Mientras Zapatero y su esposa hacían turismo en Turquía, los encapuchados bajaban del monte o se encapuchaban en la herriko taberna para volver a meternos el miedo en el cuerpo. Lo de querer convertir en antorcha a un policía municipal -los culpables están detenidos- no fue cosa de un cronista imaginativo. Estuvo a punto de ocurrir y, a la vista de la crónica del fin de semana en Bilbao y otros puntos del País Vasco, eso o algo peor puede ocurrir en cualquier momento.
Que el "proceso" se tambalea es un hecho. Dos voces autorizadas, una por cada parte contratante, lo dejan claro. Desde Estambul, la del presidente Rodríguez Zapatero: "Con violencia, no hay proceso". Y desde Bilbao, la de Arnaldo Otegi: "Con agresiones, no hay proceso". Casi lo mismo, si no reparamos en el caos verbal y conceptual que reina a uno y otro lado de la mesa.
De la mesa o de la barricada, pues se hace cada vez más difícil abrirse paso en esta nube tóxica de palabras. Es imposible entenderse con un lenguaje en el que imperio de la ley se asimila a "represión" e "interlocutores necesarios" son ciertos dirigentes políticos con las manos manchadas de sangre. Esos dirigentes presentan la reciente condena al etarra De Juana Chaos como "la gota que colma el vaso" -Otegui dixit- y acusan a Zapatero de optar por la represión, mientras la banda sonora del PP sigue hablando de claudicación y entreguismo ante la banda terrorista ETA. Represión o rendición, según el cristal con que se mira, pero lo uno o lo otro es falso.
Más allá de las soflamas, mentiras repetidas y juicios de intención, lo razonable es fiarse del Gobierno de la Nación cuando advierte que no cambiará las reglas del juego -con violencia no hay tratos y si los hay será dentro de la ley- ni dará un paso más mientras el terrorismo callejero haga de las suyas. Todo ello, acompañado de la debida "firmeza" para hacer sentir "el peso de la ley", como prometió ayer el presidente del Gobierno en Estambul.
Sin embargo, en las calles del País Vasco se escenificó este fin de semana, por primera vez de forma tan clara en estos siete meses de alto el fuego, que a Zapatero no le están saliendo bien las cosas. La explicación oficial se basa en la premonición de un proceso "largo, duro y difícil". Pero algunos creemos que, además, las cosas que se hacen mal tienden a salir mal. Es hacer mal las cosas, desde el principio, fiarse de quienes cargan con un historial sangriento, afrontar la operación sin apoyarse en el pilar derecho del pueblo soberano y no pactar con la otra parte la nominación común del objetivo de las conversaciones, como condición previa al comienzo de las mismas. ¿La "paz", como dice el Gobierno, o la "solución del conflicto", como dice ETA-Batasuna? (Sobre esta cuestión clave volverá Al Grano mañana).

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