DOS EN LA CARRETERA

El intercambio epistolar de esta semana empieza con un desacuerdo a propósito de qué partido se encuentra mejor situado para ganar las próximas elecciones generales. Él cree que, por los errores estratégicos del PP, no se ha logrado reducir la brecha que le separa del PSOE, pero Ella piensa que los errores cometidos por el Gobierno de Zapatero ya le han empezado a pasar factura hasta en la demoscopia. Los dos comparten el pesimismo respecto a la negociación con ETA y al escenario político que volverá a dibujar el tripartito catalán. Al margen de política, Él sigue emocionado por el nuevo montaje de Pina Bausch.

DE 'LAS DOS ESPAÑAS' AL TRIPARTITO CATALAN

Querida Cayetana...

Me asegura el enano infiltrado que me informa desde Moncloa que Zapatero ha empezado ya a rubalmaquinar. Vale la satisfacción a Montilla y que presida la Generalidad durante un año. Después hay que provocar la crisis y empinar a Mas a la Presidencia con apoyo del PSC, para que CiU ofrezca sus escaños a Zapatero tras las generales, aislando al PP y liquidando de forma definitiva el espíritu de la Transición. España otra vez dividida en dos: por un lado, el PSOE con los comunistas y los insaciables partidos nacionalistas vasco, catalán, gallego, andaluz y lo que se tercie; por otro lado, el PP, sólo ante el peligro. Como ha explicado muy bien Varela Ortega, volvemos a la exclusión de media España por la otra media.

Y entre tanto dislate, querida Cayetana, retomo mi carta de la semana pasada para decirte que fui al Teatro de la Zarzuela a ver el espectáculo de Pina Bausch. Un asombro. Una belleza. Un acontecimiento. El público estremecido aplaudió hasta la extenuación. Y es que no sólo de política vive el hombre.

Querido Luis María...

No sé quién es tu enano de garganta profunda, pero me parece que se equivoca, te engaña o, valga la redundancia, es el propio Rubalcaba. Desde los jardines encharcados de La Moncloa nos quieren hacer creer que Zapatero sigue siendo ese genio posmoderno, ese virtuoso de la estrategia, capaz de cuadrar círculos con el pie. La realidad, Luis María, es que el presidente del Gobierno está más desnudo que Albert Rivera. Se lo dijo el otro día Rajoy a un grupo de empresarios valencianos que, como sus vecinos catalanes, se conjuran ante la resurrección de Carod.

Tanto hurgar en las fosas, tanto gritar ¡ojo, que vienen los fachas!, tanto anunciar el advenimiento de la derecha extrema, y resulta que lo único que ha conseguido Zapatero es estimular a la extrema izquierda. Independentista, para más señas. Eso, dividir el Partido Socialista, perjudicar a Cataluña y dificultar la convivencia en España.

Ahora que se habla de un adelanto electoral para la primavera de 2007, podemos empezar a hacer balance. Zapatero llegó al poder encaramado al discurso de la paz política y social. Encarnación del talante, apóstol del diálogo, sacó las tropas de Irak y prometió concordia, consenso y estabilidad. Según sus padrinos y propagandistas, el PP había sido una máquina de fabricar nacionalistas radicales, que ahora el buen socialista leonés, con su sonrisa de Caperucita, su acogedora ambigüedad y su cestita repleta de zanahorias estatuarias, se encargaría de moderar. Nada más lejos de la realidad. No han pasado ni tres años y la sensación de crisis y desbarajuste es general. Zapatero no ha saciado las ansias nacionalistas ni ha neutralizado a los independentistas. Ha generado una dinámica absurda y desquiciante de todos contra todos.

Nos dirán que la Entesa no es el tripartito, que la Vicepresidencia no es la consellería en cap, que Montilla no es Maragall y que Carod no es Carod. Pero, amigo Lampedusa, nada ha cambiado para que todo vaya a peor. Hoy, la extrema izquierda y el independentismo son más fuertes que el 14-M. Hoy hay más radicalismo que en 2003. Fíjate, si no, en este dato curioso: los que ahora cortan el bacalao en España son los mismos que entonces compartían vanas ilusiones nacionales en la vergonzosa penumbra de Perpiñán.

UN AÑO Y MEDIO ANTES DE LAS GENERALES

Querida Cayetana...

