El disgusto frente a una vida que podría ser igual, de Enric Juliana en La Vanguardia
CUADERNO DE MADRID
El alcalde Gallardón, gran capitán de los maricomplejines - la derecha mórbida, según el vivaz vocabulario del liberalismo pendenciero- ya ha mandado colgar las luces de Navidad en Madrid. El Faraón tiene prisa, porque en las municipales de mayo se la juega.
Las luces de Gallardón son como estrellas de Oriente deconstruidas por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona; aquí un rectángulo, allá una espiral, más allá una cola sin destino. Son retales de la filosofía de Xavier Zubiri: aprehensiones primordiales de la realidad que desconciertan a los taxistas, irritan al clero, gustan en el Círculo de Bellas Artes y tienen mosqueado a Segador,el toro parlanchín, al que no veíamos desde los calores de julio. Mitraico y estático, nos ofrece un caldo caliente con manzanilla, puesto que es otoño y en el bar La Torre del Oro el calendario andaluz se sigue con rigor prusiano. Tras unas primeras libaciones, abordamos con Segador uno de los grandes temas de Nietzsche en Así habló Zaratustra:el eterno retorno de lo idéntico.
- Por lo que usted me cuenta, amigo mío, son mayoría los catalanes en desazón. Bien porque han perdido, bien porque no han ganado como querían. Todo vuelve. Antes de Nietzsche, ya lo anticipó Schopenhauer: "El disgusto frente a una vida que se teme volver a vivir igual...".
- Yo diría que se cruzan dos impulsos: el temor a volver a las andadas tripartitas y una cierta indulgencia. Sin una indulgencia de fondo, no se entiende el resultado de las elecciones. La indulgencia católica, se lo aseguro, ha salvado a la izquierda de una catástrofe irreversible.
- Ya empezamos con el catolicismo. No tiene usted enmienda; ve trasfondos católicos por todas partes. ¡Meapilas! ¿Ya sabe lo que decía Nietzsche en El Anticristo?
"La debilidad es la esencia del cristianismo".
- Lo sé, lo sé, amigo toro.
Tanto es así, que creo que Catalunya se halla en una fase extrañamente nietzscheana. Fíjese en la paradoja: CiU, el grupo político mejor enraizado en la tradición católica, planteó la campaña como una gran puesta en escena de la voluntad de poder, como el vigoroso retorno del superhombre nacionalista frente a la debilidad espiritual de un progresismo retórico, hueco y amortizado; mientras que la izquierda - agnóstica en el mejor de los casos- peregrinaba a Montserrat y pedía a los electores el perdón de los pecados. Perdón obtenido: 70 diputados, sólo dos menos.
- La indulgente Catalunya, por tanto, ha optado por una suma de debilidades. Nietzsche también decía que el cristianismo "es la rebelión contra todo lo que tiene altura".
- Lo que usted me está diciendo es que Catalunya está enferma. Ya me conozco esta canción. En Madrid se oye cada vez más. Yen Barcelona comienza a tararearse. Tristes y decepcionados, algunos jóvenes dirigentes de Convergència se lamentan en privado de que el país no ha estado a la altura.
- ¿
¡Visca Catalunya, morin els catalans!?
- Más o menos.
- Es comprensible. Soñaban con una victoria épica.
-
Seguramente. Pero quizá han sido poco pujolistas. Decía Jordi Pujol en un reciente coloquio con Giulio Andreotti que un buen político ha de querer a la gente. Y para querer a la gente hay que entenderla. Saber, por tanto, que mucha gente sigue sentimentalmente adherida al cruce izquierda-catolicismo que tan fuertemente cristalizó en los años sesenta y setenta. Aunque debilitado, el viejo aggiornamento sigue vivo. Influye. Impregna. Mucha gente ha sido indulgente con la izquierda porque arriesgaba algo más que la derrota: arriesgaba el escarnio, la humillación y el ridículo. La abstención no sólo ha sido protesta, también ha sido indulgencia.
- Una mentalidad muere y su alternativa no acaba de nacer. Eso es crisis.
- Eso es crisis, sí señor. Pero si hubiesen hecho caso al señor Duran Lleida...
- Primero me hace usted el apostolado católico y ahora empieza a sembrar cizaña.
- El señor Duran sugirió que CiU explorase la posibilidad de un gobierno de coalición con el PSOE antes de las elecciones catalanas. Con un gobierno de coalición en Madrid, le aseguro que el PSC no hubiera podido reeditar el tripartito. Montilla es duro, pero no de titanio. CiU estaría en casilla segura, como en el parchís.
- El PSOE no habría aceptado.
- No esté tan seguro.
- Pero ese movimiento era incompatible con el ideal nacionalista.
- Lo único incompatible, amigo toro, es leer a Nietzsche mientras se juega al parchís.
