De banquero a cocinero, de psicólogo a abogado, de funcionario a empresario, de periodista a artista... O viceversa: de cocinero a banquero, de abogado a psicólogo, de empresario a funcionario, de artista a periodista... No se trata de un juego, ni de una adivinanza.

Es una realidad laboral en Estados Unidos, reavivada por la mayor longevidad de la generación del babyboom, que hace posible renacer laboralmente, vivir una segunda vida profesional con independencia de la edad y del background educativo. Kristofer Dan-Bergman, casi en la cincuentena, ha vivido esta metamorfosis.

Y lo ha hecho de la banca al mundo de la fotografía, en el que hoy es un profesional de éxito en la Gran Manzana. Este licenciado en Empresariales llegó a Estados Unidos para cursar un MBA en la Universidad de Michigan y pronto se encontró al servicio del Chase Bank.

Pero el gusanillo artístico le picaba y, años después, decidió sublimar esta pulsión lanzándose a la aventura tras un breve paso por el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York. "Estoy convencido de que no podría haber hecho esta mutación en Suecia. Y la primera razón es que la gente de mi entorno, familiares y amigos, no lo aceptarían de buen grado. ¡Fotógrafo después de haber ido a la universidad!”, dice Dan-Bergman.

Cambio radical
Norah McCann, de 50 años, también ha dado un salto radical en su recorrido vital: de las aulas a la negociación de bonos en Wall Street. Era profesora de educación especial y se recicló a la inversión, donde hoy es vicepresidenta de la delegación neoyorquina del DZ Bank alemán. “El cambio de carrera es algo habitual en Estados Unidos.

Si llevas cinco años haciendo lo mismo, te tienes que mirar en el espejo y preguntarte si hay algo que no va bien”, afirma. Efectivamente, luchar por mejorar y autorrealizarse es la esencia misma del sueño americano. “Creo que existe una destrucción creativa en el país.

Cambiamos de trabajo a menudo –una persona media acaba por trabajar en una media de siete firmas distintas– y seguimos buscando nuestros propios objetivos", dice Mark Heller, un experimentado personal coach o consultor personal para la orientación profesional, que asegura tener un número creciente de clientes que rayan los cuarenta, cincuenta o sesenta años. “Veo mucha gente que trabaja en banca y desea, por ejemplo, ser cocinero”, agrega Séller.

Las razones de esta movilidad profesional, tan sorprendente desde la perspectiva de la Europa continental, son tanto coyunturales como estructurales. La situación de casi pleno empleo –la tasa de desempleo se situó en octubre en el 4,4%– y la extraordinaria flexibilidad del sistema laboral son determinantes, pues siempre hay trabajo y puertas abiertas para quien busca con tesón.

El hecho de que la esperanza de vida se esté dilatando con los avances de la medicina es otro factor de peso. Sin ir mas lejos, un fenómeno incipiente entre los jubilados estadounidenses es la realización a tiempo parcial para satisfacer los sueños laborales frustrados durante la etapa de juventud.

Valores
Pero, sobre todo, predominan los motivos estructurales. Estados Unidos es una nación forjada a golpe de emigrantes, para los que el riesgo y el esfuerzo son valores muy importantes. “En Estados Unidos, sobre todo en Nueva York, si fracasas te apoyan; en Suecia estarías muerto o tendrías que desaparecer durante diez años tras un fracaso”, dice el fotógrafo sueco.

La edad tampoco parece una rémora. “Está prohibido exigir en un currículum la edad del candidato”, dice Joseph Torino, director de Recursos Humanos de DZ Bank.

Educación flexible
Claro que la metamorfosis profesional no sería posible sin un sistema educativo flexible, en el que proliferan como hongos los cursos universitarios para mayores, profesionales, y las universidades con guarderías. “La edad media de los estudiantes es ahora más alta”, dice McCann.

Paralelamente, los departamentos de recursos humanos se muestran sensibles a los talentos naturales –no necesariamente acompañados de títulos– y a las personas que muestran capacidades de emprender riesgos variados. “La experimentación es importante y el sistema la apoya. Por eso la gente cambia sus talentos de un lado a otro”, dice Heller.

El nulo peso del Estado y la escasa seguridad en el trabajo también empujan al reciclaje. “Esta es una sociedad poco paternalista, y reinventarse es casi una cuestión de supervivencia", dice Terino.