LA POLÉMICA NACIONAL. TRAS LAS ELECCIONES, LAS NEGOCIACIONES.
Las posibles combinaciones para la futura Generalitat alimentan las disquisiciones de la prensa, que a trancas y barrancas se va a haciendo a la idea de que Ciutadans existe.
¿Están los socialistas catalanes, meramente, «todavía en un discreto pulso con el PSOE» en torno a los pactos de gobierno tras las elecciones, como escribe Francesc Valls en El País? ¿O, más que un pulso, no será aquello ante lo que estamos un cisma de proporciones no desdeñables si Madrid obliga al PSC a pactar con los nacionalistas de CiU, o si el PSC desoye a Madrid y vuelve a promover un tripartito? Esto último es lo que daba a entender ayer el editorial de EL MUNDO: «Es evidente que la estrategia de los socialistas catalanes es poner en evidencia ante todos que si se produce la opción sociovergente sólo será por decisión directa de Zapatero. Es algo que ayer ya intuyeron Carod y Saura, quienes advirtieron al unísono sobre la posibilidad de que 'desde Madrid' estén llegando órdenes de impulsar el pacto de los socialistas con CiU».
En cambio, ABC, que también opinaba ayer editorialmente sobre la primera jornada poselectoral, cree en otro escenario político, aún más ominoso: «Hoy el nacionalismo catalán se encuentra con Cataluña servida en bandeja por Zapatero, para que, si CiU y ERC se ponen de acuerdo, gestionen conforme a sus intereses un Estatuto soberanista y confederal, que, además, está blindado por los cuatro costados frente al Estado». Luego, en plan tremendista, el periódico de Vocento va al meollo de su razonamiento (titula el comentario Objetivo, desestabilizar al PP) y nos descubre el Orinoco: que los taimados medios (lean: EL MUNDO y la Cope) que han apoyado la candidatura de Ciutadans lo han hecho para «quebrar al Partido Popular, desestabilizar a Rajoy y forzar una estrategia de radicalización de la derecha, garantías absolutas de una nueva victoria socialista». EL MUNDO dirige la campaña electoral de Zapatero, vamos.
Enfrente no hay semejantes empanadas mentales, pero sí dudas. Así, El Periódico celebraba el jueves la vía libre a un nuevo tripartito, pero ayer, pasada la resaca, advertía de que «un problema grave para que haya un nuevo tripartito es la bajada de votos y escaños registrada por el PSC», explicando: «Montilla no logró movilizar el voto de la periferia barcelonesa -lo que tira por tierra el mito de un cinturón rojo que iría a votar cuando el candidato fuera uno de los suyos- y sus resultados quedaron demasiado por debajo de los de CiU como para poder aspirar a gobernar sin que se levanten reticencias».
De todo este maremágnum resalta la incomodidad -ya patente en el editorial de ABC- ante la irrupción parlamentaria de Ciutadans, partido ninguneado a conciencia por casi todos y cuya existencia y futuro papel, aunque a regañadientes, ahora hay que reconocer. Sí estarán incómodos que El País no logra escribir correctamente, en su portada, el apellido de su dirigente: Albert 'Ribera'. Y desde El Periódico les llega un piropo indirecto: Hereu, preocupado por el serio castigo al PSC en Barcelona, se titula una información sobre las reacciones del alcalde y del PSC. Ciutadans logró un 4,5% del voto capitalino, y con el 5% en las municipales entraría en el Ayuntamiento. «'Y nos lo sacarían a nosotros del mismo modo que nos quitaron dos de los tres diputados que obtuvieron el miércoles', reconoció un dirigente del PSC barcelonés», informa el desolado rotativo.
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