Artur Mas puede irse de vacaciones. Hace tres años se fue y no debía.

Ahora no se va pero podría. No siempre acierta. Para mejorar necesita no tanto unos días para el descanso, como una seria reflexión sobre el futuro político de CiU, su estilo, la reubicación del nacionalismo mayoritario en el panorama político catalán y español. Desde luego, al poder no llegarán mediante el sistema de llamar la atención mareando la perdiz, sin proponer nada sustancial e importando dosis de agresividad impropias de nuestro tradicional fair play.José Montilla también debería irse a reflexionar - es quien acumula mayores motivos y deberes pendientes- pero no tiene tiempo.

¿Tan seguro es que habrá tripartito? Casi seguro. O tripartito o sociovergencia (lo que sí puede descartarse, en atención a los intereses de ERC, es el frente nacionalista). En vez de cubrirse mutuamente las graves carencias, los dos grandes deben cambiar: bastante el ganador, mucho los socialistas, so pena de irse adelgazando al ritmo que van perdiendo interlocución y liderazgo social. Sobre los demás, tanto Saura como el PP de Piqué (no el otro) están en el mejor de los mundos. En cuanto a Carod, como ya había cambiado justo antes del inicio de campaña, sólo es necesario que siga en las mismas y no dé marcha atrás.

Para que la sociovergencia fuera recomendable, era necesario que CiU sobrepasara los cincuenta diputados, a poder ser de largo, mientras Montilla se iba a pique. Lo cierto es que al PSC le ha faltado poco para zozobrar (todo se andará, si no da un fuerte viraje) y que CiU se ha quedado muy lejos de su objetivo. En ésas, el tan manido pronóstico sobre Zapatero como ganador de estos comicios, que llegué a creerme, se ha revelado incierto. Las urnas no han dado suficientes argumentos a la Moncloa y a Ferraz como para imponer la deseada sociovergencia. A Mas le conviene como salvavidas al náufrago, pero no a Montilla. Tampoco al PSOE, con una condición, que Esquerra prometa portarse bien, tan bien como se hubiera portado CiU, de aquí a las generales. ¿Lo hará? Apuesten a que sí.

La legislatura que se inicia girará en torno al binomio satelización-soberanismo. Podría ser de transición y preparación para un salto hacia delante. De ser cierta mi interpretación de lo ocurrido el miércoles, los próximos años vendrán marcados por la gran reserva de votos del catalanismo. Alrededor de trescientos cincuenta mil votos catalanistas votaron en el 2003, pero ahora no lo han hecho. Son muchos. Están dispuestos a volver. ¿Quién se los llevará? Desde luego, no quienes se alejen de la centralidad catalanista - el PSC de Montilla se ha alejado-. Desde luego, va por CiU, no quienes se refugien en el victimismo y la demagogia, no aclaren el alcance de su soberanismo, y encima se abstengan de proponer un programa consensuable para Catalunya y su autogobierno. Desde luego, ahora va por ERC, no quienes cometan o sigan cometiendo atzagaiades.Desde luego, va para todos, no quienes sigan ignorando desde la soberbia que deben ampliarse los márgenes de colaboración y entendimiento entre los partidos. Desde luego, no quienes impidan con divisiones una mayor unidad para defender en el Congreso lo que se propone en Catalunya. Desde luego, no quien se mezca en la incoherencia entre Barcelona y Madrid sobre lo que conviene a los intereses comunes de los catalanes.

Aunque no se cumplieran todas esas bases, puede augurarse que la nueva legislatura será bastante más tranquila que la anterior. Las urnas han prohibido hacer el tonto, han prohibido dar sustos, han prohibido ir a mordiscos. Instan también a hablar claro, sin ambigüedades (en eso, Piqué ha resultado ejemplar). Si los líderes cumplen, tendremos una legislatura de propuesta y reconciliación entre políticos y ciudadanía.

Si hay tripartito, los partidos van a presentar una lista de consellers que no resulte tan anodina e irrisoria como las anteriores. Si hay tripartito, tendrá bastante de bipartito: PSC e ICV se habrán convertido en una especie de coalición de facto; Carod ejercerá como vicepresidente libre, interlocutor entre el Govern y el conjunto del catalanismo, pues ahí tiene mucho papel, apropiado a sus características. Montilla irá aprendiendo lo que pueda de Saura y Carod, mientras se reservará la última y si puede la primera palabra sobre los hechos del Govern.

En las próximas generales, el voto antipepé movilizará una vez más al electorado socialista, pero eso no es garantía de que el PSC pueda seguir existiendo como administrador maniatado del gran banco de votos socialistas. Al contrario, ya pueden ir cambiando el chip los estrategas de Nicaragua que, pensando hacer la pelota a los capitanes, les han animado a impulsar la Catalunya social en detrimento del catalanismo desacomplejado, que debería erigirse en su nueva razón de ser. De lo contrario, estarán dando a ERC la cancha que anda buscando para convertirse en aglutinante del catalanismo desde la socialdemocracia.