe prometió, a un grupo de periodistas, que si era varón y «resultaba aconsejable», podría anunciarse. Si no lo hace, si no se dice nada, ¿entenderemos que será otra niña? Sin apostar por ello, pienso va a ser que sí. Genéticamente, por parte de madre, abundan las mujeres: Letizia, Telma y Erica. Por parte de padre, también: Elena y Cristina. Y si nos remontamos a los abuelos paternos, más de lo mismo. Mientras aquí esperamos lo prometido, en Tokio se presenta a la prensa el primer heredero japonés en 41 años, Hisahito, hijo de los príncipes Akishino y Kiko, que ha desplazado a Aiko, esta pobre niña que no será nunca emperatriz por ser mujer.

Abuelos y nieta

La pasada semana, CRONICA ofrecía una curiosa y polémica información, firmada por Patricia del Gallo, sobre la abuela Menchu, quien, como la principesca nieta, tiene el privilegio de que se la conozca, tan sólo, por el patronímico. Tal vez, por la edad, habría que anteponerle el doña, tratamiento con el que se nombra a las mujeres de calidad, el cual precede a su nombre propio, según el diccionario de la lengua de la Real Academia. También a la mujer casada o viuda. Pero, el personal prefiere llamarle, simplemente, Menchu. Según la compañera Patricia, la abuela de Letizia tiene otro privilegio más: es la única de los tres abueletes de la consorte a quien la Guardia Civil protege, la única que tiene vigilancia en su casa (un agente de día, dos por la noche), una residencia que parece haberse convertido en un lugar más que de culto, de curiosidad para domingueros, diría yo. ¿Es que los abuelos maternos, Francisco y Enriqueta, no son merecedores de tal privilegio? ¿Por qué una sí y otros no? El pobre Rocasolano no puede dar un paso sin ser abordado por paparazzis o simples curiosos a los que siempre atiende con amabilidad. España, en esto, es tan diferente que es el único país de nuestro entorno donde la prensa convierte a los hermanos, los cuñados, los yernos o los abuelos en protagonistas y personajes por culpa de su proyección mediática. A propósito de la noticia sobre la abuela Menchu, recuerdo hoy una curiosa y elocuente anécdota sobre el particular, protagonizada por la duquesa Cayetana y el marqués de Villaverde, durante una comida en el Palacio de Liria, a la que el doctor Martínez Bordiú había sido invitado. Al ver éste el lugar que le habían asignado en la mesa, consideró no era el adecuado a un yerno del Caudillo y se quejó a la anfitriona. Cayetana, que no se ha mordido nunca la lengua, le respondió cortante: «¡Por Dios Santo, Cristóbal ¿quién conoce en París al yerno del general De Gaulle?». ¿Quién conoce en Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo a los abuelos de Mary, Máxima, Matilde o Teresa?, pregunto yo. Pienso que más que preocuparnos de cómo fueron o son los abuelos de estas jóvenes, nos debía interesar más cómo son y deben ser sus nietas, reconvertidas de la noche a la mañana y por matrimonio, en consortes reales. ¿No les parece?

Al abogado de los famosos le hacen barón (con «b»)

La familia del Rey Don Juan Carlos, que no la Familia Real, está compuesta por sus sobrinos, los Gómez-Acebos y Zuritas; sus primos hermanos y sobrinos Borbón Dampierre, Torlonias, Marones, Zamoyskis, Czartoryskis, Laulas, Morales Borbón y Orleáns Braganzas y sus primos segundos Baviera Messía y Bagration Baviera. Los Bagration fueron una de las estirpes que reinaron en los territorios de la actual Georgia en el siglo XIX, hasta que fueron sometidos por el zar. Pero, un descendiente de aquéllos, Jorge Bagration, en sus años mozos campeón de España de rallyes y primo segundo del Rey, ha conseguido, con la ayuda jurídica del ilustre abogado español Javier Saavedra, que el gobierno georgiano y el patriarca le reconozcan como jefe de la casa real de Georgia y el tratamiento de alteza real. Como tal, ha concedido a este jurista, el más elegante y famoso por ser el abogado no sólo de la duquesa de Alba, Ana Obregón, Conde Lequio, Gina y su prometido Javier Rigau, sino también de la Pantoja, el título nobiliario de barón (con b) de Saavedra, título que ha sido ratificado por el parlamento georgiano. Se da la circunstancia de que a Cayetana, teniendo como tiene casi 50 títulos nobiliarios, entre ducados, marquesados, condados, vizcondados, señoríos y grandezas, es el único que le falta en la colección para ser también baronesa.

Una frivolidad de Sadam Hussein

Javier Saavedra ha formado parte de una comisión de letrados internacionales que, recientemente, viajaron hasta Bagdad como observadores en el juicio que se sigue a Sadam Hussein, con el que el letrado español mantuvo una interesante charla de seis horas. Tan impresionado quedó Hussein de la elegancia de Saavedra, que le pidió un pequeño favor: enseñarle a colocarse el pañuelo en el bolsillo superior de la chaqueta, una coquetería masculina que, dado el dramático momento por el que pasa, no deja de ser una curiosa frivolidad.

CHSSSSS... ¿Dónde se encuentran las dos gigantescas granadas de oro que Sadam Hussein ha reconocido haber regalado al Rey Don Juan Carlos durante la visita oficial que el soberano español realizó a Bagdad, el junio de 1978, al regreso de Irán y China? ... ¿Qué ilustre dama, muy, pero que muy conocida ella, decidió pasar un fin de semana, en Galicia, concretamente en una casa rural en Aldán, Cangas de Morrazo, con quien había sido, hasta ese momento, su compañero sentimental, para despedirse de él y comunicarle que se casaba... con otro? ... Una famosa y querida periodista está sufriendo la maldición de Babel por culpa de haberse enamorado de un hombre que sólo habla inglés, porque de Inglaterra es, mientras ella, andaluza de nacimiento, sólo habla español. Para intentar que la relación funcione, se ha puesto a estudiar intensamente la lengua de Shakespeare aún sin muchas esperanzas ni sobre el idioma ni sobre la relación.

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