CRONICA HISTORICA / Generalitat de Catalunya, año 1936
Tarradellas lidera un gobierno tripartito al poco de iniciarse la Guerra Civil / La Generalitat colectivizó la economía y confiscó las sedes de Hacienda y del Banco de España / El presupuesto era de 306,6 millones de pesetas, lejos de los 5 billones de hoy
Cataluña vive un clima de confrontación política y violencia armada en el que el objetivo primordial es deshacerse del adversario.Barcelona es la capital del desastre, el cuartel general de la catástrofe y el caos en el que menudean los «paseos» sin retorno, las purgas y torturas en las checas, los incendios de iglesias, los saqueos y confiscaciones de bienes, el miedo y la inseguridad, todo ello unido a la escasez de alimentos y a una grave crisis política. La Generalitat ha colectivizado la economía por decreto, y el conseller en cap, Josep Tarradellas, fracasa en sus intentos de formar un gobierno de unidad y se ve obligado a encabezar un gabinete tripartito. Ése era el escenario dominante en otoño de 1936, pocos meses después de que fracasara en Cataluña el levantamiento militar que originó la Guerra Civil. Pero otra contienda, entre facciones que habían combatido a los miltares franquistas, se adueña de las calles de Barcelona.
El 27 de octubre de aquel año, el Diari Oficial de la Generalitat publicó un decreto por el que sustituía la propiedad individual por la colectiva en las empresas con más de cien trabajadores, y establecía la obligatoriedad de crear comités obreros de control en las empresas privadas cuya dirección estuviera a cargo del propietario. Las razones de estas medidas se atribuían al «trastorno extraordinario para la economía del país» originado por el alzamiento del 18 de julio y a la necesidad de reconstruir «los estragos causados a la industria y al comercio» así como a la «profunda transformación económica y social, como la acumulación de riquezas en manos de un grupo de personas cada vez más restringido, seguido de la acumulación de miseria en la clase trabajadora».
El gobierno catalán confiscó las delegaciones provinciales de Hacienda y sedes del Banco de España, convertido en la tesorería de la Generalitat para mantener su liquidez mediante el redescuento e intentar neutralizar el efecto de las deudas impagadas en los lugares controlados por los insurrectos. Había que hacer frente a los gastos extraordinarios de la guerra teniendo en cuenta que Cataluña no contaba con industrias de armamento.
El presupuesto de la Generalitat aprobado en junio de 1936 era de 306, 6 millones de pesetas (el de 2006 asciende a 29.689 millones de euros, equivalentes a cinco billones de las antiguas pesetas), pero el rendimiento de los impuestos que debía recaudar el Govern se redujo a 126 millones hasta julio de 1937, y el diferencial con los gastos, que se dispararon a 390 millones, provocó un déficit de 263, 3 millones mientras que los pagos extraordinarios de guerra llegaban a 1.402, 3 millones. El gobierno de la República se comprometió a compensar al de la Generalitat y pagó 1.238 millones hasta mayo de 1938, momento en que se suspendieron las transferencias.
El presidente Companys intentó formar un gobierno fuerte tras la intentona golpista y designó conseller en cap al ex presidente del Parlament Joan Casanovas, quien pretendió incorporar a tres consejeros del PSUC y al presidente de la Unió de Rabassaires, Josep Calvet, a Agricultura. Pero la formación de este gobierno fue vetada por los anarquistas de CNT-FAI y el POUM. El 26 de septiembre se formó un gobierno de unidad con Tarradellas como primer consejero y compuesto por tres consejeros de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), tres de CNT-FAI, dos del PSUC, uno del POUM (Andreu Nin, en Justicia), uno de la Unió de Rabassaires y uno de Acció Catalana. Paralelamente, cuatro anarcosindicalistas, tres de ellos catalanes, entraban a formar parte del gobierno de la República: Frederica Montsent (la primera mujer ministra en la historia de España), Joan García Oliver i Joan Peiró, que vivieron el traslado del Gobierno a Valencia pocos días después.
La represión iba en aumento, los parlamentarios de la Lliga fueron destituidos y varios centenares de sus simpatizantes fueron asesinados.Cambó y otros dirigentes se pusieron a las órdenes del gobierno de Burgos. Las iglesias que se habían salvado de la quema permanecían cerradas. Companys y ERC consideraban que la autonomía ampliada equivalía a una federalización de España, que los catalanistas no habían logrado ni en 1931 ni en 1934. Así, en diciembre de 1936 el gobierno Tarradellas entró en crisis debido a la imposición del PSUC (reforzado por la UGT) de que saliera el POUM del Govern.Andreu Nin dejó el departamento de Justicia y el segundo gobierno Tarradellas se convirtió en un tripartito formado por Esquerra, CNT-FAI y el PSUC. Meses después, llegó un tercer gobierno con paridad de consejeros del PSUC y ERC.
Según Abad de Santillan, un anarquista que fue consejero de la Generalitat, el ejército de Cataluña sólo existía sobre el papel.La movilización y la militarización de las milicias populares para ir al frente topaban con una serie de resistencias. Las luchas entre anarquistas que pretendían imponer la colectivización de las tierras y los payeses eran cada vez más sangrientas. Hasta que en octubre de 1937 el gobierno de la República se trasladó a Barcelona, y se aceleró el retroceso de los poderes efectivos de la Generalitat.
Han transcurrido 70 años y la Cataluña de hoy es muy diferente a la del 36, aunque la realidad política es ciertamente compleja.Y, pese a que la vida debe ser vivida mirando hacia delante, sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás.
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