El secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, no atraviesa por una buena racha. La prensa iberoamericana se le soliviantó en una reciente comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero y su departamento corrigió tarde una entrevista con el presidente publicada ayer en Le Figaro, de tal forma que la edición digital del diario francés mantuvo durante parte de la noche del martes un titular de alto impacto político: “Nosotros hemos cumplido nuestra parte del contrato” con la banda terrorista ETA. Frase replicada ad infinitum entre las tertulias radiofónicas de esa noche hasta que alguien de Comunicación de Moncloa pidió su supresión.

Al parecer, la polémica expresión ha resultado ser una traducción libre de la entrevistadora, al francés, de esta declaración de Zapatero: “Nosotros hemos hecho lo que teníamos que hacer” y, ahora, “la pelota está en el campo de ETA”.

Toda persona tiene derecho a matizar con antelación las declaraciones atribuidas a ella en una entrevista, en especial un presidente del Gobierno. Es una norma de estilo de obligado cumplimiento en muchos periódicos. Pero algo falló en Moncloa, porque la expresión no se corrigió con antelación y apareció en la página web del periódico galo, como noticia de avance de la entrevista.

La responsabilidad de este fallo apunta a Gabriela Cañas, la directora de Comunicación Internacional, y a su superior, Moraleda. El secretario de Estado, quien no suele leer los periódicos digitales, paseaba ayer su tristeza por el Congreso y recibía algunas palmadas de apoyo del ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, y del secretario de Organización del PSOE, José Blanco.

A esta circunstancia hay que sumar una desagradable situación vivida por Zapatero y Moraleda en la reciente Cumbre Iberoamericana celebrada en Montevideo (Uruguay). Varios informadores iberoamericanos protestaron ante el presidente porque no les dejaban hacer preguntas en su comparecencia de prensa. Cuando Zapatero optó por darles la palabra, las preguntas fueron descorteses, lo que llevó al secretario de Estado a encararse con ellos pidiendo “un poco de respeto”. Una vez terminado el acto, reprochó en tono agrio a un veterano periodista español, en público, que no le toleraba su comportamiento y le espetó: “Estoy hasta los c… de ti. No te aguanto más”, según testigos presenciales. Al día siguiente ambos hicieron las paces.

La razón de tamaña revuelta reside en la última moda en Comunicación Política: convocar una declaración ante la prensa y no permitir preguntas. Modalidad frente a la que han protestado las asociaciones profesionales. El caso es que, en la primera jornada de la Cumbre, Moncloa optó por una declaración de Zapatero ante las reducidas dimensiones de la sala prevista por la organización.

Pero hubo un par de imprevistos: había pocos mandatarios en ese momento en el edificio y, encima, la megafonía anunció esta convocatoria “sólo para periodistas españoles”. La respuesta: casi doscientos informadores de toda Iberoamérica se apelotonaron en la diminuta sala. En vista de la tensa situación creada, el presidente optó por responder a cuatro o cinco preguntas.

Fue en una posterior rueda de prensa cuando Moraleda calificó al Rey don Juan Carlos de “facilitador” por intervenir ante el Gobierno argentino en favor de la papelera Ence. Expresión que al día siguiente se sustituyó por un diplomático “buenos oficios” del monarca.

Un equipo de Moncloa supervisó la organización

En fuentes de Moncloa explican que la elección de una sala pequeña para la comparecencia de Zapatero residió en el país anfitrión, ya que los gobiernos invitados “tienen poco margen” para cambiar lo previsto en una Cumbre.

Sin embargo, un equipo de quince personas del staff de Moncloa viajó en julio a Montevideo para asesorar al Gobierno uruguayo en la organización de esta reunión, según ha podido saber El Confidencial. Ese equipo supervisó a los uruguayos en materia de protocolo, seguridad y prensa. La fórmula es habitual en las visitas oficiales españolas desde hace más de 20 años y se llama técnicamente avanzada.

En fuentes del entorno de Moraleda insisten en que el error de la comparecencia residió en el tamaño de la sala y rechazan que haya que corregir el procedimiento en la toma de decisiones de Moncloa, a pesar de los fallos detectados en las visitas internacionales, como reveló este diario hace un mes (ver noticia).

Lo que no fue un fallo fue la ocultación de una parte del posterior viaje de Zapatero a Turquía, donde habló de su Alianza de Civilizaciones. La visita oficial comenzó el pasado domingo, pero el área de Moraleda ocultó a los periodistas que el presidente llegaría dos días antes a Turquía, el viernes, para pasar allí el fin de semana en compañía de su esposa, Sonsoles Espinosa. La explicación aportada cuando se descubrió el pastel: se trataba de una visita privada.

Y como los errores se encadenan con otros errores, el equipo de Moraleda acusó ayer al PP de tener el "hábito de mentir" cuando esta formación reveló que Mariano Rajoy se entrevistó con el presidente de Guinea, Teodoro Obiang, a petición del Gobierno y para "no dejar solo al Rey". Ya por la noche, el secretario de Estado de Exteriores, Bernardino León, desmintió a Moncloa y admitió que había transmitido al PP el interés de Obiang por reunirse con Rajoy.