Barcelona, ciudad de la ciencia, de Vladimir de Semir en El Periódico
Estamos protagonizando la transición de la sociedad industrial a una nueva era caracterizada por la rápida incorporación de los avances científicos y tecnológicos a la vida diaria y por nuestra capacidad de transformar la información en conocimiento. En cierta forma podríamos decir que hemos sumado los bits a los átomos como materias primas esenciales de nuestro desarrollo científico, tecnológico y económico. En este proceso no solo se producen cambios económicos sino también, y especialmente, profundas transformaciones sociales, incluso urbanas, como estamos viviendo en Barcelona con el cambio de usos que experimenta el barrio del Poble Nou con la organización del distrito 22@.
La ciudad ha basado desde siempre su éxito en la mezcla de actividades, fundamentalmente cuatro: residencia, comercio, cultura-turismo-ocio e industria. Durante los dos últimos siglos hemos vivido y progresado gracias a esta combinación, pero hoy las deslocalizaciones industriales por motivos económicos y ecológicos hacen indispensable que se mantenga el modelo fomentando aquellas actividades profesionales que incorporan --metafóricamente-- una @ en sus procesos y que sustituyen a la industria convencional. Este es el sentido de la transformación de una Barcelona industrial en una Barcelona basada en el conocimiento.
EN ESTE contexto, la fórmula I+D+i constituye la clave del éxito: investigación, desarrollo e innovación nos han de permitir asegurar un modelo económico y social que continúe haciendo de Barcelona una ciudad equilibrada en la que se pueda vivir, trabajar y disfrutar. Sin embargo, para que la reacción en cadena I+D+i funcione, no solo hemos de apostar por nuestras universidades, centros de investigación y la educación de las jóvenes generaciones. Expertos como Richard V. Knight estiman que no es suficiente que las ciudades incentiven la actividad económica densa en conocimiento e impulsen sus centros de excelencia, es también necesario que el conocimiento sea definido y percibido por la sociedad como una forma de riqueza. El público en general --la sociedad en su conjunto-- han de comprender y asimilar la naturaleza y el origen de los recursos del conocimiento. Por lo tanto, el desarrollo basado en las actividades del conocimiento significa mejorar las capacidades humanas y organizativas con el fin de que se pueda crear un entorno favorable que conduzca hacia la innovación, el aprendizaje, la creatividad y el cambio.
Así, la promoción de una cultura científica entre la población se convierte en una estrategia de futuro necesaria. No solo se trata de comprender que existe solo una cultura --que incluye las culturas artística, humanística y científica-- para tratar de explorar y entender el mundo en el que vivimos. Un adecuado nivel de cultura científica es esencial para que la sociedad entienda y acompañe este importante cambio, además de representar una oportunidad para aumentar las competencias de la ciudadanía en nuestra nueva y emergente sociedad del conocimiento.
LA CIUDAD de Barcelona se ha dotado de un plan estratégico para el impulso de la cultura científica bajo el lema La ciudad por la ciencia, promovido desde la Concejalía de Cultura en este mandato, iniciativa política que ha merecido ser seleccionada por la Comisión Europea como un ejemplo de buena práctica para la indispensable armonización de la ciencia y la sociedad en el contexto de la evolución hacia la sociedad del conocimiento.
Precisamente para impulsar un mayor estado de opinión social y política hacia la ciencia y la cultura científica --que integra en el plan estratégico cultural de la ciudad-- en el pleno municipal de noviembre del 2004 se anunció que el 2007 la amplia propuesta cultural de la ciudad de Barcelona se concentraría en torno a la ciencia y la sociedad, tal como se hizo con notable éxito en el 2005 con el Libro y la lectura. Un iniciativa que se puede y debe generalizar a todo el Estado dado el esfuerzo que el Gobierno español se ha comprometido a realizar durante este mandato en favor de incrementar nuestras capacidades científicas y tecnológicas, de acuerdo con los objetivos que se ha marcado la Unión Europea. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero así lo anunció en su discurso del Estado de la Nación del pasado 30 de mayo: "El año 2007 va a ser el año de la ciencia". Una comisión de expertos trabaja para presentar en el transcurso de este mes las iniciativas que el Gobierno llevará a cabo para hacer realidad esta afirmación del presidente.
BARCELONA, por su parte, hace tiempo que trabaja con firmeza por ser una referencia en la sociedad del conocimiento, una voluntad que, por otra parte, no es nueva. En realidad, el impulso que le estamos dando en la actualidad se corresponde con el que se realizó en el siglo XIX, cuando cayeron las murallas de la ciudad antigua debido a la presión económica y social de la revolución industrial. ¿Y recuerdan cuál fue el primer edificio que se decidió construir allende las murallas? ¡Precisamente un centro del saber, el edificio de Elies Rogent que hoy preside la Plaza Universidad!
Vladimir de Semir. Comisionado de Cultura Científica del Ayuntamiento de Barcelona y Comisario de Barcelona Ciencia 2007.
