El ex ministro de Exteriores alemán Joschka Fischer censuraba la actitud de los europeos respecto a la incorporación de Turquía a la UE. Con su flanco oriental problemático, Europa debería tener el máximo interés en incorporar un país amigo que mantiene la estabilidad en esa zona, opina Fischer. Estoy tan de acuerdo con él que lo escribí en esta misma tribuna de opinión hace dos años. En este contexto de reticencias europeas a incorporar Turquía caben las polémicas declaraciones del Papa que parecieron a muchos comentaristas un descuido de la muy avezada diplomacia romana.
La cita de Su Santidad no me pareció un desliz, primero porque el Vaticano no se desliza - asentado como está sobre la roca milenaria de San Pedro- y segundo porque la cita estuvo muy bien escogida ya que sugería analogías o al menos paralelismos con la situación histórica actual. En el siglo XV el islam cortó la antiquísima conexión comercial entre Europa y Oriente, llamada ruta de la seda,que discurría entre Antioquía y China desde tiempos del imperio romano. Hoy en día lo que está cortando el islam es la ruta del petróleo, que podría desviarse hacia China y los europeos deben estar muy atentos ante estas posibilidades. Nadie más despierta que la curia Vaticana, cuya diplomacia es la más antigua del mundo con una extensión de cobertura global. No hay que olvidar la coincidencia del advenimiento de un Papa polaco con la caída del sistema comunista provocada por movimientos obreros en Polonia. Digno sucesor de Wojtyla, Benedicto XVI se ha pronunciado con deliberada precisión sobre el tema de nuestro tiempo, comparándolo implícitamente, al elegir esa cita, con la época de la invasión turca. El ciclo se ha cerrado: ahora Turquía quiere entrar en Europa, no por invasión, sino como Estado asociado, y el Papa visitará ese país en noviembre. Tanto ha llovido desde que Manuel Paleólogo se quejó de la violencia del islam.
La radiante y seca llanura de Esparta acaba en una muralla montañosa que la cierra por el sur: es el famoso Taigueto donde los espartanos despeñaban a los alfeñiques, pues sólo querían alimentar soldados; por eso el sustantivo espartano se convirtió en adjetivo. Si el viajero cruza la actual ciudad de Esparta se topará con la sierra a seis kilómetros en dirección sur; en las primeras estribaciones se alza el conjunto de ruinas bizantinas más romántico, agreste y completo que queda en Grecia; es la antigua ciudad de Mistra, cuna y dominio de la familia de los Paleólogos.
Quiere la tradición que cuando los decadentes emperadores bizantinos hubieron agotado diversos linajes, acudieron a los señores de Mistra para ofrecerles el trono de Bizancio. Los duques del Peloponeso, invictos pobladores de Mani, se convirtieron en los emperadores de la antigua sabiduría: Paleólogos. Y cuenta la leyenda que el primero de ellos lamentó amargamente tener que abandonar su seguro nido de águilas en Mistra por el precario recinto de Bizancio, reducido ya a los alrededores de la capital.
Manuel II Paleólogo, protagonista de la cita del Papa, envió en 1394 al humanista Chrysoloras a Italia para recabar ayuda contra los turcos. Después en 1399 viajó él mismo, visitando Milán, París y Londres. Las ciudades Estado italianas, que basaban su riqueza en el comercio, y sobre todo en el comercio con Oriente, deberían haber sido las más interesadas en ayudar a Bizancio contra los turcos: por avaricia, desidia o imprevisión no lo hicieron, pese a la insistencia desesperada de los Paleólogos. Lo único que quedó de sus esfuerzos fue la presencia de los letrados bizantinos en Italia: Argyropoulos, el citado Chrysoloras, Gemistos Pleto y Bessarion, que enseñaron el griego a los humanistas italianos y les dejaron manuscritos de los clásicos para traducirlos al latín; de ahí sale la Academia Platónica de Florencia con Ficino, Poliziano y Pico Della Mirandola.
Los bizantinos llegaron a lograr que el Papa Eugenio IV convocará un concilio para reunir la Iglesia ortodoxa con la de Roma; su delegación fue presidida por el emperador Juan VIII Paleólogo en persona, cuya comitiva entrando en Florencia se puede ver aún pintada en los frescos de Benozzo Gozzoli en el palacio Medici. Se llegó incluso a proclamar la reunión de ambas iglesias en 1439 tras el concilio de Florencia, pero de nada sirvió: la ayuda militar no se materializó y se perdió la populosa Constantinopla en 1453. Durísimo golpe para el comercio italiano y fabulosa opción para los navegantes de la península Ibérica.
Enrique el Navegante príncipe de Portugal, tras tomar Ceuta en 1414, inició la exploración de la costa africana y, con ayuda de la Orden de Cristo y la Escuela de Navegación de Sagres, logró dar la vuelta al islam por mar. El comercio de especias, que antaño se realizaba por tierra a través de Oriente Medio y Asia Central, fue reanudado por mar circunnavegando por el sur los países en manos de los musulmanes y llegando hasta la India y China. Tratando de acortar esta vuelta, Colón dio con América, se tropezó con ella, pues murió creyendo que había llegado a China. Tanto es así que la Sociedad de Debates de Oxford propuso no hace mucho: "Esta mesa es de la opinión que Cristóbal Colón fue demasiado lejos". Los portugueses y los españoles se hicieron con el comercio de Asia y las riquezas de América. Venecia se hundió y Génova hubo de convertirse en banquera de Castilla. El oro nacido en América, "en Génova es enterrado", escribió Quevedo. Los llamamientos de los bizantinos a Europa para detener la invasión turca fueron desoídos y se afrontaron demasiado tarde, como en Lepanto.
Ahora Turquía llama a las puertas de Europa, cuando el resto del islam se vuelve de espaldas a ella - y sobre todo a su aliado americano-, ¿mirando hacia China? Turquía puede ser vital para fomentar la comprensión entre los musulmanes y Europa: es un país islámico pero con Gobierno laico, es democrático, se europeizó con Kemal en los años veinte y desea entrar en la Unión. La diplomacia vaticana es, sin duda, consciente de todo esto y afina sus posturas ante la inminente visita del Papa a Turquía. Es muy posible que, dada esta visita, el Papa coincida con las opiniones de Fischer y haya querido remarcar la muy distinta actitud de Turquía ahora que cuando Miguel VIII Paleólogo se lamentó de su violencia. Es mi humilde opinión sobre el supuesto desliz.

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