La gran innovación del nuevo gobierno tripartito supone la cesión de la cartera de Interior al líder de Iniciativa per Catalunya, Joan Saura. Difícilmente habrá otro gobierno de coalición en el mundo en que el partido mayoritario ceda el control del orden público a otro minoritario, pero es que en este caso, no se cede al segundo, sino al tercero, y siendo éste el partido que está ideológicamente situado más a la izquierda de los tres. También será muy extraño hallar en alguna otra democracia del planeta un departamento que comparta el área de policía con las relaciones institucionales, como prevé hacer Saura. Es decir, deberá dividir su tiempo en atender al Programa per a l´Institut de la Pau, por ejemplo, y a controlar la seguridad ciudadana. La fórmula, aparte de original, se antoja complicada. No hace falta entrar en detalles sobre la estupefacción que existe en el Ministerio del Interior y entre los principales responsables de seguridad del país por este nombramiento.

Explican que cuando le preguntaron a Montilla por qué cedía las atribuciones de un área tan sensible e importante a Saura, el futuro president comentó que se había acabado "la época del hippy, happy, flower". Esta frase, repetida durante toda la campaña por Carod-Rovira en sus mítines, presenta a Iniciativa como un partido más pendiente de hacer un integrismo ecologista y feliz que de solventar los problemas reales de los ciudadanos. Caricaturas al margen, la dirección del PSC cree que el éxito electoral de Saura se ha debido a que durante los tres últimos años no ha sufrido ningún tipo de desgaste político por las características de su conselleria. Saura sólo aparecía para hablar sobre las bondades del Estatut y apenas tenía que dar cuentas a nadie de un departamento esculpido a su medida. Con menos finura, CiU lo bautizó como departamento florero. Ahora, en cambio, aparecen muchas espinas encima de su mesa, como serán el despliegue de los Mossos, la inseguridad ciudadana, los incendios, los accidentes de tráfico y las inclemencias del tiempo.

Saura no es ningún ingenuo y su primera reacción fue de rechazo. Las versiones de los testigos de la reunión discrepan. Hay quien asegura que Montilla se plantó y le dijo que era el precio por estar en el Govern y hay quien opina que la imposición socialista fue menos dura. Esto es lo de menos. Lo que cuenta es que Saura aceptó el envite y el gran argumento con el que lo convencieron sus dirigentes es que era la gran prueba de fuego para demostrar lo que citaba antes: que Iniciativa es mucho más que el "hippy, happy, flower". También le dijeron que si supera con éxito la prueba, estaría en condiciones de disputar con más fuerza la hegemonía del liderazgo de Catalunya frente a un poco carismático Montilla y a un polémico Carod. Y también le recordaron que todos los titulares de Interior han tenido siempre una alta valoración ciudadana.

Justamente aquí radica la debilidad de esta segunda edición del tripartito. Cuidado. Saura debería ser el conseller de Interior porque es el más preparado para ello. Si el PSC le da esta cartera para que se queme y si éste la acepta para reivindicarse frente a los otros líderes, no es un buen inicio.

Joan Delort, otra vez Joan Delort, secretario de Seguretat Pública de la Generalitat y número dos de Montserrat Tura, seguirá en Interior y será también la mano derecha de Saura. Lo de Delort tiene mérito, porque inició su trayectoria como director general de Trànsit, con CiU, pasó a su actual cargo con el PSC y ahora seguirá con ICV. Un dato de su buena relación con Iniciativa: Delort fue jefe de la policía local de Sant Feliu de Llobregat cuando el alcalde era Francesc Baltasar y el concejal de Seguridad, Jaume Bosch.

Mas sólo habla con De la Vega Los privilegiados que tienen la fortuna de que les llame a su móvil el presidente Zapatero que aprovechen el momento, porque las frecuencias de sus llamadas duran lo que duran. Zapatero llamaba continuamente al de Mas hasta el 1-N, fecha en que dejó de hacerlo y pasó a hacerlo la vicepresidenta De la Vega. A Antoni Brufau y Joan Puigcercós tampoco los llama ya.

Zaragoza, padre del pacto Si Iceta y Puigcercós fueron los dos grandes artífices de la primera edición del tripartito, en ésta segunda ha tenido un mérito enorme el papel discreto del dirigente socialista José Zaragoza. No olviden este dato: fue el único miembro de toda la ejecutiva del PSC que votó en contra de expulsar a Esquerra del Govern. Este gesto lo llenó de autoridad moral para tender los puentes con la cúpula de ERC, antes de las elecciones, cuando todo olía a sociovergencia.