Muy pocos deciden sobre la situación de muchos, en La Vanguardia
El nepotismo y las redes clientelares que cierran los ojos a lo que ocurre en otras áreas siempre y cuando su terreno se respete son la peor cara de la universidad española. Montse Palma, portavoz de educación del PSOE en el Congreso, repara en que si tradicionalmente se vincula la endogamia al localismo, lo cierto es que "lo que ha funcionado, y la ley anterior acentuaba, es la cooptación por áreas de conocimiento, decidiendo muy pocos sobre la situación de muchos en función de filias y fobias personales y profesionales". Ese reparto de posiciones, que, como afirma el profesor Víctor Sampedro, es también "un reparto de áreas académicas que conforman clubes privados de acceso a los fondos y a los puestos de trabajo", configura esferas de poder frente a las que quienes ocupan los niveles inferiores tienen una defensa de muy limitado alcance. Según el psicólogo Iñaki Piñuel, "en muchos departamentos, las decisiones se toman por unanimidad, ya que la precariedad es elevada y nadie se atreve a manifestar oposición". Guillem Bou asegura que eso propicia los abusos, que irían desde "dar siempre la razón a quien tiene tu futuro en sus manos, hasta ser obligado a decorar el departamento".
Una situación que para el docente Pablo Sánchez León tiene que ver con "con el establecimiento de una jerarquía y de un orden. En la universidad interesa menos la fama que el poder, y lo importante es disponer de peones, de gente que te debe favores". Una situación prototípica se daría cuando un profesor titular se dirige a un catedrático que le puede proporcionar fondos para un proyecto de investigación, quien a cambio le solicita que coloque en su departamento a un alumno suyo para quien no tiene plaza. El final de este proceso de intercambio de servicios y de mantenimiento de micropoderes es "un resentimiento muy acentuado, incluso entre los elegidos, ya sea porque les han concedido la plaza mucho después de lo que les correspondía, porque no sienten valorados sus méritos o porque han sido agraviados de otros modos". Lo peor, finaliza, "es que esas mismas personas con las que puedes coincidir en su análisis del mundo y que a escala pública son grandes defensores de la virtud ciudadana, actúan así en su departamento".
Y se trata de un estado de cosas que no varía según se asciende en la escala. Según Luis Sanz, estos procesos estarían conectados con la estructura de gobierno de las universidades, donde "la representación de los intereses es más política que científica. Quien quiera ser rector tendrá que ganarse los votos como un político y comportarse como tal. Y eso en una institución de investigación es un desastre, porque el rector querrá ser reelegido, y tenderá a llevar a cabo actuaciones cortoplacistas o llegar a acuerdos con quienes le prometen el voto". Coincide Iñaki Piñuel, para quien "el universitario es un sistema de poder medieval donde el candidato a rector muchas veces sólo tiene que prebendar (o incluso comprar) a quienes le darán su voto", una situación muy negativa que empeora cuando el nombramiento del rector es a través del Claustro.
Estamos ante un problema de difícil solución. Y lo es aún más porque, al no existir mecanismos sólidos de corrección, se llega a situaciones paradójicas. "Imagina - dice un profesor anónimo- que tienes trabajando para ti a alguien que tiene escasas (pero valiosas) publicaciones y concurre otro candidato a la plaza que tiene más trabajos, pero de una calidad mínima. ¿Te dejarías comer la plaza?. Si alguien se comporta de manera correcta, sale perdiendo, porque si actúas como debes llega otro que se aprovecha de tu candidez. O sea, que es mejor actuar como los demás"
