La gran excepción, de Xavier Batalla en La Vanguardia
Francia es una excepción por su modelo económico, como no se cansan de repetir los anglosajones.
El capitalismo anglosajón considera haber dado dos lecciones históricas al dirigismo francés: la primera en el siglo XIX, cuando se dice que Francia aprendió algo y vio cómo subía la izquierda marxista, y la segunda a finales del siglo XX y principios del XXI, cuando la derecha proanglosajona se queja de que el estatalismo francés no escarmienta y no se adapta a la globalización. Pero Francia también es una excepción política, aunque sólo sea por el carácter a menudo imprevisible de sus elecciones presidenciales.
Ségolène Royal ha sido elegida oficialmente candidata socialista a la presidencia para los comicios que se celebrarán la próxima primavera. También es una excepción que una mujer tenga posibilidades de convertirse en presidenta, pero lo más excepcional del caso es que, al menos en parte, la suerte electoral de la candidata socialista dependerá de lo que haga, o deje de hacer, el presidente saliente, el gaullista Jacques Chirac.
Chirac ha sido un especialista en carreras presidenciales, tanto cuando las ha perdido como cuando las ha ganado. Nadie mejor que uno de sus eternos rivales, Valéry Giscard d´Estaing, que en teoría es de su misma familia política, para explicar cómo se comporta Chirac cuando toca acudir a las urnas. El ex presidente Giscard, que fue derrotado por el socialista François Mitterrand en 1981, lo ha contado en sus memorias, Le pouvoir et la vie.Dice Giscard que el 15 de diciembre de 1995, cuando Mitterrand estaba al borde de la muerte, acudió al palacio presidencial con el propósito de averiguar lo que había ocurrido entre el dirigente socialista y Chirac en la víspera de los comicios de 1981. Según Giscard, Mitterrand le confesó: "No recuerdo las palabras exactas, pero el mensaje de Chirac fue muy claro: ´Tenemos que deshacernos de Giscard´. Me sorprendió". Poco después, Mitterrand derrotó a Giscard, de centroderecha pero no gaullista. "Fui elegido gracias a los 550.000 votos que me proporcionó Chirac en la segunda vuelta", dice Giscard que le dijo Mitterrand.
Las comparaciones pueden parecer odiosas, pero Nicolas Sarkozy, el favorito de la derecha para las elecciones de la próxima primavera, actuó en una ocasión como Chirac, y lo hizo contra el mismísimo Chirac. En los comicios de 1995, Sarkozy tomó partido por Edouard Balladur, rival de Chirac en el centroderecha. Pero, para su desgracia, le falló su nariz política. Chirac, que seguramente tendrá tan buena memoria como tiene Giscard, no habrá olvidado el detalle de Sarkozy.
¿Qué hará ahora Chirac, que se ha pasado su segundo mandato despotricando sobre el modelo anglosajón? Es un misterio. Pero si no se presenta a la reelección, Sarkozy tampoco tendrá motivos para dormir tranquilo. Ségolène Royal es socialista, por lo que no hace ascos al modelo francés; republicana hasta la médula, como Chirac; hija de general, lo que no es poco, y además dice, como en su día Mitterrand, que el uniforme del general De Gaulle le va a la medida. Por el contrario, el mensaje de que hay que cambiar de verdad el país lo recibe Chirac por su derecha, con Sarkozy al frente. Y cuando el londinense The Economist dice que Francia necesita una señora Thatcher no piensa en Ségolène Royal, sino en Sarkozy, al que ve con los pantalones de la Dama de Hierro.Francia, pues, sigue siendo una gran excepción.
