La Coctelera

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16 Noviembre 2006

En búsqueda de un mundo mejor, de Javier Santiso en Expansión

Las multinacionales extranjeras no tienen buena prensa en América Latina. Las encuestas de opinión y las columnas de los periódicos latinoamericanos lo resaltan a menudo. Sin embargo, y esto es una gran paradoja, estas mismas empresas suelen ser actores claves del desarrollo económico y social en los países de la región.

Desempeñan un papel central en su desarrollo económico, generando empleo, nutriendo las arcas fiscales, aumentando la productividad. Igualmente en el ámbito social, sea mediante sus propios programas educativos, financieros o sanitarios, o mediante sus fundaciones corporativas, éstas mismas empresas proveen importantes insumos y bienes públicos a la colectividad.

Precisamente con el propósito de contribuir a este debate, el Centro de Desarrollo de la OCDE ha iniciado un programa de investigación que busca evaluar los impactos sobre el desarrollo económico y social de las empresas extranjeras en América Latina. Así, en el marco del Foro Latibex de la Bolsa de Madrid que se celebra estos días, una primera conferencia sobre el tema de las multinacionales y el desarrollo.

Un sector de especial interés, por sus reverberaciones sobre la productividad macroeconómica y la productividad de la economía, es el de las telecomunicaciones. La contribución de las TIC (Tecnologías de Información y Comunicación) al desarrollo económico y a la reducción de la pobreza ha sido importante como lo resaltan diferentes estudios. Así, un trabajo empírico realizado por el Banco Mundial, a partir de una muestra de 56 países en desarrollo, muestra que las empresas que utilizan las TIC crecen más, invierten más y son más productivas y rentables que las que carecen de TIC.

El ejemplo de Telefónica

En este sector, una empresa que ha desempeñado un papel clave en América Latina es Telefónica. Ésta ha sido, a lo largo de la última década, uno de los mayores inversores extranjeros en América Latina. Telefónica es hoy una de las primeras capitalizaciones bursátiles en su sector, por delante de gigantes como France Télécom o Deutsche Telekom. En total, volcó, entre 1990 y 2005, casi cien mil millones de euros en adquisiciones internacionales e inversiones en infraestructuras en el extranjero.

El grueso fue a parar a una región en desarrollo: América Latina. Invirtió un récord de 70.000 millones de euros en esta región si se acumulan las adquisiciones iniciales y, posteriormente, las inversiones en infraestructuras tecnológicas. Esto la convierte en una de las multinacionales europeas que mayor apuesta ha hecho por países en vías de desarrollo.

Su contribución al desarrollo económico no deja de ser, por lo tanto, llamativa: sus ingresos locales representan como media 1,8% del PIB de los principales países en los que opera (2,3% del PIB en España y Perú, 1,8% del PIB en Chile, etcétera), contando con 110.000 empleados en América Latina (para un total mundial de 190.000 a mediados de 2005).

En 2005, Telefónica era el segundo mayor contribuyente de impuestos en Brasil (con 2.830 millones de dólares, que representan, a título ilustrativo, el 5% de la recaudación federal por concepto de impuestos), por detrás de Petrobrás, y el cuarto mayor empleador del país (con 44.000 trabajadores), por detrás de Correos y las distribuidoras Pan de Azúcar y Carrefour.

Penetración

El esfuerzo de la empresa para potenciar el acceso a la telefonía fija y móvil en el continente, y de manera general a la digitalización, ha sido también significativo. Así, la digitalización de la planta de telefonía alcanza el 100% en Argentina, Brasil y Chile, y el 97% en Perú, países donde la empresa tiene posiciones importantes. Igualmente, la cobertura de telefonía móvil se fue ampliando en la región, alcanzando tasas elevadas, incluso en países con geográficas complicadas y segmentadas como Colombia.

Esfuerzos particulares se llevaron incluso a cabo en dirección de las poblaciones más desfavorecidas, como en el caso de Perú, para potenciar el acceso a las zonas rurales más remotas, o facilitar la difusión tecnológica a micro-empresarios, por ejemplo, en las zonas pesqueras de la costa.

Igualmente, en toda la región, los tiempos de espera para obtener una nueva línea se desplomaron y las listas de espera menguaron rápidamente: en Brasil, por ejemplo, del millón de líneas en espera en 1999 se pasó a 200.000 en 2004, mientras que los tiempos de espera se vieron reducidos a alrededor de un mes en Perú, Ecuador y el propio Brasil en el mismo espacio de tiempo, plazos inimaginables en 1994, cuando en Argentina y Perú se llegaban a esperar, respectivamente, 49 y 72 meses para la instalación de una nueva línea.

La contribución de las empresas de la OCDE al desarrollo en América Latina es un tema de análisis pendiente. La realidad económica y social de esta presencia y su contribución efectiva queda todavía por medir con rigor. Sin embargo, como aquí he esbozado, es, sin duda, una de las cartografías más apasionantes por diseñar, precisamente por la escasez de demostración, a pesar de la evidencia empírica.

Esta presencia tiene, por supuesto, sus claros y oscuros. Sin embargo, como en todo gran lienzo, en ella abundan los esbozos y sus inevitables desventuras. Sin embargo, como también en todo gran lienzo, en ella aflora también la búsqueda de un mundo mejor.

Javier Santiso. Economista jefe y director adjunto del Centro de Desarrollo de la OCDE.

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