Hace mucho tiempo que los asturianos deberíamos estar poniendo en valor nuestros recursos turísticos, llevando la banda ancha y las telecomunicaciones del siglo en el que estamos, a la maravillosa red de hoteles rurales que andando el tiempo, se ha demostrado capaz de convertirse en uno de nuestros más importantes recursos en la nueva economía de los servicios, algo que habría sido muy factible, teniendo en cuenta que la consejería de Cultura en la que Vicente Álvarez Areces colocó a Ana Rosa Migoya, para quitarle otra diputada a José Ángel Fernández Villa, se pule un tercio de su prespuesto en la llamada Agencia de la Comunicación, dedicada a financiar el pufo permamente de una televisión que no ve nadie, y que llega tarde en la era de la televisión por Internet (que se rían todo lo que quieran los que interesadamente no ven que la IPTV ya está aquí), tras destruir concienzudamente, durante años de trabajo dedicados a ello, las televisiones privadas que había en esta comunidad autónoma, en un proceso de sacrificio paulatino y calculado, de lo que había y daba empleo, lo que incluye un sector audiovisual completo que se encuentra en una situación miserable, cuando su desarrollo fue precisamente uno de los señuelos que se utilizaron para justificar el enorme despilfarro en el que nos embarcamos.
Las decisiones del Principado a la hora de crear la RTPA llevan aparejado un doble gasto, al haber puesto en marcha una televisión que tiene que partir con emisiones en analógico, a la vez que crea -ignoramos en qué consejerías se está pagando esto- la red para emitir en una tecnología que nace muerta, la Televisión Digital Terrestre, a cuyo infierno relega el gobierno a los que piquen con unas licencias que otorgará, violando los plazos de la ley, a empresas que tendrán que afrontar unos gastos horrorosos, para competir con la IPTV, el cable, el satélite y en general con una oferta audiovisual multiplataforma que hace que los decodificadores de la TDT sean un exótico cacharrito que la gente no compra, a pesar de las desproporcionadas campañas de promoción de los gobiernos. Estas inversiones en infraestructuras, unidas al desproporcionado coste de inventarse el camelo de la Ciudad de la Cultura de la Universidad Laboral, para justificar una sede fastuosa y megalomaniaca, única en el mundo, para una televisión que no le va a dar un voto en estas elecciones -carece de audiencia-, dejó Asturias sin presupuesto para que la oferta turística más peculiar de Asturias, carezca de la posibilidad de ofrecer banda ancha a los hoteles rurales asturianos, algo esencial para convertir nuestra oferta hotelera en un recurso atractivo para el tipo medio de profesional que nutre este mercado. Es sólo un ejemplo de cómo recursos imprescindibles para el desarrollo, se van en gastos de propaganda.
Pero no es sólo la falta de equipamiento de nuestro parque hotelero rural, a causa del retraso tecnológico en el que nos tiene sumidos este gobierno despilfarrador, el factor más importante que debe preocuparnos -de tontería tiene poco-, a la hora de prepararnos para un futuro inmediato, en el que tenemos que olvidarnos de los subsidios y las aportaciones extraordinarias que deberían seguir llegando, para equilibrar nuestra economía, con la de los ejes privilegiados de la España que está creando un abismo entre territorios ricos y pobres, a cuenta de la segregación, impulsada por el actual gobierno. Los territorios con mayores rentas por población, se van con su cuota económica, rompiendo la cohesión territorial, a la salud del modelo insolidario que propugna el nacionalismo emergente que define la realidad de un cambio para el que tenemos que prepararnos.
Tendremos que arreglárnoslas solitos y ya. Dura realidad. Pero un hecho evidente. España sólo está hoy unida por la incercia de los siglos de convivencia común. Ya no podemos esperar ayuda que venga de fuea. Tendremos que ayudarnos a nosotros mismos, construyendo un proyecto viable de Asturias, en el que tenemos que ir poníendonos de acuerdo.
Por eso el despilfarro es un crimen que no nos podemos permitir. Y el despilfarro en propaganda más. Por eso es también imprescindible poner a punto nuestra oferta de servicios. Pero la calidad de nuestros servicios, que carecen del apoyo de unos fondos que se van hacia las inversiones en carísima e inútil propaganda política, no son lo único que puede poner en el rendimiento adecuado muchos y pequeños negocios que den empleo y riqueza a las familias. Asturias vende su carácter de Paraiso Natural, y estos días la consejera Migoya, en cuyo departamento se administran los fondos para el turismo, el deporte, la cultura y la televisón, se convirtió en la Juana de Arco que defiende la asturianía del famoso eslogan asturiano, cargando contra la comunidad de Murcia, por incluir estas tres palabras en un documental promocional de aquella comunidad. Como si el eslogan fuese lo importante. ¡Tiene bemoles la cosa!
Lo importante son nuestras costas y montañas, nuestros valles y playas, los bosques y los ríos, los viejos caminos, los templos prerrománicos, románicos y barrocos, las casonas y palacios rurales, los árboles centenarios, la caza, la pesca, la conservación del folklore y las tradiciones de la vida rural, el cuidado del patrimonio industrial, la señalización y el cuidado de rutas turísticas, naturales, industriales y pintorescas, la conservación de los castros que llenan nuestras sierras, las cuevas prehistóricas, los mercados, el pequeño comercio, las aldeas que se abandonan, los pastos que se están asalvajando. No se trata de un romántico pintoresquismo versallesco, sino de una herramienta para que nuestros jóvenes tengan trabajo. ¿De qué sirve un eslogan que canta las excelencias de un paraiso, si el gobierno que nos entretiene defendiéndolo, pretende convertir nuestra comunidad en un infierno?
