LOS DÍAS VENCIDOS

Las conspiraciones

En el panorama político, hay lo que hay. A veces, unos ganan y otros pierden. A veces, los que no ganan se ponen de acuerdo para evitar volver hacia atrás, aunque sea por los pelos. Pero nada de esto es novedad. Lo verdaderamente nuevo ha sido ver manifestantes en la plaza de Sant Jaume y escuchar cazuelas de protesta contra el nuevo Gobierno surgido a trompicones de las urnas. Es nuevo y hasta saludable, porque la manifestación pública del descontento está en la base de la democracia. Pero en la base de la democracia también están las reglas del juego. Y las reglas son así. Nadie las ha querido cambiar durante dos décadas porque permitían seguir gobernando a aquellos que podían cambiarlas. Y ya dice la vieja máxima que, cuando algo funciona, mejor no arreglarlo.

Lo que ya no es tan saludable es ese afán de regar la protesta con la deslegitimación de los resultados. Los pactos no son flor de un día. Hace falta un campo abonado para que esos pactos fructifiquen. Y, cuando no dan el fruto esperado, hay jardineros dispuestos a quemar la cosecha adversa o, en el mejor de los casos, a no hacer nada para extinguir las llamas. Hace tres años se habló del tripartito como una "martingala". Hoy se repite el pacto, y los que han quedado fuera lo definen como una "maniobra". Hace unos meses, todo eran abrazos y fotografías en la Moncloa. Hace unos años, todo eran sonrisas en el Majestic. También eran martingalas, y nadie fue llamado por SMS a manifestarse en contra.
La explicación es evidente: una vez más, la Catalunya ungida para gobernar ha sido objeto de una conjura por parte de los usurpadores.

La idea de la conspiración tiene muchas ventajas. En primer lugar, exime a sus víctimas de la necesidad de la autocrítica. En segundo lugar, demuestra el poder de los conspiradores y resucita la paranoia ancestral de un pueblo vencido que se siente más rearmado cuando pierde que cuando se pone de acuerdo. Mientras se protesta contra la conspiración del nuevo Gobierno, otras conspiraciones más dolorosas continúan campando por ciertas ondas y cierta prensa. La conspiración de verdad es la del anticatalanismo rampante. Pero los necios, cuando señalan la luna, solo son capaces de mirarse su propio dedo.

Despreciable silencio

En el interior de un túnel, un tren detenido y el silencio. Todo es comprensible: un cambio de agujas maltrecho, una excavadora torpe, incluso el pinchazo de las ruedas del ferrocarril. Pero lo que no se entiende es el silencio ante la desgracia. Todo tiene un origen. Cuando en el diálogo entre poder y ciudadano se instituyó el llamado "silencio administrativo", se vino a reconocer que la Administración no podía atender a los administrados. Así estamos todavía. En tiempos de gloria de la comunicación, el usuario es una simple mercancía que no merece ser informado. Ponemos nuestras vidas en sus manos y ni siquiera son capaces de gritar ¡las mujeres y los niños primero!. Ahí os quedáis, en el tren de la bruja, y sálvese quien pueda.

Cristalografía

Después del amor, cuando la amada se va calle abajo, hay que doblar las sábanas con cuidado y dejarlas al sol. No es por higiene. Es por si las caricias acaban cristalizando en piedras preciosas. En torno al cuello de los besos, la joya de la sorpresa siempre renovada.