El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, ha abierto la puerta a más subidas de los tipos de interés en 2007 al defender férreamente la utilidad de los agregados monetarios, que crecen a un fuerte ritmo, a la hora de fijar la política monetaria europea.
En un artículo de opinión hoy en EXPANSIÓN, Trichet asegura que las señales de estos agregados, como la M3 o la evolución del crédito hipotecario, no se pueden “ignorar a la ligera”.
Su sólido apoyo al uso de agregados monetarios sugiere que el BCE podría continuar subiendo los tipos de interés en 2007, a pesar de que la inflación ha caído recientemente al 1,6%, por debajo del objetivo del 2% del banco central.
“El análisis monetario fue fundamental en las estrategias de los bancos centrales europeos de mayor éxito antes de la llegada del euro y ayudó a conseguir un éxito extraordinario en la transición de las monedas nacionales al euro”, dice Trichet. “Este legado no se puede ignorar a la ligera”.
El mercado da por seguro que el BCE subirá los tipos de interés en diciembre, del 3,25% al 3,5%, pero todavía está dividido sobre qué rumbo tomará la política monetaria a partir de allí.
Pero con el principal agregado monetario —M3— creciendo al 8,5%, casi doblando el objetivo del BCE, y Trichet poniendo de relieve su importancia, la balanza se inclina por que el banco continúe endureciendo su política monetaria en 2007.
Además, otros agregados monetarios, como la concesión de préstamos e hipotecas también se han acelerado notablemente en los dos últimos meses. El crédito a las empresas no financieras, por ejemplo, creció en septiembre un 12,7% —la tasa más alta en siete años—.
El BCE presta gran atención a los agregados monetarios, ya que considera que son indicadores adelantados de inflación. Otros bancos centrales, como la Reserva Federal de EEUU, les prestan una menor atención. La comunidad académica, en general, tampoco les da un gran valor.
Trichet admite que “en la actualidad, la visión académica dominante parece ser la de que el dinero en su conjunto no debería influir en las decisiones de política monetaria”. Pero explica: “No puedo acallar mis dudas sobre el hecho de que un modelo de política monetaria que no da importancia al dinero esté incompleto en algunos aspectos importantes”.
Trichet desvela, por ejemplo, que el análisis monetario ha jugado un papel clave en momentos en los que las previsiones macroeconómicas eran inciertas.
“La decisión del Consejo de Gobierno de no rebajar los tipos más allá del 2% en 2003 y en 2004, al igual que su decisión de subirlos en diciembre de 2005, son, bajo mi punto de vista, testimonio del valor de tales verificaciones” entre las previsiones macroeconómicas y el análisis monetario.
En ambos casos, el mercado creía que el BCE bajaría tipos —2003 y 2004— o no los subiría —diciembre de 2005— ya que las señales de crecimiento e inflación sugerían una cierta debilidad. Sin embargo, el BCE optó por seguir las señales de los agregados monetarios, que indicaban riesgos para la estabilidad de precios.
En cierta manera, el BCE se enfrenta ahora a una situación similar. Las previsiones macroeconómicas para 2007 no están claras, ya que la subida del IVA en Alemania en enero, del 16% al 19%, empaña las perspectivas tanto de inflación como de crecimiento económico.
Pero el análisis monetario, según explicó Trichet la semana pasada tras la reunión mensual política monetaria del BCE, apunta “riesgos al alza para la estabilidad de precios a medio plazo”.
Esta semana, el influyente presidente del banco central alemán —Bundesbank—, Axel Weber, ha insistido en la misma línea, al advertir que todo apunta a que la inflación podría volver a subir desde el actual 1,6% al 2% en 2007 y principios de 2008. “Esa una señal que encuentro alarmante, en particular cuando está respaldada por la fuerte dinámica del dinero en circulación y [de la evolución del] crédito”. La próxima reunión del BCE se celebra el 7 de diciembre.

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