Ni vence ni convence, de Ramón Ramos y Pedro Gómez en El Mundo de Cataluña
Horas antes de que el líder del tripartito, Carod-Rovira, anunciara fumata blanca para la nueva entente nacional-progresista, los lectores de EL MUNDO (5/11/06) ya habían sido avisados del triste desenlace por un artículo de Joan Ferran, primer secretario del PSC de Barcelona. Ferran había titulado su texto Convencer es vencer y lo presentaba a la opinión pública como quien aplica vaselina antes de lo inevitable.
A los miembros de Socialistas en Positivo este texto nos llamó poderosamente la atención. Por supuesto, no nos sorprendió por su velado anuncio del inminente pacto, pues el tripartito es una apuesta estratégica perdurable del socialismo catalán y su reedición ya estaba decidida la noche de las elecciones: nuestros compañeros del PSC entienden que es su única manera de mantener una posición de Gobierno. Lo que nos resultó curioso es que para su elogio del PSC Ferran utilizara precisamente el título citado...¡Convencer es vencer! O el cinismo ha hecho mella en los dirigentes de nuestro partido o nuestro apreciado compañero no cayó en la cuenta de que hablar de convencimientos y triunfos para referirse al PSC es como mentar la soga en casa del ahorcado.
Ciertamente, el PSC gobierna -tras fraguar sus pactos como sea-, pero hace tiempo que ni vence ni convence. En efecto, de las cuatro posibles combinaciones de la pareja de términos unamuniana -vencer y convencer, vencer pero no convencer, convencer pero no vencer y no vencer ni convencer-, resulta obvio que sólo la última puede definir la inmediata experiencia del socialismo catalán. Por lo que respecta a vencer, la realidad es que el resultado electoral del PSC ha sido muy malo: ha perdido casi un cuarto de millón de votos respecto del año 2003 y 5 escaños en toda Cataluña y se ha quedado a 11 escaños de la primera fuerza en el Parlament. Este fracaso, además, se suma al declive que se inició en las elecciones del año 2003, en las cuales ya se perdieron 8 diputados y un importante porcentaje de votos respecto de las del año 1999. En cuanto a convencer, está claro que si el efecto Montilla pretendía movilizar la abstención diferencial -los votantes del PSOE en las generales que se abstienen de votar al PSC en las autonómicas-, su fracaso ha sido de los que deberían hacer reflexionar: la abstención ha aumentado y en las zonas donde presumiblemente se iba a ser más sensible al efecto citado es donde el nuevo partido en liza, Ciutadans, ha obtenido sus mejores resultados (¡casi un 7% de los votos del Baix Llobregat, el territorio de nuestro presidenciable!). Es seguro que si en lugar de jugar torpemente al charneguismo catalanista, el PSC hubiera propuesto un discurso serio y novedoso que pudiera servir de alternativa al catalanismo, los resultados hubieran sido muy diferentes.
Pero el caso es que el PSC, sin razones confesables para reeditar el tripartito -no cabe decirle a los votantes que de algo hay que vivir-, encuentra finalmente en la excusa de Madrid el argumento de convicción definitivo, a saber: «No unirnos a ERC sería ceder ante el PSOE, gobernar con ellos es afirmar nuestra soberanía».Y en consecuencia, el problema de desgobierno que estas elecciones anticipadas trataban de resolver lo acaban cerrando sus responsables proponiendo exactamente lo mismo que se quería evitar.
Cierto es, reconozcámoslo, que Montilla prometió «no reeditar el tripartito en las mismas condiciones», y eso lo va a cumplir, pues las condiciones actuales son notablemente peores que las de hace tres años. Para empezar, ya no estamos ante un Gobierno tripartito, que algún despistado podría interpretar en clave coyuntural, sino ante un acuerdo estructural «de mirada amplia y de duración larga», que revela la renuncia del PSC a obtener una mayoría real, es decir, una auténtica «entente nacional» construida con el objetivo de evitar «injerencias externas».¿Empezarán a ser conscientes en el PSOE de lo que supone esta apuesta estratégica? ¿Sabrán que la entente catalana en el Congreso es sólo cuestión de tiempo?
Y para continuar, tomen nota del objetivo principal de esta entente nacional-progresista: «La cohesión social para la cohesión nacional y para el despliegue cultural que este país tiene pendiente».O sea: políticas de cohesión social dirigidas no a la mejora de la vida de los ciudadanos, sino a la consecución de la cohesión nacional. Por de pronto, la cultura, la política lingüística y los medios públicos de comunicación ya están en manos de ERC.
Para quien desee calibrar el alcance de lo que esto significa, citamos literalmente a continuación algunos objetivos de la política cultural de ERC: «Recuperar las raíces, los mitos y la historia colectiva a través de la enseñanza y de los medios de comunicación, como herramienta de concienciación nacional; realizar un control lingüístico y de contenidos de los medios de comunicación, con el fin de garantizar que estén al servicio de la lengua y la cultura de nuestro país; asegurar que la escuela y la enseñanza, en general, sean una herramienta de transmisión de nuestra identidad; recuperar el uso del catalán en todos los ámbitos, públicos o privados, situaciones y funciones, estableciendo la obligatoriedad del conocimiento y del uso de la lengua, con las sanciones que haga falta».
Parece que al PSC estos argumentos le han parecido convincentes: así Montilla será presidente.
Ramón Ramos y Pedro Gómez son miembros de la corriente Socialistas en Positivo
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