Moscú, mayo de 2000, seis años antes del asesinato: la guerra de Chechenia y el triunfo de Putin en las elecciones ha cambiado radicalmente el planteamiento del 67 º Congreso Internacional del PEN. No se invita a ninguna autoridad del gobierno a la inauguración del Congreso, se rechazan las subvenciones gubernamentales: la prioridad es apoyar al PEN ruso y a los escritores de todo el país, como Politkovskaya. Günter Grass lee su discurso Nunca más callados,denunciando la devastación de Grozny y poniéndola en relación con los genocidios del siglo XX. En una de las sesiones de trabajo entablo amistad con el periodista ruso Víctor Popkov.
Londres, diciembre de 2001: Anna Politkovskaya se dirige al 68 º Congreso Internacional del PEN. Ha salido de su país a causa de las repetidas amenazas de muerte. Su denuncia de lo que ocurre en Chechenia es muy clara: "Cuando las personas son ejecutadas en un territorio determinado a causa de su nacionalidad, se trata de un genocidio. La destrucción incluye niños, mujeres, incluso mujeres embarazadas, qualquier persona. He estado presente en la apertura de fosas comunes secretas, he visto todos los cuerpos con señales de tortura. A muchos les habían arrancado el cuero cabelludo. La gente había sido torturada de las más horribles maneras, con torturas medievales. Eran cuerpos amputados. Puedo entender incluso que se pueda llegar a sospechar que todos los hombres son guerrilleros, pero cuando ves los cuerpos de los niños y de las mujeres en las fosas te das cuenta de que es un genocidio." Anna fue detenida en Chechenia por el ejército ruso, sufrió la simulación de un fusilamiento: dispararon sin tocarla. La campaña por su liberación evitó lo peor. Tres meses después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, en Londres el PEN advierte que las medidas de emergencia adoptadas por los gobiernos para combatir el terrorismonodeben poner en peligro los derechos fundamentales. He conversado con Anna en la cafetería del hotel, y le he preguntado por Víctor Popkov: lo mataron de un tiro por la espalda mientras hacía su trabajo de periodista en Chechenia.
Ohrid, Macedonia, septiembre de 2002. Anna Politkovskaya asiste a la sesión sobre escritores perseguidos del 70 º Congreso Internacional del PEN. Las federaciones del PEN debaten estrategias para protegerla. Ella seguirá escribiendo sus bellos artículos en los cuales dedica largos parráfos a recoger, fielmente, la voz de las víctimas. Decidimos que sea invitada por las federaciones del PEN del mundo entero, que el régimen de Putin sepa que se trata de una escritora respetada. Immediatamente hablo con Anna: vendrá a Barcelona dentro de dos meses.
Barcelona, 15 de noviembre de 2002, Día del Escritor Encarcelado. Unos días antes, en un artículo publicado en Cultura/ s,he dado publicidad a los datos recogidos por el PEN: más de cuarenta países han impuesto nuevas legislaciones que, con el fin de combatir el terrorismo,debilitan los derechos humanos; ha aumentado un veinte por ciento el número de escritores encarcelados en el mundo (887 en prisión). Anna Politkovskaya pasa tres días en Barcelona: una conferencia en la Universitat Pompeu Fabra, entrevistas en la prensa, la radio y la televisión, comidas y cenas con los miembros del PEN catalán. Nos electriza con su testimonio en el Col · legide Periodistes: Anna concluye con mucha fuerza, y la intéprete vacila. Hay un breve silencio, esperando la traducción. Finalmente llegan las palabras de Anna traducidas: "Putin es un racista patológico. Putin es un asesino." Quien se sienta a mi lado comprende el ruso: "Anna no ha dicho asesino sino carnicero." (Tras su asesinato he recordado a menudo el instante de silencio de una intérprete que sabía perfectamente qué significaban aquellas palabras para la vida de Anna).
Barcelona, marzo y junio de 2004. Politkovskaya ha venido dos veces: primero a recoger el premio Manuel Vázquez Montalbán que le ha dado el Col · legide Periodistes, y luego para participar en la conferencia internacional El valor de la palabra dedicada a la situación de los escritores perseguidos y organizada por el PEN en el marco del Fòrum. Anna conversa con Salman Rushdie, Ali Lmrabet, Martxelo Otamendi, la norteamericana Frances Fitzgerald, el afgano Waheed Warasta o el sirio exiliado Faraj Bayrakdar, y con escritores catalanes como Emili Teixidor, Vicent Alonso o Dolors Oller.
Debaten sobre el informe Antiterrorismo, escritores y libertad de expresión,que constata que los ataques a la libertad de palabra se arropan con el lenguaje de la lucha antiterrorista.
Frankfurt, 7 de octubre de 2006. Han asesinado a Anna Politkovskaya en Moscú. Un relámpago cruza la Feria del Libro y fulmina a quienes la conocíamos. Encima de su mesa, Anna ha dejado un artículo inacabado: "Cada día tengo delante decenas de carpetas. Son copias de los expedientes por las causas penales de personas encarceladas o que se encuentran bajo investigación por ´terrorismo´. ¿Por qué escribo ´terrorismo´ entre comillas? Porque la mayoría de estas personas han sido designadas terroristas. (…) Cuando la fiscalía y los tribunales no trabajan en nombre de la ley ni para castigar a culpables, sino por encargo político y para rendir cuentas antiterroristas al Kremlin, las causas penales se fabrican como churros." En el homenaje a Anna del día siguiente, junto al representante de Memorial, a su editora francesa, y al presidente del PEN noruego, leo lo que me dijo en la cafetería de Londres hace cinco años: "Llevo dos meses en el exilio. Es lo peor que jamás me haya ocurrido, tener que huir de mi país. Es exactamente lo que querían las autoridades, porque desde el principio han hecho cuanto han podido para que dejara de trabajar. De hecho, lo han conseguido. Por eso todo lo que hago ahora tiene un único objetivo: volver. Me han propuesto que me quede en Europa o en Estados Unidos pero, hasta que esta guerra no haya acabado, yo tengo que estar en mi país. No puedo evitarlo."
Tres días después, tres días después del asesinato de Anna Politkovskaya el presidente ruso Vladimir Putin ha dicho: "Su influencia en la vida política de nuestro país era insignificante. Su asesinato causa mucho más daño" que sus escritos. Como cualquiera que escriba sobre ella, este cronista ha tenido que decidir sobre esas palabras insultantes de Putin. ¿Ha sido insignificante el trabajo de mi amiga? ¿Ha sacrificado su vida en vano? ¿Su voz ha sido escuchada? ¿Lo será jamás? ¿O ganó la partida la corrección política del discurso antiterrorista que tan bien sirve a los intereses del Kremlin? La respuesta a esas preguntas pasa necesariamente por repetir aquello por lo que ella dió su vida: denunciar el crimen de Chechenia, intentar parar esa guerra, dar la palabra a las víctimas.
Anna Politkovskaya nació en Nueva York en 1958 en una familia de diplomáticos soviéticos de origen ucraniano. Inició su carrera en 1982, en el diario ´Izvestia´. Tras los años de la perestroika y la transición rusa, en 1999 entró en ´Novaya Gazeta´, donde seguía publicando sus artículos cuando fue asesinada. En los últimos años Politkovskaya destacó por sus trabajos sobre la guerra de Chechenia con una voz crítica frente a la política del Kremlin, denunciando las atrocidades del ejército ruso.

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