Los alemanes que se van, de Marc Bassets en La Vanguardia
PERSPECTIVA INTERNACIONAL
El número de ciudadanos que se marchan de Alemania en busca de trabajo alcanza niveles récord
Dos másters, dos lenguas extranjeras (inglés y mandarín) y experiencia laboral fueron insuficientes para conseguir un empleo adecuado en mi patria. Por eso después de estudiar un máster en administración de empresas me quedé en Taipei".
"Llevo dos años trabajando de médico en Holanda. No lamento haber dado este paso. Aquí tengo mejores condiciones y más capacidad de iniciativa. En Alemania los ciudadanos tienen miedo de los cambios y de poner en peligro lo que tienen, y los políticos tienen miedo del miedo de los ciudadanos".
"¡Alemania ya no vale la pena! Y en el futuro no cambiará nada, sino que será peor".
Cada vez más alemanes deciden abandonar su país. Estos tres ejemplos anónimos - extraídos de un foro internáutico organizado por la revista económica Manager Magazin-no son excepciones. En 2005, 144.800 alemanes se marcharon al extranjero. Nunca desde 1954, cuando Alemania empezaba a salir de la posguerra, la emigración autóctona había sido tan alta.
Los datos, que la Oficina Federal de Estadísticas hizo públicos en verano, han hecho sonar la alarma. ¿Y si Alemania, justo cuando empieza a superar un bache económico que ha durado diez años, ya no fuese atractiva ni para los propios alemanes? ¿Y si los mejores mentes del país estuviesen desertando? ¿Y si la primera potencia industrial de Europa, un país acostumbrado a recibir inmigrantes en las últimas décadas, se convirtiera un país de emigrantes, como ya lo fue en el siglo XIX y a principios del XX?
El pequeño Partido Liberal, en la oposición, ha llevado al Bundestag el debate sobre por qué tantos alemanes con altas calificaciones académicas abandonan el país. "Más de la mitad de los alemanes que dan la espalda a su patria tienen menos de 35 años, entre ellos muchas cabezas cualificadas y motivadas", ha dicho con tono de alarma Ludwig Georg Braun, presidente de la Asociación de Cámaras de Comercio e Industriales.
Los destinos predilectos son la vecinas Suiza y Austria - donde el paro es mínimo- y Estados Unidos. "El típico emigrante tiene entre 25 y 45 años, ha disfrutado de una buena educación y ya ha hecho carrera", señalaba en su último número el influyente semanario Der Spiegel.
Este perfil ha llevado a los más catastrofistas - y en este país son bastantes- a comparar la Alemania actual con la República Democrática Alemana, que en 1961 construyó el Muro de Berlín para frenar la fuga de los súbditos mejor formados.
¿Catastrofismo? Uwe Lohe, responsable del departamento de migraciones en la Oficina Federal de Estadísticas de Wiesbaden, llama a la prudencia.
"No conocemos los motivos por los que estos alemanes abandonan el país. Sólo podemos especular", explica Lohe desde Wiesbaden. "El hecho de ahora se marchen más alemanes que nunca puede ser que se explique sencillamente por la globalización. Hay más empresas en el extranjero".
En realidad, estos alemanes que emigran no son todos estrictamente emigrantes. Muchos se marchan unos años con la intención de regresar, advierte Uwe Lohe. El número de alemanes que vuelve a Alemania sigue siendo alto: 128.100 en 2005. El hecho de que por primera vez esta cifra sea inferior a la de los que se van tiene una explicación, añade el experto. En los años noventa, decenas de miles de alemanes étnicos procedentes del este de Europa y la extinta Unión Soviética recibieron la nacionalidad alemana y llegaron con el pasaporte alemán. Por eso la cifra de los alemanes que llegaban era superior a las de los que se marchaban.
"Los datos actuales se explican, de un lado, por la difícil crisis económica, es decir, por la crisis estructural y el desempleo que ésta acarreó - opina Simone Eick, directora científica del Centro de las Migraciones de Bremerhaven, el puerto de donde en el siglo XIX partían gran parte de los emigrantes europeos a Estados Unidos-. De otro lado, funciona la llamada migración en cadena. Las noticias de éxito procedentes de emigrantes llevan a personas que están en Alemania a emigrar".
Eick señala que la última ola de inmigración, en los últimos años, supera cualquier antecedente histórico. "Habrá que ver - añade- si la ola migratoria actual ha alcanzado ya su punto cumbre".
"Los datos de la Oficina Federal de Estadísticas son sólo la punta de iceberg - ha declarado en una entrevista a la agencia alemana de noticias Dpa Gabriele Mertens, responsable de Raphaels-Werk, una asociación católica que asesora a emigrantes alemanes-. El número de emigrantes es mucho mayor, porque muchos, por diversas razones, siguen manteniendo su dirección postal en Alemania".
Algunos han llegado incluso a hablar de una "hemorragia" que puede tener consecuencias económicas - quizá ya las está teniendo- para Alemania. Para la diputada de Partido Liberal Sibylle Laurischk, el motivo de alarma es doble. "Mientras que cada vez hay más alemanes altamente cualificados que se marchan - alertó recientemente-, Alemania no consigue atraer a fuerza laboral extranjera altamente cualificada".
