Ovidio Sánchez destaca el carácter xenófobo del documento que aplauden Areces y el Obispo Auxiliar en La Nueva España de hoy: ¡y las licencias de televisión sin adjudicarse!, del Editorial en El Comentario
Tal y como anunciábamos ayer, la Iglesia de Asturias tenía perfectamente preparada la escenografía para las "reacciones" -así se llama esta técnica periodística de explotación del éxito- que La Nueva España prepara cada vez que una institución, en este caso la Iglesia, le concede una información de alta política en exclusiva. Las actuaciones de unos y de otros responden a un ritual, y ese ritual tan sólo se rompió ayer con algunos detalles que revelan momentos de nerviosismo, por parte de unos y de otros, en la gestión de una operación de la que hay antecedentes de los que iremos hablando, pues los protagonismos son prácticamente los mismos. Como si de bailar un vals se tratase. Titulábamos ayer nuestro Editorial: La Iglesia asturiana agita el debate sobre el Estatuto, como siempre: con un papel que salió del Arzobispado por la chimenea y acabó en la redacción de La Nueva España.
El papel que salió de la chimenea del Arzobispado y acabó en la redacción de La Nueva España, tuvo además muy poco tiempo para realizar su vuelo de mesa a mesa, pasando por tantos sitios, pues si la información que se publicó el viernes día 3, se redactó el jueves día 2 -como es sabido los periódicos tienen esa servidumbre, elaboran sus noticias el día antes- apenas sí tuvo tiempo de componerse en los ordenadores y de tirarse en las impresoras del Departamento de Sociología, Estadística e Informática del Arzobispado, que dirige uno de los firmantes, José Ramón Álvarez Álvarez, ya que el documento de marras, "Materiales de Reflexión en torno a el Estatuto de Autonomía de Asturias", lleva estampada en su cabecera la fecha del 31 de octubre, con lo que tal parece, diga lo que diga la autoridad ecesiástica asturiana, que ha sido encargado directamente para su publicación en el primer diario asturiano, nada más imprimirse la primera copia.
La secuencia del viernes 3, día de su publicación resultó de lo más interesante, pues La Nueva España colgó, en su edición digital, el original de estos "Materiales", en un documento .pdf, hacia las 14:00 horas, en este enlace (que en el momento en el que se escribe este editorial sigue aún descargando; veremos lo que dura), con un texto de N. M. del Campo, que horas después, y coincidiendo con la aparición de la nota de prensa que emitió ayer el Arzobispado, fue descolgado y desapareció así de esa edición digital el documento que durante unas horas pudo ser consultado por todos los asturianos (si LNE lo descuelga definitivamente, lo colgamos nosotros). En ese tiempo pudimos percatarnos, entre otras cosas, del escaso lapso temporal del que dispuso el papelito de marras, para ir del Departamento de Sociología, Estadística e Informática del Arzobispado a un periódico, teniendo en cuenta que ese Departamento depende directamente de la jerarquía del Arzobispo don Carlos Osoro, que parece haber sufrido en este caso una auténtica burla por parte de dos subordinados que no sólo tienen la misma dependencia jerárquica como toda la Iglesia asturiana, sino que en este caso su papel, como hombres del Arzobispo para entendernos, es el de los miembros de un gabinete de la máxima autoridad, dentro de la estructura eclesiástica del Principado.
De hecho, en la página Web www.iglesiadeasturias.org, página oficial de la Iglesia asturiana, nos encontramos perfectamene explicada la configuración compleja e interesantísima de una institución que está regida por una estructura peculiar, propia, diferente, muy en consonancia con su divina misión, en la que se superponen, en un orden lógico, y a la vez difícil de entender para el profano -nunca mejor dicho-, los aspectos territoriales, pastorales y doctrinales, junto con las estructuras funcionales. En la sección que esta página dedica a la divulgación jerarquizada de las autoridades eclesiásticas, se ve con claridad que el Departamento de Sociología, Estadística e Informática, en el que desempeña sus funciones el Reverendo Señor D. José Ramón Álvarez Álvarez -que encabeza el documento-, aparece en la sección de esta página titulada "Organismos Dependientes del Sr. Arzobispo", a diferencia de la Curia Diocesana, el Colegio de Consultores, el Colegio de Arciprestes o el Consejo del Presbiterio, órganos de dictámen, consulta y autoridad, que tienen una cierta horizontalidad, si comparamos su ubicación con la del departamento del sr. Álvarez, que a la vista está que forma parte del Gabinete del Arzobispo (lo decimos así, para entendernos).