¿Cómo puede compatibilizarse esa ida que el gobierno defiende tan aguerridamente en el terreno de lo virtual, con la desordenada construcción de urbanizaciones, carreteras innecesarias, pistas forestales para atender las masivas plantaciones de eucaliptos, con los tendidos de alta tensión, con las baterías de molinos eólicos construidos sobre las viejas explotaciones romanas y los castros del suroccidente, con esa impresionante red de tubos que se preparan para trasladar el gas desde las regasificadoras hasta los innumerables ciclos combinados que pretenden construir? En Asturias se siguen derribando los palacios rurales, como el de los Álvarez Terrero en Villamarcel, Quirós, y se crean aberrantes "centros de interpretación", delante de templos prerrománicos como el de Tuñón, mientras se interrumpe el Camino de Santiago con taludes, como el que acaban de soltar sobre la entrada de Llanes para comunicar la escandalosa urbanización de La Talá, que se construye también sobre un castro en uno de las más espectaculares parajes de nuestra costa.
El conjunto industrial de Trubia, único en España agoniza día a día. Se pretende derribar la Térmica de Ensidesa, poco después de arrasar el impresionante conjunto de Solvay en Lieres, Siero. La autovía minera se estrelló contra el conjunto palacial de los marqueses de Camposagrado en Villa, Langreo. El destrozo del castro de Llagú o el lamentable estado de la Campa Torres, son casos sangrantes por lo que se refiere a la cultura castreña. Se pretende construir encima de la cueva de las Herrerías en Llanes cuando están a punto de rematarse las obras del absurdo chiringuito de Teverga que todavía nadie sabe de qué va. Todavía duran los ecos de la protesta por los planes para anegar el valle de Caleao con un embalse y nadie explica que se trata de despilfarrar agua para los ciclos combinados. El parque prerrománico del Naranco sigue sin ejecutarse y el viejo palacio de Ramiro I, continua a merced de cualquier bárbaro que le apetezca subirse a sus tribunas para picar los capiteles. En Truyés, Corvera, los ciudadanos siguen indignados por el derribo alevoso de una aldea con sus hórreos.
Todavía hace unos días, la FSA alegaba, ante elconfidencial.com, cuando les llamaron para preguntarles por qué no toman medidas ante el auténtico desastre que hay organizado en Llanes, con atentados contra el patrimonio como el alevoso derribo del edificio conocido como El Rompeolas -por el que está imputada la alcaldesa Dolores Álvarez Campillo-, que una cosa es la "tolerancia cero" proclamada por José Blanco, y otra muy diferente los delitos contra el patrimonio, que al parecer importan muy poco a nuestros dirigentes socialdemócratas: La Federación Socialista Asturiana no quiso hacer declaración alguna a este diario, salvo apuntar que “el delito contra el patrimonio no es lo mismo que corrupción urbanística". ¡Cómo es posible que se haya deteriorado de esta manera la sensibilidad de nuestra clase dirigente! Sólo piensan en los extraños beneficios que algunos van a obtener de unos proyectos industriales que, como la especulación inmobiliaria masiva, van a dejarnos desolación y miseria, mientras nuestros jóvenes tienen que emigrar de esta comunidad que avanza a grandes pasos hacia el subdesarrollo por falta de un proyecto de futuro.
El mejor ejemplo de defensa del paraiso natural y de sus posibilidades económicas lo dan los vecinos, los ciudadanos y las ciudadanas que desde las asociaciones cívicas están llamando a la conciencia colectiva a rebelarse contra la oligarquía económica y política que está destruyendo el Principado. Los vecinos del occidente costero consiguieron paralizar la mina de oro de Salave, en defensa de sus pequeños negocios de hostelería. Otros como los de Lieres no lograron salvar Solvay de los depredadores. En Muros, en Cudillero, en el concejo de Aller, en los Oscos, en las Caldas, en San Andrés de los Tacones o en Llanes, son cada vez más los asturianos y las asturianas que se están organizando para detener esta orgía, y exigir una reflexión a las autoridades, una clase política que ni siquiera debate las grandes barbaridades que están planificadas en toda Asturias, una tierra a merced de los especuladores, en la Junta General del Principado.
Presentamos hoy a nuestros seguidores, un vídeo realizado por las gentes de AVALL, en Llanes, ante la destrucción de la variante costera del Camino de Santiago, para colocar encima el talud de una vía de comunicación para la urbanización de la Talá. La parodia que realizan en este vídeo, a la vez que se entrevista de manera creativa y original a una vecina indignada, es un ejemplo perfecto del trabajo que están realizando estas asociaciones y que encuentra en Internet el mejor espacio para su difusión. La estampita de Santa Ana Rosa, es la perfecta parábola de una consejera que es capaz de contemplar la destrucción del patrimonio cultural y de la naturaleza asturianas, que son la base del turismo, y por lo tanto, lo que da sentido a su consejería, a la vez que nos entretiene con guerras de papel como la organizada con la comunidad murciana, a cuenta del eslogan del "paraíso natural". ¿A quién pretende engañar con tan estúpida refriega?
El próximo día dos de diciembre, la Agrupación de Colectivos Asturianos convoca una manfiestación en Oviedo para sumar el cabreo parcial y localizado de muchos grupos de vecinos y asociaciones cívicas, en una primera demostración de cabreo generalizado. Sin duda se trata de un primer paso.
(Las fotografías con las que ilustramos este editorial, decoran los locales de la Asociación de Vecinos de San Andres de los Tacones en Gijón, que están a punto de ver su aldea arrasada por el proyecto de ZALIA, y son un buen ejemplo del apego de la ciudadanía a las tradiciones que hacen un territorio más atractivo).
Llanes: el Camino de Santiago desaposeidu
Los vecinos de San Andrés de los Tacones contra la ZALIA
La Termica de Avilés
La Casa de Olloniego
La Campa Torres

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