La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

13 Noviembre 2006

Paz sin guerra, de David Torres en El Mundo

A DIESTRA Y SINIESTRA

El proceso de paz en el País Vasco cada vez se parece más a una guerra. Lógico: si no había ninguna guerra antes, primero tendrá que haber una para que luego llegue la paz, no vayamos a liarla. Una paz sin guerra previa es como un pitillo poscoital sin coito, como un cigarrito de después sin antes, sin polvo y sin orgasmo. Hay que ser cautos y proceder por orden.

Antes de las huelgas de hambre con potitos y de los chavalines jugando con mecheros, ETA no hacía la guerra, sino que practicaba unos deportes locales que consisten en esperar a un jubilado a la salida de un ascensor y pegarle un tiro en la nuca. O en colocar una bomba al paso de un autobús. O en dejar un explosivo en el suelo, metido en una bolsa de plástico, para que una niña le pegue una patada y le arranque las piernas. O en jugar al escondite con un funcionario durante dos años.

Ninguna de estas actividades, por bestias que sean, pueden adscribirse bajo la categoría de actos bélicos, por la misma razón que en un catálogo de armas de fuego no aparecen un bolígrafo o una nuca. Pensar que en el País Vasco hay una guerra o un conflicto armado es como pensar que el secuestro, el tiro de gracia, la bomba-lapa o el sobre-bomba son modalidades de deportes vascos, igual que la cesta-punta, el levantamiento de piedras o el corte de troncos. De Juana Chaos sí lo piensa y por eso festejaba cada nuevo muerto de la banda con un brindis y unas risas, como si su primo aizkolari acabase de batir otra marca.

Hablar de la paz antes de la guerra es ponerse a leer a Tolstoi por el final, empezar el libro por el culo y seguir y seguir hasta la invasión de Rusia. Pero todo es posible para este presidente risueño que ha decidido equiparar las víctimas del terrorismo con las de las catástrofes naturales, la guerra con la hambruna y el napalm con la malaria. En este cursillo avanzado de espiritualidad oriental por el que Zapatero se mueve como Dan Brown por La última cena, De Juana Chaos ha decidido asumir el papel de víctima propiciatoria. Desde esta perspectiva neobudista -donde el culo son las témporas- es casi inevitable que los asesinolaris de ETA se confundan con profetas de la paz, los incendios y disturbios callejeros con mensajes de paz y Arnaldo Otegi con una paloma blanca.

Todo en medio de un territorio moral donde los muertos se celebran con champán, las piernas de una niña cuentan como medida de presión política y 25 asesinatos de víctimas inocentes valen tanto como el ayuno por cojones de una alimaña. Si De Juana Chaos es una nueva edición de Gandhi en Calcuta, entonces los chavales que querían quemar vivos a dos policías sólo estaban haciendo el bonzo sin leerse bien el manual de instrucciones.

ETA ha decidido aprender filosofía oriental y Zapatero ha cambiado a Borges por Tolstoi. Respiremos hondo. La guerra y la paz sólo son ficciones del alma. Preparémonos para cualquiera de ellas.

© Mundinteractivos, S.A.

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Bienmesabe

Bienmesabe dijo

Bien dicho, pardiez.

13 Noviembre 2006 | 10:31 AM

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Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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