Todo apunta a que estamos a las puertas de un parón en el proceso de paz en Euskadi. Pero nadie se atreve a aventurar si este frenazo inminente será de tipo técnico o si se tratará de un parón definitivo que cierre las puertas a las expectativas que se abrieron cuando, en marzo de 2006, ETA declaró el alto el fuego permanente.
Lo más sorprendente de la situación actual es que parece que las partes implicadas en el diálogo (ETA y Gobierno) no saben cómo resolver los desencuentros que han ido apareciendo. Es muy grave que los que estuvieron en los fogones del proceso no hubieran previsto los mecanismos de gestión de la crisis.
Las crisis en procesos de paz son normales y no tienen por qué derivar en males mayores si se saben administrar. Lo que no es normal es que los que llevan el proceso de paz no cuenten con los instrumentos para administrar estas situaciones. De confirmarse las peores hipótesis, estaríamos ante una falta de seriedad por parte de los que impulsaron el proceso de paz. Sin ningún tipo de dudas, esta situación acabará pasando factura a los que se sustentan sobre unos mecanismos democráticos, es decir, el Gobierno español, a no ser que en las próximas semanas encuentre la vía para encauzar de nuevo lo que ahora todo el mundo da por desencaminado.
El proceso de paz no puede desligarse del conflicto político en Euskadi. Y pretender que el proceso va a tener continuidad sin que la mesa de partidos políticos se active y Batasuna sea legalizada, directa o indirectamente, es una pretensión del todo errónea. De la misma forma que no es de recibo que el proceso tenga continuidad si ETA sigue teniendo activada la vía delictiva, aunque esta no genere atentados. No es cierto que ETA haya entrado en un proceso irreversible hacia la paz.
La izquierda aberzale ha dado históricamente muestras de su capacidad de sobrevivir en situaciones adversas. Así pues, que nadie espere situaciones milagrosas que no van a producirse. O se activan las dos vías previstas originariamente para resolver el conflicto, la política entre los partidos y el fin de la violencia y presos a cambio de armas, o resurgirá el terrorismo.

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