Por eso decimos que se trata de una auténtica burla hacia don Carlos, pues no resulta excesivamente serio que del gabinete del Arzobispo salga un documento, y que todavía calentito -pues insistimos, está fechado el día 31-, y por lo tanto, sin tiempo prácticamente para enseñárselo a nadie antes de que llegue a la mesa de los redactores de La Nueva España -que también tienen su jerarquía compleja y profunda- tras pasar por los consabidos filtros cupulares de este medio de comunicación, en el que como en el Arzobispado, la jerarquía no se entera de nada pero lo sabe todo Y si no, cómo podrían explicarse las declaraciones que dejó ayer realizadas por la tarde la Iglesia en el comunicado oficial del que se hace hoy eco este periódico,en el que el Arzobispo ponía la vela a Dios: El arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, advirtió de que el texto es de «exclusiva responsabilidad de los autores que lo firman» y añadió que «no refleja la postura oficial del Arzobispado sobre la reforma del Estatuto». Como documento elaborado por los dos sociólogos diocesanos «no vincula el magisterio episcopal ni necesita de la adhesión de los católicos de Asturias en una materia tan opinable». Osoro realizó su valoración a través de un comunicado oficial del Arzobispado.
La Iglesia asturiana tiene una bicefalia relativa, como la de la Guardia Civil -que tiene mucho que ver con la bicefalia urbana Oviedo-Gijón-, y al igual que hay una Comandancia de Oviedo y otra de Gijón, en la Iglesia Asturiana hay un Arzobispo y un Obispo Auxiliar, al que en tono familar, dentro de la estructura eclesial, se conoce como "el Obispo de Gijón", cargo que ocupa don Raúl Berzosa, que dentro del mecanismo de relojería que es el juego de esta filtración, en la que todo está perfectamente medido, calculado, estudiado, aparece ya en La Nueva España de hoy, poniendo la vela al Diablo, con una cerrada defensa de los subordinados arzobispales, que deja muy claro lo que ya estaba clarísimo por el mecanismo filtrador y por el tiempo record en el que se dearrolló la operación. Veánlo en el propio periódico: El obispo auxiliar, Raúl Berzosa, ofreció un análisis mas extenso y de viva voz. Calificó las reflexiones que se recogen en el texto como «un material personal, pero muy valioso». Berzosa restó importancia a los contenidos polémicos y aseguró -antes de inaugurar unas jornadas de debate sobre los católicos y la vida pública en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo- que los dos sociólogos diocesanos «evalúan con gran equilibrio las distintas posiciones y posibilidades y, desde ahí, recuerdan lo que es la doctrina social de la Iglesia, pero nada más».
Ayer alguien sugería en esta página una maliciosa maliciosidad, propia de un malpensado, y así -como "Malpensado"- firmaba su mensaje en Escandalera, uno de nuestros anónimos comunicantes, que sugería que este impagable favor que le hace la Iglesia al Gobierno de Vicente Álvarez Areces, al impulsar un debate que el PP tiene paralizado -en nuestra opinión contra toda lógica-, llega en un momento muy oportuno, en el que la Iglesia, como la propia La Nueva España, El Comercio y otras importantes instituciones de esta comunidad autónoma, están pendientes de que el presidente Vicente tenga a bien dejar de ser, en su manera de gestionar el poder, la pintoresca caricatura de un tirano bananero y deje de jugar con las licencias de la Televisión Digital Terrestre, que ya tenían que haberse adjudicado el 31 de diciembre del pasado año, pues ésa es la fecha límite establecida por la Ley, y sin embargo este caballero se permite el lujo de avanzar hacia las próximas elecciones autonómicas, con esta herramienta para tener trincadas tan importantes instituciones. Ésa es la diferencia que va de la tiranía a la democracia. El respeto por el papel de cada uno. La Ley de Impulso de la Televisión Digital Terrestre prevé la posibilidad técnica de que haya licencias para todos, y sin embargo Areces las convierte en un bien escaso que administra de manera arbitraria, tiránica y despótica, violando los plazos legales de manera siniestra y perversa.
