Nuestro pasmo progresa sin remedio a causa del cambiazo en la estación intermodal que nos vienen dando el Ayuntamiento y las administraciones cómplices, es decir, Ministerio de Fomento y Principado. El último dato conocido procede de la boca del concejal Jesús Morales, quien acaba de asegurar que resulta inasumible el coste de un estación soterrada en Moreda, o sea, la equivalente a la que hace tiempo esperábamos para El Humedal. O sea, la desaparición de la barrera ferroviaria en el centro urbano, al menos hasta Moreda, ya que una posible ocultación de las vías desde ese punto hasta La Calzada sería razonablemente ejecutable posteriormente.
Pero la posibilidad de que la barrera desapareciera totalmente bajo tierra se volatilizó el día que el Ayuntamiento de Felgueroso aceptó del Fomento de Magdalena Álvarez el cambio de trazado del túnel del metrotrén, de manera que éste desembocaría casi a la altura de Moreda y, por tanto, se retrasaba la estación central hasta ese punto. Siendo ésta una mala noticia -a causa de la desaparición de una instalación tan céntrica-, lo peor vino a continuación: vías de alta velocidad, de largo recorrido y del Transcantábrico, además de la futura estación de autobuses, permanecerían en superficie.
Ésta fue la puñalada. Éste fue el desmontaje de lo que el Ministerio de Fomento, bajo Álvarez-Cascos, había acordado en el año 2002 con el Ayuntamiento y con el Principado, aunque, todo hay que decirlo, la Administración regional de Areces siempre le puso mal rostro a aquella sintonía infraestructural entre Felgueroso y el ministro.
Ésta es la gran cuestión ciudadana del momento, la gran causa de Gijón de cara al futuro. Lo de «gran causa» lo tomamos por analogía con lo que sucedió en esta villa hace unos 115 años, cuando los gijoneses pretendían la eliminación del muro de Fomento, o elevación sobre la que estaban tendidas las vías del Ferrocarril de Langreo, que unían la estación del Parrochu con el muelle carbonero -el de los «docks»- del puerto local. Para entendernos, aquel muro discurría en medio de lo que hoy es la calle del Marqués de San Esteban, es decir, impedía que la ciudad se asomase al mar de Fomento y progresase el ensanche urbano en dicha zona.
Aquella batalla, de la que la ciudad de Gijón salió victoriosa, supuso el primer levantamiento de una barrera ferroviaria en la ciudad. Hoy, en cambio, ante lo que se avecina en Moreda, se puede decir que están venciendo las empresas ferroviarias, como también sucedió hace un cuarto de siglo, cuando el equipo redactor del PGOU de Fernández-Rañada y el Ayuntamiento de José Manuel Palacio tuvieron que tragarse lo que Renfe y Feve impusieron en Gijón, con el trágala incluido del Ministerio de entonces. Aquello que se perpetró entonces es lo que hoy padecemos: estación de Jovellanos infrautilizada; pasarela de Jovellanos tapiada; paso inferior hacia Carlos Marx -por el que no cabían ni autobuses- tapado; vías tendidas donde siempre, y mamotreto arquitectónico en El Humedal, que ni siquiera respetó la media luna de la plaza, como solicitaba Rañada y esperaba el veterano periodista Carantoña. Algún día recordaremos aquella pugna en la que Palacio y el urbanista fueron arrollados por las ferroviarias. Y lo rememoraremos porque ahora está a punto de suceder lo mismo con Felgueroso y Morales bajo las ruedas.
Pero vayamos al asunto de los dineros, sobre cuya insuficiencia acaba de alertar el edil de Urbanismo. Sus palabras nos parecen inconcebibles.
«¡Afferantur codices!». El convenio firmado el 2 de septiembre de 2002 entre Areces, Cascos, Felgueroso, Corsini -presidente de Renfe- y Damboriena -presidente de Feve- establecía que el «soterramiento y reposición de las instalaciones de Renfe cercanías y largo recorrido, y Feve» -o sea, la futura estación de El Humedal- ascendería a 66.200.000 euros, esto es, la cantidad que habría de obtenerse con la venta de terrenos urbanizables liberados de vías.
Años después vino Jerónimo Junquera García del Diestro, con su plan de los rascacielos y estableció que «el aprovechamiento lucrativo que genera la operación Gijón al Norte asciende a 152.507.310,95 euros». Pero hay más: «La singularidad de las tipologías propuestas produce un valor añadido al resultado inmobiliario de 60 millones de euros», agrega Del Diestro. Total, que la operación de la barrera ferroviaria podría generar 211 millones de euros como «precio de venta final del suelo».
¿Adónde irá ese dinero, si no es a la finalidad primordial de todo este merecumbé, es decir, la eliminación de la barrera ferroviaria? ¿Acaso van a desviarlo a la prolongación del túnel del metrotrén hasta Cabueñes, o a las instalaciones del mismo, que será el subterráneo más complejo de España, por contar a la vez con vías de Renfe y de Feve?
Alguien debería aclarar números e ideas lo antes posible.

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