En los inicios de la transición surgieron numerosas siglas con aspiraciones de constituirse en partido político, que fueron calificadas de "sopa de letras". A un personaje del franquismo se le ocurrió una frase que quería ser ocurrente: "Teniendo uno, son ganas de complicarse la vida".
Ahora hay una sopa de letras a la catalana con seis formaciones con representación parlamentaria: CiU, PSC, ERC, PP, ICV y C-PC. Hablando de partidos serían una enormidad: en CiU son dos, e ICV es una amalgama de pequeñas formaciones. La España del bipartidismo dice ahora: "Si con dos partidos basta, son ganas de poner difícil la política".
De derecha a izquierda y del independentismo al españolismo, estaban todas las ideologías, Ahora aparece la sexta, Ciutadans, que quiere ser un revulsivo para los desengañados de las demás formaciones. Hubo un tiempo en el que los chicos a quienes había dejado la novia se iban a la Legión. A los exmilitantes que se sienten abandonados por el partido en el que creyeron les llama Ciutadans. El banderín de enganche está abierto. "¡Alístate!", dice la consigna del ciudadano Rivera.
El pluripartidismo es una de las complicaciones que hacen difícil entender a los catalanes en el resto del país. Igual que los pactos, de los que ahora los hay como proyectos para todos los gustos: sociovergencia, tripartit-2, CiU-ERC... Se ha escrito mucho, y bien, sobre el pactismo catalán. Se le ha considerado un mérito. Maestros del regateo en el comercio, tenemos habilidad y paciencia para llegar a acuerdos en una negociación política. Que me perdonen los que creen aún que el pactismo es un don del que fuimos dotados por la madre naturaleza. Hoy estoy revisionista y diré que surge como una necesidad.

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