TESTIGO IMPERTINENTE
Sólo los recién nacidos resisten el desnudo, y Albert Rivera es un recién nacido que aterriza en la política limpio como un ángel
Desde que me alcanza la razón (suponiendo que me alcance) la denominación de origen catalana ha sido un valor añadido. Unas veces para mal y otras para bien. En el caso que me ocupa, para bien. Así me lo hicieron saber y así lo aprendí. Como quien no quiere la cosa, fui anidando la idea de que los catalanes estábamos hechos de una pasta especial. Era el hecho diferencial visto desde el otro lado de la barricada. Esto es: el hecho «uniformal». Mientras en Madrid o Sevilla percibían la diferencia, nosotros, los catalanes, sentíamos la igualdad.
Hay un guiño cotidiano que refleja muy bien la expresión de ese instinto. Imaginen la escena. Aparece alguien en la tele (un político, un artista, un científico, quien sea) y a tu lado, una voz de la tribu informa a modo de guiño: «éste es catalán» (es de los nuestros). Tú te apropias el guiño y cuando otro día vuelve a salir el personaje, te apresuras a identificarlo: «es catalán». A fuerza de correr la voz, la tribu ata lazos. La consigna ha funcionado siempre. La tierra corre por las venas, como la sangre.
Una vez le oí decir a una catalana inteligente que ella podría reconocer a otro catalán (sin necesidad de hablar) en el último confín de la Tierra. Pues yo también, pero como no soy inteligente ni sensata, me asusta mi seguridad y espero resolverla con la ayuda de un antropólogo.
La larga travesía del instinto a la razón no ha sido fácil. En ese tiempo he asistido a manifestaciones de enajenamiento que me han causado gran rubor. Nuestra obsesión por establecer lazos, nos ha llevado a creer que eran catalanes los grandes hombres de la Historia, de Colón a AlejandroMagno y de JaimeI a Cervantes.
Esa es la última: Cervantes. Hace poco recibí un artículo, publicado por el escritor MariusSerra en LaVanguardia, donde sugería que El Quijote es catalán. Para no plagiar, haré un trabajito de contextualización. El nacionalismo español ha cuidado con esmero el símbolo cervantino, pero El Quijote está lleno de catalanadas. Así, se comen «lantejas», se beben «escu- dillas» de agua bendita, se «plega», se duerme «bien mal», se «van a la buen hora», se da la «bienllegada», un estandarte «tremola» y una vela «va de alto baja». Son curiosidades. Parecidas a otras que utilizan escritores de otras tierras para sostener que El Quijote era zamorano o costasoleño.
Desde hace tiempo me asomo regularmente a la web de ArcadiEspada y asisto a los debates que protagoniza el personal del nick-journal. Hay muchos lugares de encuentro en la Red donde se comentan los temas de la actualidad española, pero la mayoría de ellos son escupideros de soflamas abruptas. El anonimato excita mucho a la gente. Todos los que no se atreven a dar la cara en la vida (o en los medios donde trabajan), dan el anonimato en la Red y se hacen pajas insultando. Hasta para insultar hace falta talento. La web de Arcadi Espada mantiene el listón alto, con estilo e ironía. Entre la plantación de nicks hay políticos, profesores, periodistas. Es un jardín florido.
En el rincón de Arcadi (aquello parece un pub) asistí a la creación de Ciutadans de Catalunya. Con escepticismo, debo decirlo. Y más tarde -también debo decirlo- con un punto de mosqueo. Ahora sé que me traicionaron dos cosas. Mi propio instinto de catalana, ese que me hace reconocer a los míos en cualquier parte del mundo, y la estúpida necesidad de ubicarlo todo en el mapa político convencional. Izquierda, derecha, centro. A día de hoy, todavía no se si Ciutadans es más de derechas que de centro, más de centro que de izquierdas, o más de nada que de todo.
El bombazo de Ciutadans llegó cuando AlbertRivera (27 años, angelito) salió encaramado en los carteles electorales con todo su simbolismo a cuestas. Es decir, en pelota picada. Los políticos de los partidos mayoritarios no pueden hacerlo porque les pesan los refajos, los cinturones de castidad y las vergüenzas de sus partidos. Sólo los recién nacidos resisten el desnudo, y Albert Rivera es un recién nacido que aterriza en la política limpio como un ángel. La gente, que no es tonta, así lo ha percibido.
© Mundinteractivos, S.A.

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