Vistas así las cosas, se explica el titular de La Nueva España de hoy que empieza con un elocuente y expresivo enunciado: "Areces aplaude el documento por su defensa del autogobierno". Areces aplaude el documento de la Iglesia, a pesar de que es un documento nacionalista de la cabeza a los pies, que claramente se decanta -con todo tipo de refinados subterfugios con los que se evita el pronunciamiento claro- a favor de una acción política nacionalista que propugna una Asturias nación, con lengua oficial, en el marco de un estado confederal, dentro de una idea de España en la que se defiende el derecho a la llamada autodeterminación, propio de los regímenes coloniales africanos previos a las guerras mundiales del pasado siglo. Y Areces toma esta posición, en contra de las ideas defendidas por su partido, única y exclusivamente porque está en el juego de utilizar a la Iglesia para presionar al PP para que abandone su actitud obstruccionista con el Estatuto, lo que le priva de muchos titulares de aquí a las elecciones.
Ovidio Sánchez, que el viernes por la mañana anduvo listo para llamar al Arzobispo, para manifestarle su indignación por esta jugada, tuvo la inteligencia y los reflejos de colocar un párrafo brillante, en sus declaraciones a La Nueva España, en el que retrató muy convenientemente una de las mayores y más anticristianas -¿es o no es la xenofobia un arma del Anticristo?- implicaciones que tiene todo posicionamiento nacionalista, ya sea su apóstol Adolfo Hitler, Sabino Arana, José Manuel Parrilla o Francisco Javier García Valledor, como es su consustancial actitud racista y xenófoba, presente, como no podía ser menos, en este incalificable documento, que merece sin duda -diga lo que diga el "Obispo de Gijón"-, un correctivo importante, como el que lanzó ayer Sánchez, y del que hoy se hace eco La Nueva España: Sólo cargó (Sánchez) con fuerza contra el apartado en el que los autores afirman que el asunto lingüístico ha sido «continuamente aparcado por los dos partidos mayoritarios y dejado al socaire de presuntos intelectuales venidos de Dios sabe dónde». Sánchez calificó la expresión como «especialmente grave y poco ecuménica» y la interpretó como «un pecado, un atentado a la caridad y un arrebato de xenofobia cultural que estigmatiza a los pensadores que vienen de fuera. Yo tampoco sé de dónde vienen ellos -por los autores-, y los respeto». Ese «desprecio a extranjeros» que ve en esa frase lo contrapone el presidente popular a la importancia de los apóstoles en la Iglesia: «Si despreciamos a los de fuera, ¿quién hubiese escuchado entonces a San pablo y los apóstoles?».
Como todo el mundo sabe, uno de los mayores opositores al proyecto nacionalista asturiano, Gustavo Bueno, no es asturiano de nación. Tampoco lo era el lingüista Emilio Alarcos, fallecido no ha mucho. Ambos sufrieron múltiples amenazas y vieron sus rostros en carteles que los retrataban dentro de una diana, por su oposición al nacionalismo excluyente. Es obvio que este párrafo racista y xenófobo de estos miembros del gabinete del Arzobispo, va directamente encaminado a la figura de Gustavo Bueno, puesto que Alarcos ya no está entre nosotros.
Los inescrutables caminos del Señor, han llevado al Obispo Auxiliar a ponderar como muy valioso, un texto en el que pone de relieve, de manera sutil pero muy eficaz, la intención de crear en Asturias fronteras étnicas y culturales que fomenten el enfrentamiento entre españoles. El señor Obispo Auxiliar sabrá lo que hace, apoyando ese documento que alega razones que la razón no conoce...
