Es bien comprensible el enfado y la amargura de CiU y su candidato; demostraron su implantación, su poder político y su capacidad de liderazgo, demostraron que podrían gobernar con autoridad moral, es la verdad. Pero no pueden, ésa es la verdad también. Y no pueden porque la sociedad no les ha dado la oportunidad. Es cierto que se puede alegar que es la fuerza con más apoyo electoral pero no puede gobernar porque no tiene con quién pactar o porque, dicho de otra manera, las demás fuerzas políticas, apoyadas por la mayor parte de los electores, no quieren que gobierne en este momento. La alta abstención y el retroceso de dos de las tres organizaciones del antiguo tripartito parecen indicar que hay menos entusiasmo y más reticencia social hacia ellas, pero en conjunto lo que expresa el electorado parece ser una resistencia a que CiU vuelva al Govern. La sociedad catalana no muestra entusiasmo por el nuevo gobierno de entesa, pero por un motivo o por otro la sociedad catalana no da su confianza a CiU para gobernar.
El resultado es que ahora se consolida sin vuelta la ruptura política con los años del president Pujol en la Generalitat. Es decir, ya es historia pasada que el autogobierno catalán esté en manos de los sectores sociales que presidían el orden social de un modo natural, en manos de una clase social y de un mundo patricio que se sabía depositario de la memoria nacional catalana y al tiempo también dueño de la nación. El traidor conde don Julián que entregó las llaves del castillo a la plebe fue el president Maragall.
Ha sido más que consolidar un relevo político; es dar paso a que cristalice un relevo en la dirigencia del país. Eso, ese corrimiento sordo, es lo que realmente está sucediendo por debajo del tablero de juego de los partidos y ello se debe al cambio social, nacional, profundo que se dio en Catalunya y que ahora se hace visible y se va a hacer más acusado precisamente por efecto de la acción de gobierno. Los medios de comunicación madrileños enfatizan y celebran los diputados conseguidos por Ciutadans como la irrupción de los pijoaparte,de los outsiders sociales en una sociedad rancia y clasista, pero, sin negarles la existencia, creo que el cambio verdadero es el relevo en el puente de mando del país. El propio candidato Mas remarcó en su campaña el aspecto de encarnar el liderazgo catalán por antonomasia, "natural" y ello nos obliga a ver el verdadero carácter del gobierno de Montilla y sus aliados, Carod, Puigcercós, Saura...
Es un cambio en la estructura de Catalunya a la que todo el mundo se tendrá que acostumbrar. Pero, aunque expresa una corriente histórica de fondo imparable, no tendrá éxito político si Montilla no consigue un liderazgo claro. No basta un programa, no bastan las buenas intenciones, no basta la capacidad de gestión, hace falta liderazgo político. Y ese liderazgo personal, paradójicamente, tendrán que conseguirlo por el esfuerzo de las tres fuerzas de esa entesa.El empresariado, que tiene la obligación de ver con agudeza y perspectiva, ya ha aceptado el cambio de dirigentes, sólo pide ahora que efectivamente Catalunya esté dirigida hacia algún lado sin bandazos.

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