No te faltaría razón en lo que dices si sumaras a la responsabilidad de Zapatero en la naciente fragmentación de España, la del Partido Popular. No se puede combatir la política disparatada e insensata del presidente por accidente con una posición merengosa y temblona. El PP ha tenido grandes aciertos en la oposición, pero también errores de consideración. Si se hubieran aprovechado los disparates zapatéticos de forma contundente, hoy las encuestas no seguirían proclamando la victoria abrumadora del PSOE para las elecciones generales ni habría ocurrido en Cataluña lo que ha pasado: la laminación de los populares que se han quedado fuera del juego político. Te guste o no te guste, así es.

Queda año y medio por delante para desnudar a Zapatero y su socialismo trasnochado ante la opinión pública y modificar la tendencia electoral. El PP no puede seguir mirando hacia atrás como la mujer de Lot, porque cristalizaría en estatua de sal. Es necesario instalarse en la realidad con la mirada puesta en el futuro.

Tengo la esperanza de que una mujer inteligente y sagaz, que se llama Cayetana Alvarez de Toledo, sea capaz de limpiar de arena la maquinaria de Génova para que, bien engrasada, empiece a proponer soluciones realistas y de fondo a los problemas que nos aquejan.

Tuvo que ser este modesto periodista el que reaccionara frente a la campaña zapateresca de acusar al PP de extrema derecha, denunciando al presidente por accidente de mantener alianzas concretas con la extrema izquierda en Galicia y Cataluña, amén de la relación hermana con el partido comunista en el que habita un sector moderado y democrático y otro estalinista y extremista.

Querido Luis María...

«Oposición merengosa y temblona», «laminación de los populares», «victoria abrumadora del PSOE»... No sé por qué, pero en una semana tu pesimismo escéptico ha devenido en truculento y funerario catastrofismo. Déjame que te anime un poco. Según las últimas encuestas que se analizan en Génova, el PP ganaría hoy las elecciones generales si la participación se acercase al 70%, es decir, en unas circunstancias más o menos normales. No hace falta «modificar la tendencia electoral», como sugieres. Al contrario: precisamente porque la corriente es favorable a Rajoy, se especula con un desesperado adelanto electoral. El tiempo corre en contra de un Zapatero atrapado por la pinza de Perpiñán: de un lado le aprieta Carod-Redivivo; del otro, Josu Ternera.

Ya sé: me dirás que el PP va a necesitar mayoría absoluta para gobernar. Pero también en esto te estarías dejando deprimir por Rubalcaba. Primero, porque el frente anti-PP se está resquebrajando. Segundo, porque hasta ahora en España siempre ha gobernado el partido que ha obtenido más escaños. A escala nacional, está más y mejor asumida la regla democrática de la mayoría simple: no han valido los bipartitos a la gallega, ni los tripartitos a la catalana, ni los pentapartitos a la balear. Quizá Zapatero, que en dos años ha roto todos los pactos, consensos y moldes, lo podría intentar. Quien proclama que el asesino de 25 personas favorece la paz, mientras que los jueces la estorban, es capaz de cualquier cosa. Sin embargo, creo que incluso para un funámbulo temerario como él, la maniobra sería demasiado arriesgada. Lo que hasta ahora son sobresaltos periódicos más o menos traumáticos se convertirían en convulsiones y terremotos cotidianos. El chantaje que hoy ejercen los nacionalistas sobre el Gobierno se multiplicaría en una tiranía imposible de gestionar y, menos aún, de justificar ante la opinión pública. España se hundiría en el desgobierno y en muy poco tiempo la coalición nacionalsocialista acabaría por derrumbarse.

Me acusarás de partidismo, de voluntarismo o de ambas cosas a la vez. Pero, sinceramente, tengo la impresión de que bastará con que el PP consiga un par de escaños más que el PSOE para que Zapatero caiga como fruta madura ante la mirada ladina y guasona de una creciente lista de agraviados, damnificados y traicionados. Ya lo dijo Lincoln: no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. También dijo que una casa dividida no puede perdurar. El fin del paréntesis Zapatero tiene que suponer el principio de la recuperación del consenso y la convivencia en España. Entonces, tendremos tiempo para el teatro, los conciertos de Dylan, los partidos de Sharapova y las escapadas a Berlín.

ARTE PARA OLVIDARSE DE LA BARBARIE ETARRA

Querida Cayetana...

