Hay quien dice que Montilla ha pagado los platos rotos de tres años de tripartito. Es casi tanto como decir que no tiene mucha relación con los 241.687 votos que ha perdido el PSC. Vamos por partes: cuando alguien deja de votar una opción política que había votado, es porque se siente desengañado con aquellos en quienes había depositado el voto y la confianza.
Muchos votantes del PSC se han abstenido, desengañados. Porque han considerado que había faltado liderazgo o que el president tardó demasiado en echar del Govern a los consellers de ERC. O por la supuesta deriva nacionalista del Govern. O para dificultarle las cosas a ZP, o por lo que Zapatero le ha hecho a Maragall. También, por la actitud pasiva de Montilla en la operación Zapatero-Mas para descabalgar a Maragall. Y hay gente --no poca-- a la que le ha parecido, simplemente, que Montilla no les transmitía lo mínimo imprescindible para confiarle el voto.
También en ERC hay desengañados. Empezaron ya en diciembre del 2003, al constituirse el Govern. Siguieron a finales de enero del 2004, con el asunto de Perpinyà. Desengañados con cartas --a militantes-- y carteras. Con el Estatut --según ellos-- descafeinado. Y también (¿muchos?) con la decisión final en el referendo.
¿Desengañados en CiU? También. Por el pacto ZP-Mas. Por cortar los puentes con ERC --e incluso con el PSC--, por maltratar al president, por el DVD y el estilo de una campaña planteada con soberbia.
Sí que hay una transversalidad del desengaño: la del agotamiento por el excesivo ruido producido por el debate estatutario, por el choque Govern-oposición y por el espectáculo mediático. Pero Catalunya --y España-- tienen mucho de farisaico. Tanto en la política como en los medios de comunicación.
Más de 350.000 ciudadanos han decidido ahora quedarse en casa por "el desengaño con los suyos". Las razones del desengaño son de naturaleza más íntima y más compleja que las del voto. Quizá con todo ello haríamos un mosaico que nos ayudaría a entender un poco más la complejidad de los platos rotos. Finalmente, ¡oh, paradoja!, si tanto restaba el tripartito, ¿por qué ICV, defendiéndolo a tope, ha renovado y ampliado la vajilla?

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