La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

5 Noviembre 2006

Se hace camino al andar..., de Roberto Elosua en La Vanguardia

LA CLAVE

Mucho hemos avanzado en los últimos años en el control mediante medicamentos de algunos factores que aumentan el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular, como son los fármacos para el control de la tensión arterial, del colesterol y del azúcar en la sangre. Sin embargo, hemos olvidado que estos factores de riesgo generalmente son consecuencia de la interrelación que se establece entre nuestros genes y nuestra forma de vivir.

Nada podemos hacer en este momento para modificar la información genética que tienen nuestras células, que hemos heredado de nuestros padres y antepasados, y que determina el color de nuestros ojos y nuestra piel, y que también influye sobre el riesgo que tenemos de presentar algunas enfermedades.

La mayoría de nuestros antepasados han vivido en un entorno caracterizado sobre todo por la escasez de alimentos, la práctica habitual de esfuerzos físicos importantes y la ausencia de tóxicos en el ambiente (tabaco, contaminación...). Los genes que hemos heredado están preparados y adaptados a esa forma y estilo de vida. Pero hoy el escenario en los países industrializados ha cambiado drásticamente: de la escasez a la abundancia de alimentos, del esfuerzo físico diario a la silla de la oficina y el sofá, de la naturaleza a la contaminación ambiental y al consumo de sustancias tóxicas como los cigarrillos.

Los gobiernos e instituciones públicas tienen mucho que hacer para mejorar este panorama, pero cada uno de nosotros a nivel individual también tiene una parte de responsabilidad. ¡Podemos decidir cómo queremos vivir y uno de los elementos más importantes de esa forma de vivir es la práctica de actividad física!

Lamentablemente cambiar el estilo de vida de las personas es bastante más difícil que recetar una pastilla para reducir el colesterol y muchas veces los profesionales de la salud (médicos y enfermeras) carecen del tiempo necesario para proponer cambios en la práctica de actividad física, y nosotros somos perezosos para adoptar una vida más activa. El mensaje más importante es que nuestro cuerpo es tan agradecido y tan listo que realmente se conforma con poco. Evidentemente cuanta más actividad mejor, pero la mayor proporción del beneficio se obtiene al pasar de no hacer nada a hacer un poco.

¿Cuánto es ese poco? Sencillamente, caminar unos treinta minutos al día. Ánimo, como decía Antonio Machado, "... se hace camino al andar. Golpe a golpe, verso a verso". Pues caminemos, paso a paso, latido a latido, nuestro corazón y nuestra salud nos lo agradecerán.

ROBERTO ELOSUA, Institut Municipal d´Investigació Mèdica.

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