Las negociaciones no han comenzado de forma estricta, pero sí se ha abordado algo tal vez más importante: “los intangibles”, en palabras de un dirigente del PSC. Los socialistas catalanes quieren explorar con sus socios en la legislatura saliente, Esquerra Republicana e ICV, si están dispuestos realmente a reiniciar el camino, con el compromiso necesario para no repetir errores.
Fuentes de los dos partidos aseguran que sí, que la voluntad es reeditar el tripartito, cediendo en lo que sea necesario, llegando a los acuerdos que se consideren imprescindibles. La voluntad política, por tanto, es rotunda y el objetivo es traducirla en un acuerdo cerrado en menos de una semana.
A lo largo del día de ayer, se produjeron diferentes contactos entre todos los dirigentes. Carod-Rovira con Pasqual Maragall y con Joan Saura. Montilla con Carod y después con Artur Mas, durante apenas una hora. El primer secretario del PSC comunicó a Mas su intención de reeditar el tripartito, aunque buscando un Gobierno más fuerte y sólido.
Montilla escuchó a Mas, que pretende una coalición con los socialistas, como insistió ayer Duran Lleida, asegurando que el PSC se equivocará si reedita el tripartito. Montilla rechazó la “sociovergencia”, asegurando que prefería ante esa alternativa la oposición.
La prioridad absoluta del PSC es el tripartito y así se lo ha hecho saber al PSOE, que, pese a las declaraciones públicas, rechaza por completo la operación. El PSC tiene claro, según uno de sus más altos dirigentes, que se juega “la identidad del propio partido” para los próximos años, y que el PSOE “debe asumirlo”.
Una de las cuestiones en juego, y no menor, que analizan todos los actores del tripartito, es el papel que deberá tener el líder de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira. El propio partido republicano estudia esa situación, desde la premisa de Montilla de que, quizá, el próximo Gobierno catalán no deberá contar con un conseller primer.
Se trata de un problema importante, porque el PSC busca una posición más relevante que en la anterior legislatura, cuando, precisamente, ha quedado debilitado. Pero los socialistas argumentan que también Esquerra ha perdido apoyo electoral y en una proporción similar a la del PSC. Surge en escena, por tanto, el secretario general de ERC, Joan Puigcercós, que dejó el Congreso para volcarse en la política catalana como número dos en la lista al Parlamento catalán.
O bien es Puigcercós quien podría ocupar ese cargo principal de conseller primer, o bien se responsabilizaría de un Departamento, o bien es Carod quien accede a ser sólo conseller o se queda fuera del Gobierno y se centra en su actividad como jefe de su partido u opta a un cargo institucional. Montilla también quiere que ERC no condicione el pacto con exigencias sobre política lingüística o sobre trabas en proyectos de infraestructuras.

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