Salí impresionado de la galería Guereta tras contemplar la exposición de Manolo Millares, con el que tuve amistad desde los viejos tiempos de El Paso. Si los dirigentes del PP quieren saber lo que es modernidad, deberían visitar esta soberbia muestra de arte y genialidad. Manolo Millares hizo una pintura anticipadora que sobrecoge. El desolado pensamiento actual, contradictorio y oscuro, se resuelve en negros y blancos sobre la descoyuntada densidad de la materia pictórica.

Por cierto, querida Cayetana, he leído Don Jaime, el trágico Borbón, de José María Zavala. Un excelente libro, objetivo y riguroso, imprescindible ya en la bibliografía referente a la Familia Real Española en el siglo XX. También me ha gustado Testimonio de vida y América, de José María Alvarez Romero, un intelectual serio que vuelca su larga experiencia vital y la expone con una escritura transparente y eficaz.

Pero dejemos las artes y los libros para que puedas atarme una vez más a la columna política. Sóngoro cosongo, me he convertido en el hombre amarrado de Nicolás Guillén. El presidente por accidente, que negoció con ETA cuando estaba en la oposición, ha llegado a acuerdos subterráneos con los terroristas para presentarse como el gran pacificador en las próximas elecciones generales. Zapatero ha concedido numerosas mercedes a la banda etarra: acercamiento, primero, y redención, después, de presos con delitos de sangre; legalización de Batasuna; exclusión del PP de cualquier acuerdo; excarcelación de Batasuna; autodeterminación del País Vasco; y Navarra. A cambio de estos compromisos, un vago anuncio etarra de dejar las armas, por lo menos hasta que las elecciones autonómicas produzcan el resultado que esperan los etarras: entre PNV y Batasuna, mayoría absoluta. A partir de ese momento, ETA no necesitará la violencia porque mandará en el Gobierno nacionalista. Sólo si Navarra no se aviene a razones, entonces -sí, entonces-, habrá terrorismo incesante hasta que los navarros se sometan, como están haciendo los vascos, a la dictadura del miedo sustentada por una educación dirigida y unos medios de comunicación dominados. Por idiocia o por malignidad, o por ambas cosas a la vez, vaya usted a saber, Zapatero ha embestido la muleta con que ETA citó al Gobierno socialista a la fractura de España. El presidente sonrisas lo tenía todo atado y bien atado. Menos los jueces. Ahí es donde puede estrellarse, a pesar de las presiones y las manipulaciones a que somete día a día a la Justicia.

Querido Luis María...

No es mi intención ni mi interés atarte a la columna política. De hecho, te quiero hablar de José Jiménez Lozano, castellano sabio, que con su bastón y su enorme maletín de cuero lustroso se pasea por los rincones espirituales de una tierra reverdecida. Compartimos níscalos y chuletas el pasado jueves en Valladolid. Tiene ojitos brillantes, lo sabe todo y parece haber llegado a un patriotismo crítico y conservador después de un viaje largo y circular. Es entusiasta y escéptico; sobrio y gracioso; infinitamente pequeño y reconfortantemente universal.

Dijo: «La libertad de prensa no sirve para nada; la prueba es que existe». No se lo creía, claro. Y nosotros tampoco. La conversación se torció hacia los muertos de la Guerra Civil y otros sueños de la razón. Implacable en su defensa moral del cristianismo, Jiménez Lozano recorre el espacio y el tiempo sin curvas de Castilla, y encuentra en las torres desparejas de Arévalo la síntesis de una cultura dominante que, sin embargo, toleró y comprendió a las otras dos.

El día terminó en el Aula Triste del Colegio de Santa Cruz, donde un grupo de universitarios debatía sobre la libertad amenazada y el incierto futuro de España. Citaron a Max Weber, a Winston Churchill y a Groucho Marx. Se cruzaron preguntas sin respuesta y se compartieron diagnósticos. Ni un atisbo de resignación. Escaleras arriba, en una venerable biblioteca con olor a sacristía, miles de tomos manoseados recogían desde hace siglos todas esas ideas, exaltadas o descartadas, todas esas exhortaciones, divagaciones, meditaciones y teorías que aquella tarde nos devolvieron la ilusión de un país que puede volver a serlo todo, porque lo aguanta todo.

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